A propósito de la falta de propuestas de los candidatos a la presidencia de la República y de la baja (casi ausente) participación ciudadana.
¡Qué bonito es lo bonito! Los candidatos llenándose la boca de propuestas vacías que pretenden convencer a la población de darles su voto. Se están jugando el todo por el todo y aun así, no hay contenido. Me recuerdan tanto a los estudiantes de preparatoria que, encontrándose en tercera oportunidad de examen extraordinario no estudian y por si fuera poco, se atreven a sacar un acordeón. Consecuencia lógica: la baja definitiva.
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Claro, es difícil presentar propuestas investigadas, fundadas, argumentadas e integrales. Imagínense ustedes escuchando a los candidatos hablar por dos minutos en un debate o tres minutos en un spot de televisión o radio acerca de una propuesta de esta índole, hablando de detalles técnicos, pros y contras, viabilidad, tiempos de concreción, etcétera. Segura estoy que a la mayoría de la gente no le importan estos temas. Lo que la mayoría quiere son promesas porque a nivel democracia y participación ciudadana nos encontramos en la etapa infantil, en la cual rige el proceso primario y el pensamiento mágico.
Y nada es casual. La población mexicana está atrapada entre un sistema económico consumista, un sistema social basado en la emoción con el modelo de felicidad inmediata como fin último, con facilidades económicas parciales proporcionadas por un gobierno paternalista (ahora conocido como populista) que se encarga de cubrir “necesidades básicas” como: pantallas digitales, un salario rosa, el programa PROSPERA, despensas con algunos productos de la canasta básica en cajas de cartón que promocionan, sí o sí, a algún partido político. Además ciertas facilidades para fomentar la migración hacia el vecino país del norte, otras para que los familiares reciban los ingresos producidos allá, empresas que se quedan con una rebanada del pastel y entre estas triangulaciones, empleados y servidores públicos que también les toca algo.
A esto sumamos que el sistema educativo cada día es más permisivo con las y los jóvenes, una cultura del mínimo esfuerzo o “modo avión” impera en las aulas, con estudiantes que, desde su “trinchera” ven que no vale el esfuerzo para obtener algo, lo que vale es el contacto, las relaciones, la capacidad económica, la apariencia física, u otros atributos que los desencantan del futuro y que prefieren evadir volviéndose cautivos de las pantallas, un mundo virtual que hace olvidar el real. Y los que no han sido cautivados por las pantallas, están siendo atrapados por las adicciones, ayudados claro está por los políticos que acuerdan con los grandes narcos, los servidores públicos que acuerdan con los pequeños distribuidores, la complicidad silenciosa de todo un sistema jurídico legal complejo e insuficiente, amén de un sistema policial ineficiente y las más de las veces, corrupto.
Tal parece que una frase que me dijeron hace más de treinta años y luego me repitieron hasta el cansancio en los 90’s se materializa día con día: “El gobierno nos quiere ignorantes y enajenados (función que cumplía la televisión abierta y ahora la ocupan las redes sociales y las drogas) para podernos manipular mejor, para que votemos por ellos aunque no cumplan, para que roben a gusto, nos echen la soga al cuello y nosotros seamos los que hacemos el nudo o quitamos el banco.”
Para muestra un botón: Hubo que organizar el segundo debate presidencial coordinando horarios con el fútbol nacional. Parece que ambos eventos están en la misma categoría: entretenimiento y además no compiten entre ellos, pues el fútbol ganaría.