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OPINIÓN

Elecciones en Puebla

La entraña de la estrategia electoral del morenovallismo: puede ser un riesgo de cálculo.

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Martes, Abril 10, 2018

El PRI, Morena y el PAN, las tres principales fuerzas políticas del estado, compiten bajo tres modalidades: el tricolor no va coaligado. Es muy evidente, desde el centro indicaron al Panal y al PVEM que no deberían  participar en alianza con los priístas poblanos. El tricolor resignado esperan venturoso, sin esforzarse, las plurinominales locales, federales, la fórmula de primera minoría en el senado y dos centenares de regidurías.

Morena por su parte concurre con el PT y el PES. Participar en alianza eleva su competitividad dada la polarización que existe en el escenario social. Capitalizan en bloque el hartazgo y, por ser elección concurrente y orientar todo el voto, local y federal hacia la opción presidencial, capitalizan la inquietud e inconformidad, reduciendo de tres a dos las preferencias electorales. La estrategia de Morena se orienta a captar el llamado voto útil, que provendría, en mayor medida de los votantes priístas desencantados porque sus candidatos estatales,  se decidieron para restar votos a los candidatos de Juntos Haremos Historia.

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Morena mantiene como prioridad la candidatura presidencial, de paso dio vida al candidato Luis Miguel Barbosa, convirtiéndose en actor destacado por el crecimiento en la intención del voto.

El comité estatal del PRI se mantiene en las expectativas de los plurinominales. Desde luego es restringirse a una ilusión. Si atendemos los resultados de la encuestadora Mas Data, publicados por el Diario Cambio en su edición del lunes 9 del presente mes, cuyas cifras arrojan 33.6 para el morenista, 30.5 para Marta Erika Alonso Hidalgo y 25.5 para el aspirante tricolor, considerando el margen de error de +- 3 que puntualiza el encuestador, la candidata  al Gobierno estatal estaría en empate técnico con Enrique Doger Guerrero.

El priista es un candidato fuerte con posibilidades reales para disputar el gobierno poblano. Bajar el perfil en atención a la contienda federal es un error. La campaña presidencia (atenuada) en realidad arrancó hace más de tres meses, a estas alturas hay fuertes indicios de escenarios locales distintos a los tiempos en que se materializó el gran acuerdo. La dosis de incertidumbre derivada del accidentado desempeño de los adversarios de López Obrador cambió en mucho la seguridad para cumplir pactos.

El PRI no debe dejar de lado que la agenda de Por Puebla al Frente, salomónicamente, se volvió totalmente local. Buscan su consolidación estatal. El diseño matriz -dejar que cada partido busque por su lado las presidencias municipales para que al final ese mismo voto, sume por su candidata a la gubernatura- deja abierta la puerta para que sus votantes lo hagan por alguna de las cuatro opciones presidenciales y no necesariamente por Anaya Cortés o Meade Kuribreña. En esa lógica, incluso ni siquiera por sus candidatos a diputados federales o senadores. Si sus casas encuestadores confirman la tendencia ascendente del candidato López Obrador, quedaría en entredicho cumplir compromisos originales. En esas condiciones la operación electoral se vuelve de alto riesgo, a no ser que llegue a dominar el espíritu Kamikaze.

Para los azules locales ante el panorama nacional incierto de su candidato, lo prioritario es confirmar su hegemonía estatal. Toda posibilidad de acuerdo con el segundo o tercer lugar carece de sentido. Tampoco este escenario, el peor, ha sido ajeno al panismo empoderado. El diseño contempla dicha perspectiva, incluso puede parecer hasta ingeniosa. Poner a competir a nivel de presidencias municipales  a sus mismos coaligados a nivel estatal, insisto, puede parecer hasta inteligente. Solo que entre otros problemas, presupone mecánicamente una sumatoria general hacia la candidata a la gubernatura.

Más allá de cierta ventaja económica, propagandística y política en relación a su principal adversario, y de tener la intención de ser una respuesta emergente ante el peor de los mundos posibles, la utilidad del modelo tiene supuestos equivocados.

El primero de ellos: la emergencia de muchos partidos en elecciones municipales acaba inexorablemente dividiendo la votación opositora, por lo tanto muchos candidatos a presidentes municipales atomizarían el segmento opositor municipal proclive a todos los candidatos locales de Morena y provocaría el triunfo de algún partido de Por Puebla Al Frente.  La premisa es falsa, el escenario estatal, como el nacional, se encuentran divididos. En Puebla hay dos grandes: continuistas y anti-continuistas. El PRI federal optó por enfrentar dicho escenario  y redujo la intención original de registrar a muchos candidatos a la presidencia de la República. Entendió que fragmentar el voto opositor con membretes partidarios o independientes es disfuncional y que en todo caso lo que se fragmenta es el voto anti López Obrador y no el voto  proclive al tabasqueño.

 El escenario poblano presenta dicha característica. Una parte significativa de los electores es contraria al continuismo, 68%, (siguiendo la misma fuente). Poner a competir a todos los continuistas fragmentará su potencial de voto. Las dinámicas municipales presentan lógicas particulares de acción política por ser el espacio de contacto inmediato del votante. Votar por un candidato municipal fuerte de alguna de las siglas que nominaron a Marta Erika Alonso Hidalgo no indica que dicho elector también la hará por su candidata. Puebla ha sido escenario de resultados diferenciados. Además, no hay ninguna garantía para que los débiles no establezcan puentes de entendimiento con el polo opositor para encarecer la victoria del adversario fuerte. Tal posibilidad resta capacidad sumatoria para la candidata a gobernadora.

El resentimiento político es enemigo del voto en cascada, como se ha visto en las nominaciones de todos los partidos políticos.

Por si ello no bastara, extender dicha estrategia a casi todos los municipios fue una desmesura. La mayor cantidad de votantes en el estado de Puebla, se concentra en las zonas urbanas. Si bien la línea de todo a favor de un partido puede ser viable  en municipios pequeños o rurales, por ser el compadrazgo y la parentela base de la política, en ciudades medias y grandes como Tehuacán, San Martín Texmelucan, Teziutlán, el votante opta por el voto diferenciado, prueba de ello es que en los cuatro municipios han ocurrido alternancias. Cuenta en contra, además, que Juntos Haremos Historia busca preponderantemente al votante urbano.

 En segundo lugar: la fórmula donde cada quien pelea encarnizadamente su municipio y todos apoyan para la gubernatura, supone la existencia de liderazgos fuertes que arrastraran todo el voto local hacia la principal nominación. Nada más fantasioso. Dicha fórmula dejó de lado incentivos de colaboración hacia abajo. No tiene gran cosa que ofrecer a sus votantes. Más bien el modelo presupone una hipotética condición de masa apócrifa que se deja guiar benevolente por sus pastores, quienes por un lado librarán un combate a muerte en municipios, pero en cada acto público, pondrán el acento: “nos peleamos aquí, pero votaremos por la misma candidata de mi adversario, que es mi candidata”. Como diría el clásico ¿Se podrá engañar a todos todo el tiempo?

Hay otro factor de análisis: dispersar la votación municipal abre las puertas para que el polo que atrae Morena consiga un buen número de municipios. Y ahí donde no gane, de todas maneras el caudal local incrementa la votación hacia López obrador. Es una mala ingeniería electoral; inútil cuando el escenario es altamente polarizado. Si la prioridad era impedir el realineamiento electoral hacia Morena y fortalecer la candidatura a la gubernatura, no fue lo mejor. Lo que han provocado es la visibilización de liderazgos emergentes débiles y su posible sumatoria… con los adversarios. Construyeron un arcoíris de opciones partidarias locales que no suma más de lo que ya tienen y por el contrario abre una puerta de debilidad para que los inconformes migren o se abstengan.

Rectificar forzando la declinación de los débiles sería evidencia de errores de cálculo político.

Queda pendiente la otra faceta de esta singular alianza estatal y no alianza para las diputaciones locales: la posibilidad de un congreso con una bancada pro oficialista sobrerrepresentada, seguramente próximo tema de controversia constitucional.

 

gnares301@hotmail.com

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