La semana pasada, específicamente el Domingo de Ramos, se instalaron en los atrios de las iglesias de nuestra hermosa Puebla, los campesinos que ofrecían su artesanía realizada a mano relacionada con la tradición de las Palmas. Recordemos que las palmas benditas así como los ramos de olivo, representan para los católicos el recibimiento que los habitantes de Jerusalén dieron a Jesús.
Era domingo por la mañana, dentro del recorrido dominical que hacemos con nuestra mascota cuando llegamos al atrio de la Catedral, en donde estaban ya los artesanos instalados y tejiendo aún las palmas y el trigo que trajeron para venta.
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Paula, una artesana de la región de Tepeaca, me mostró la variedad de sus palmas para venta, desde la tradicional cruz, la representación de Cristo en la cruz, los cálices en color natural o morados hasta el entretejido de palmas más elaboradas adornados con flores y los de trigo, todo hecho a detalle tanto con palma fresca de color verdoso como las de palma y trigo de color natural.
Es admirable la destreza que tenía y la rapidez con las que elaboraba sus productos, no comparable con el precio de venta, desde diez hasta cuarenta pesos los más caros. Explicó que ese precio implica ir al monte a obtener la palma y cosechar el trigo para empezar a trabajar las piezas en familia.
Comentó que el aprendizaje está basado en que los más chicos van aprendiendo a tejer a partir de las enseñanzas de sus mayores. Desde muy niños les van enseñando el proceso para que cuando sean mayores puedan tejer y ofrecer sus productos. Textualmente dijo: “todos hemos aprendido así, son los saberes que desde chicos hasta ahora vamos aprendiendo, algo de nuestra familia”.
Esto se relaciona con los saberes que ahora investigo, en donde he encontrado que los saberes tienen una dimensión cognitiva, práctica y emocional, que les permite a los sujetos aprender en el amplio sentido de la palabra en sus particulares contextos sociales, interaccionando con los otros y dentro de la experiencia diaria de su vida cotidiana.
Este saber en particular se relaciona con la relación aprendiz-maestro, en donde muchas culturas construyen ese lazo por enseñanza directa, en donde la tradición encierra un enorme valor, sobre todo porque implican los saberes de los mayores, especialmente de los ancianos.
Regresando al Domingo de Ramos, también platiqué con una anciana artesana, que no solo ofrecía lo tradicional de ese día, también cestos, cestillas, carteras que explicaba las había hecho con sus propias manos. Es muy desalentador el precio etiquetado especialmente por el trabajo y el tiempo que representa.
Estoy ahora en el país en donde el trabajo a mano y lo relacionado con las artesanías es muy apreciada y no es nada barata. El trabajo hecho a mano tiene un enorme valor social y es reconocida desde que los niños asisten a las escuelas alemanas, en donde los instrumentos utilizados en las estrategias para la enseñanza y el aprendizaje son hechos a mano, con el fin de que desde niños los conozcan, reconozcan y los valoren.
Ese domingo también llegaban al zócalo alumnos de escuelas Secundarias Técnicas, en donde unos chicos de Cuetzalan nos mostraron un hermoso rebozo realizado en telar de cintura, que nos explicaron fue producto de su proyecto escolar y que estaban vendiendo. Basta decir el orgullo con el que lo mostraban para reflexionar en que vale la pena insistir en ese tipo de proyectos escolares, en donde los saberes y la artesanía se siguen fomentando.
Ojalá y tomemos en cuenta el enorme valor que encierran tanto los saberes como nuestra artesanía, para seguir fomentando socialmente su importancia y que en lo que resta de esta semana, apoyemos a nuestros artesanos.