Los abusos policiales en la Ciudad de México se han convertido en el pan nuestro de cada día, basta recordar las atrocidades cometidas por los “agentes del orden” en la capital del país contra el estudiante de la Preparatoria 8, de la Universidad Nacional Autónoma de México, Marco Antonio Sánchez Flores. De igual forma, es sabido que los agentes de tránsito en el afán de obtener recursos económicos de manera ilegal, producto de la corrupción hacen lo imposible por detener a los conductores vehiculares para extorsionarlos. Sin embargo, cuando esto no ocurre, el abuso de autoridad, la intimidación, las amenazas y los golpes hacen acto de presencia, violando los derechos humanos y las garantías constitucionales de las personas.
En esta ocasión, el autoritarismo, la prepotencia y el abuso de autoridad se hicieron presentes contra el conductor Ernesto Armada Ramírez, quien circulaba el día viernes, 2 de marzo, cerca de las 14:00 hrs,, por la avenida Fray Servando Teresa de Mier, pasando el cruce con Eje Central, cuando fue detenido por tres agentes de tránsito, dos de ellos sin identificación, culpándolo de usar su teléfono celular y comer mientras conducía su vehículo. Ante la negativa del conductor, de aceptar las acusaciones falsamente imputadas, comenzaron las agresiones físicas y verbales por parte de los oficiales de tránsito.
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Los policías abrieron su automóvil, pretendiendo obligarlo a bajar del vehículo. El agente A. Plata R. (único con datos de identificación visibles), amenazó con llevarlo a la agencia del ministerio público, mientras otro policía menciona: “Quiere ver que sí lo voy a llevar. Yo te voy a llevar”. Al notar el abuso de autoridad, el agente A. Plata le impide al conductor grabar la situación con su teléfono celular, aun cuando el conductor lo hace dentro de su auto y con el derecho de hacerlo ante un abuso de poder por parte de servidores públicos.
El policía no identificado (ubicado en la parte trasera de la fotografía) amenaza a Ernesto Armada Ramírez con agredirlo: “[…] lo voy a someter y lo sé hacer, tengo 30 años de policía, mire los balazos y todo. A mí no me va a espantar. No sea poco hombre. Yo sí tengo huevos para someterlo”.
Después de toda la violencia verbal y psicológica, además de la agresión sufrida, le piden los documentos al conductor y, el agente A. Plata R., de un golpe le tira el teléfono celular, cuando el automovilista estaba aún dentro de su carro.
El video, con una duración de 2:08 minutos demuestra las agresiones de estos supuestos servidores públicos, quienes bajo su uniforme, sin identificación, amedrentan a la ciudadanía.
El artículo 16 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos establece que “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente, que funde y motive la causa legal del procedimiento”. ¿Dónde estuvo este mandato escrito? ¿Por qué un policía de tránsito abre la puerta de un vehículo y amenaza con someter a un conductor por “presuntamente” comer o usar un teléfono celular? En esta ocasión los policías de tránsito violan este derecho humano y constitucional de manera flagrante contra este conductor, Ernesto Armada Ramírez, al igual que lo hicieron contra Marco Antonio Sánchez.
Entonces, ¿tenemos que esperar nuevas agresiones de los uniformados? ¿Esa es su función? ¿Hasta cuándo el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera, el Secretario de Seguridad Pública, Hiram Almeida Estrada y el Subsecretario de Control de Tránsito, Luis Rosales Gamboa harán algo con policías de esta calaña? ¿Qué tenemos que esperar la ciudadanía de estos servidores públicos cuya ley es la de la “hombría” y no la de las instituciones?
Otro abuso de autoridad, como muchos que sufren los capitalinos, a manos de policías que están muy lejos de la legitimidad y el respeto de la ciudadanía. ¿Hasta cuándo, doctor Miguel Ángel Mancera?
Picaporte
Video del candidato panista a la presidencia con insulto. Declaraciones de que la PGR está detrás de una guerra sucia contra el panista, pero uno de sus asesores cena, días después, con el candidato priista, beneficiado por dicha guerra. Entonces, ¿cómo puede llamarse el simulacro?