El presidente Enrique Peña Nieto expresó durante la conmemoración del 101 aniversario de la Constitución de 1917, que “hoy los tiempos políticos llevan a la legítima confrontación de ideas y proyectos, esta es la esencia de toda la democracia”, pero que las propuestas deben asumir el mismo espíritu de los constituyentes de 1917 y “construir a partir de lo mucho que hemos logrado los mexicanos”. Y agrego que: “desconocer los avances que ha tenido el país significaría faltar a la verdad”. Lo cierto es que quien está faltando a la verdad es el jefe del ejecutivo que vive el proceso de duelo de pérdida del poder político, el cual deberá entregar en este 2018.
Y es que a pesar de haber logrado la aprobación de las llamadas Reformas Estructurales la realidad del país es de una excesiva desigualdad social y una vertiginosa inseguridad que ha ido fulminando al Estado y sus instituciones. Como nunca en este sexenio se puso en práctica por diversos gobernadores la frase “El que no tranza no avanza”, esos sí que avanzaron. Discúlpeme, señor Peña Nieto, los ciudadanos comunes no vemos avance alguno, al contrario lo que existe es una enorme regresión en la protección de derechos sociales, los cuales, de su cumplimiento se puede aspirar a una vida digna.
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El cumulo de Reformas aprobadas en este fallido sexenio, nos ha dejado una gran tarea a los y las mexicanas, reconstruir la mancillada democracia, y esa faena no será nada fácil, cuando lo que se ha edificado en nombre del marco jurídico resguardado por nuestra Constitución es la base de un Estado Policiaco, y aun peor un Estado Militar, que pareciera más diseñado para el triunfo del “No Derecho”, y ese es el mensaje que se envía, por ejemplo: con la aprobación de la Ley de Seguridad Interior, por cierto, altamente cuestionada y hoy sometida a revisión en el Alto Tribunal de Justicia de la Nación.
La aprobación de ese estatuto jurídico, no representa ningún avance en materia de seguridad, la escalada de violencia de todos los días lo demuestra, y lo que sí se manifiesta es un retroceso en la protección de los derechos fundamentales de los ciudadanos, con la intervención de las fuerzas armadas en funciones de seguridad. Las ejecuciones, secuestros y asesinatos de periodistas, mujeres y estudiantes como los 43 de Ayotzinapa, sumados a los desplazados por la narcopolítica ha provocado el deterioro del Estado de Derecho y del Sistema de Partidos, y son un escenario que pesan mucho para aceptar un discurso optimista de avances y logros en este sexenio que agoniza en medio de un baño de sangre, impunidad, corrupción y fraudes electorales como una secuencia de un sistema que ha tocado fondo. Y lo cierto es que es más que justificado que redes y ciudadanos estemos irritados por lo que este gobierno federal ha dejado para nuestro país.