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Opinión



Sufragio auténtico, eje indispensable para la democracia en México

Lunes, Febrero 5, 2018 - 20:02
 
 
   

Importante garantizarlo en el marco del derecho internacional. Eso sería una política verdadera.

La democracia nace de la necesidad de los sujetos de ordenar y gobernar, del ejercicio de la política, de la creación de leyes, del establecimiento de la misma por medio (según los contractualistas) de contratos sociales. La construcción de entidades de diálogo y consenso entre los individuos para tomar decisiones con respecto a sus formas de organizarse y de toma de decisiones en su forma más institucionalizada (1).

Muchas democracias modernas comparten desafíos comunes en el cumplimiento de las normas internacionales de lo que se conoce como autenticidad electoral. Entre las muchas prácticas que atentan contra la integridad de las elecciones destacan el encarcelamiento arbitrario de disidentes o adversarios hostiles al gobierno, la compra y coacción del voto, recuentos dudosos y discrecionales de los votos, registros de votantes inexactos, uso de encuestas con fines propagandísticos, campañas mediáticas orquestadas desde el poder para favorecer a unos y perjudicar a otros, falta de seguridad en la boletas ausentes, votos anulados sin justificación y, finalmente, en caso de derrota, imposición de resultados o anulación arbitraria de los comicios, todo ello contraviniendo la voluntad de los electores. Indudablemente, estas violaciones graves a los derechos humanos socavan la credibilidad electoral y son ampliamente condenados por observadores nacionales e internacionales. Protestas masivas recientes en contra de la escasa autenticidad electoral se han registrado a lo largo y ancho de la esfera mundial, en países tan diversos como Rusia, Egipto, Venezuela y claro México no ha estado exento de este tipo de expresiones de inconformidad política- electoral.

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, situaciones de este tipo ocurren en mayor o menor medida en todas las democracias, incluso en las más consolidadas como Estados Unidos, donde se han propuesto cientos de iniciativas de ley para perfeccionar y hacer más confiable el registro de votantes, por citar un ejemplo.

El pueblo mexicano sabe mejor que casi cualquier otro, que la mera celebración de elecciones populares no es suficiente para legitimar el ejercicio del poder público. La norma a lo largo de más de 200 años de vida independiente ha sido precisamente la celebración de comicios carentes de valor democrático. Recordemos que el dictador Porfirio Díaz ganó siete elecciones presidenciales consecutivas, de 1880 a 1910. Mientras otras sociedades apenas empiezan a decepcionarse de la democracia realmente existente, al darse cuenta de que los procesos electorales pueden ser utilizados para excluir y desempoderar a los ciudadanos, en México esto ha sido una constante desde hace más de un siglo (2).

Las reformas político-electorales que se llevaron a cabo en los años más recientes, en México, han afectado al sistema electoral en su conjunto, y en algunos casos, también a las características del régimen político. En consecuencia, no tan sólo debe considerase una pequeña parte del sistema, sino ver cómo funciona dicho sistema electoral en su conjunto y cómo éste puede afectar o interactuar, en todo caso, con instituciones de régimen político.

En el régimen político, expresado de manera sintética, se ubican las instituciones políticas gubernamentales y las reglas que tienen todas ellas; y en el sistema electoral, el conjunto de normas, procedimientos e instituciones mediante las cuales la voluntad general se concreta en cargos de gobierno (3).

Después de 2006 México pudo convertir una crisis en una oportunidad: mejores reglas del juego, más diálogo, más honestidad de los políticos y mayor eficacia para gobernar. En su lugar aumentó la corrupción y el abuso del poder y se sembró el germen de la destrucción retórica, de mayor desconfianza y de más polarización. Aunque ha habido una transición “institucional” del poder político en estos 10 años, la legitimidad de los gobiernos se ha erosionado.

Las estrategias para la defraudación de la voluntad popular se modernizan y actualizan con cada elección presidencial. En 1988, simplemente “se cayó el sistema” y se reacomodaron las cifras desde la Secretaría de Gobernación para garantizar el “triunfo” de Carlos Salinas, con 51% de la votación. Posteriormente, la flamante alianza entre el PRI y el PAN, articulada por medio de la voz de Diego Fernández de Cevallos, ordenaría la destrucción de las boletas electorales para evitar cualquier cuestionamiento futuro de la legitimidad de Salinas (4).

En 2006, el instituto electoral supuestamente “autónomo” utilizó técnicas un poco más sutiles de manipulación informativa para hacer lo mismo que Gobernación en 1988. Todos recordamos cómo el entonces presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), Luis Carlos Ugalde, quien había llegado a su puesto gracias a su cercanía con Elba Esther Gordillo, ordenó a los consejos distritales del instituto limitar al máximo el recuento de los votos. Posteriormente, tanto el IFE como el Tribunal Electoral se negaron a permitir el escrutinio ciudadano de las boletas electorales y finalmente las mandaron destruir utilizando los mismos argumentos que en 1988.

En 2012, se modernizó el sistema de fraude electoral complementando las viejas estrategias con algunas novedades. Nunca antes en la historia de México había fluido tanto dinero irregular en una campaña electoral. La Comisión Especial MONEX, de la Cámara de Diputados, estimó que Peña Nieto había rebasado por lo menos 14 veces el tope de gastos establecido por la ley. En 2012 el enorme flujo de dinero ilegal desbordó todos los ríos, financiando cobertura mediática sesgada, encuestas cuchareadas, hackeo y manipulación digital, acarreos enormes a los actos de campaña del PRI y el operativo de compra y coacción de voto más grande en la historia de México.

El reto central para la democracia mexicana es pasar de la mera celebración de elecciones populares de acuerdo con la normatividad vigente, a la organización de procesos competitivos realmente auténticos y democráticos, lo cual además, es una exigencia normada a nivel internacional desde 1969 en la Convención Americana sobre Derechos Humanos, mejor conocida como Pacto de San José. De acuerdo con el artículo 23.1.b de esta convención, todos los ciudadanos de los países firmantes tienen derecho a: votar y ser elegidos en elecciones periódicas auténticas, realizadas por sufragio universal e igual y por voto secreto que garantice la libre expresión de la voluntad de los electores.

Asimismo, la Declaración Universal de Derechos Humanos, en su artículo 21, incluye una afirmación similar desde 1948: “La voluntad del pueblo es la base de la autoridad del poder público; esta voluntad se expresará mediante elecciones auténticas que habrán de celebrarse periódicamente, por sufragio universal e igual y por voto secreto u otro procedimiento equivalente que garantice la libertad del voto”. Finalmente la Convención sobre Estándares de Elecciones Democráticas de la Comisión de Venecia, en su artículo 1.2 señala que los principios rectores de los procesos electorales son: equidad, autenticidad y libertad de elecciones basada en el sufragio igual y universal con votación secreta que asegura la expresión libre de la voluntad de los votantes (5).

En base a lo anterior, es importante distinguir que el ejercicio del sufragio es el acto cívico a través del cual cada elector expresa su sentimiento de pertenencia a la colectividad, ejerce un derecho humano y cumple un deber que le impone su condición de ciudadano, asimismo, constituye una de las manifestaciones de la ciudadanía más importantes y trascendentales en un Sistema Democrático (6).

Es por ello, que no hay democracia sin sufragio; por lo que resulta indispensable entender que el voto no sólo sirve para elegir autoridades (en todo caso ésa es su consecuencia visible e inmediata), sino también para sostener la democracia. El día de la elección cada elector está cumpliendo una función pública constitucional; está poniendo su grano de arena para que las instituciones continúen funcionando y para que la democracia siga existiendo. Pues ésta es la utilidad no visible del sufragio, la virtud oculta, aunque la verdaderamente importante.

Y por si fuera poco, debemos considerar un dato que es por demás preocupante, y es que la democracia en México es 18 veces más cara que en promedio del resto de los países de Latinoamérica, además de ser considerado uno de los países más desiguales con políticas sociales contra la pobreza, ineficientes y sin resultados en más de 25 años, provocando que el número de pobres haya crecido de tal forma que hasta se desconoce la cifra exacta porque mientras el Consejo Nacional para la Evaluación de la Política Social, CONEVAL, manifiesta que existen en el país 55.3 millones de pobres, el estudio Evolución de la pobreza y la estratificación social en México 2012-2014 (julio de 2015) realizado por los expertos investigadores del Colegio de México (COLMEX), Julio Boltvinik y Araceli Damián, estiman que en el país hay 100.7 millones de pobres (7).

 

Referencias:

-- (1) Méndez Ramírez Oswaldo, “La Democracia Mexicana: Interpretaciones desde una Perspectiva Estudiantil”, artículo publicado en revista Hallazgos, ISSN: 1794-3841, Año 12, N.° 24, Bogotá, D. C., Universidad Santo Tomás, pp. 219

-- (2) M. Ackerman John, “Elecciones Inauténticas en México. Notas para una discusión”, artículo publicado en Revista IUS número 30, año VI, Julio-Diciembre 2012, Puebla, México, ISSN: 1870-2147, pp. 36

-- (3) Reveles Vázquez Francisco, “Sistema Electoral Mexicano: Evolución, Situación Actual y Perspectivas”, Centro de Estudios Políticos de la UNAM, articulo electrónico, última consulta 14/01/2018.

-- (4) M. Ackerman John, “2018 y la Historia de Fraudes Electorales en México”, artículo publicado en Vientos periodismo en Red, 11 marzo de 2017, fecha de última consulta 14/01/2018.

-- (5) M. Ackerman John, “Elecciones Inauténticas en México. Notas para una discusión”, Óp. cit. pp.46

-- (6) Molina Carrillo Julián Germán, “El voto nulo, ¿Castigo o premio a los Partidos Políticos? ”, artículo publicado en Milenio.com diario electrónico, 07/10/2017, fecha de última consulta 14/01/2018.

-- (7) Molina Carrillo Julián Germán, “Elecciones Multimillonarias en un País de Pobres”, artículo publicado en e-consulta diario electrónico, 11/03/2017, fecha de última consulta 15/01/2018


Semblanza

Germán Molina Carrillo

Director General del Instituto de Ciencias Jurídicas de Puebla A.C.

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