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OPINIÓN

El poder en los hombres políticos

La política en México ha ganado en cuanto a respeto a la vida humana, pero ha perdido virilidad.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Febrero 5, 2018

Los hombres políticos asumen por su carácter y actos, lo verdadero, aun a costa de su rebeldía, los que no, pueden optar entre traicionar al político o continuar sus pasos: en ambos casos son los primeros en revelar la naturaleza de unos y otros. Los menos sólo distinguen estos factores, los más piensan inevitablemente en sus propios intereses. El político vela por los intereses de los otros. Se vuelven hombre de acción, actos y palabras en consonancia, si una u otra se corrompe, el hombre se corrompe. Además parte del principio del Señor de la montaña, quien decía que “cada hombre encierra la forma íntegra de la condición humana”.

La crítica nace de la aprehensión de la realidad y su concordancia con el estado de las cosas. Del conocimiento práctico y teórico que algunos hombres depositan en sus actos. La crítica es uno de los caminos por los que los hombres se incorporan a la historia. La historia como una suerte de memoria y de tribunal: recuerdo sometido a juicio. En ella se recupera incluso aquello que algunas circunstancias y hombres pretenden olvidar y que los hombres, sobre todo aquellos con una preocupación y ocupación por sus pueblos siempre salen bien librados.

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Ya decía Plutarco, el pensador latino, que decía que los seres humanos más que con sus palabras hablan con sus actos. Y que “de los hombres aprendemos a hablar, a callar sólo de los Dioses”

La categoría de un pensador no radica en la importancia de las ideas, sino en la vigencia de ellas. La historia no con­siste sólo en el pasado sino que empeña sus esfuerzos en mirar lo porvenir.

Cierto que son pocos los políticos que cuentan con este don.

La voz, ese movimiento anímico, es perpetuada por la pala­bra, señal y signo inequívoco del recuerdo, de la memo­ria.

Forjar ideas es cosa bien distinta a maquilar conceptos por cuenta de otro.

La política en México ha ganado en cuanto a respeto a la vida humana, pero ha perdido en cuanto a virilidad.

En la época moderna no hay hombre solo, sino equipo jefaturado, por supuesto, por un guía que sabe serlo.

El poder digo yo, transforma a los hombres. A unos los sublimiza y a otros los revela en su verdadera pequeñez.

La política es sin duda empresa inquietante, pero es menes­ter entenderla en calidad de función creadora y hacer de ella un instrumento al servicio de los más altos valores. No ser co­sechero sino sembrador, para honrarla, para reparar injusticias, para descubrir horizontes propicios y dar lecciones que merez­can ser imitadas por el mensaje de dignidad que entrañen.

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