Miércoles, 20 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Qué puerta quieres cerrar?

La desconfianza como humus del tracto social. Deliberar, cuestionar, construir, el desafío.

Alejandra Gutiérrez Jaramillo

Comunicóloga por la Ibero Puebla. Experta en elecciones, género y comunicación política. Ex Consejera del Instituto Electoral del Estado de Puebla. Precursora del Observatorio de Participación Política de las Mujeres. Durante 18 años ha sido Consejera Electoral Local y Federal. Dirige la Consultoría Emphatheia.

 

Domingo, Febrero 4, 2018

Cuando el desasosiego hormiguea nuestro cuerpo, es indicativo de que algo no está en el lugar indicado, y giramos sobre nuestro propio eje sin entender el porqué, el cómo, pensar si estamos en el inicio de algo o en el final del final o a tres del final. El halo de la desconfianza es tan grande, que abarca no solo un país de punta a punta, sino también la distancia más corta entre una persona que viene sentada en el transporte público junto a otra. 

 

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La desconfianza no es sólo hacia las instituciones y a quienes trabajan en ellas, también es de ciudadana (o) al ciudadana(o), hemos dejado de mirarnos como iguales, para comportarnos como extraños como si nada nos uniera.... la o el ciudadano desconfía de quien lo atiende en una institución pública y el servidor público desconfía de la o el ciudadano. Nos cuesta creer, porque hemos perdido la Fe en las personas.

 

Estamos ante una preocupante crisis social, que no necesita de un análisis sesudo, para saber que nadie está contento con nada, pero lo verdaderamente alarmante es que no se ve que exista un ánimo por cambiar nuestra actitud y volver a pensar en los demás.

 

El 2018 es un año que puede ser recordado, por lo que se pudo hacer y no se hizo, eso dependerá de nosotras (os); a veces creemos que a nadie le va a afectar nuestro actuar por que no somos tan importantes, nada más falso que eso. En alguna medida todas y todos contribuimos en el estado apático en el que estamos sumergidos, creyendo que alguien más puede o debe solucionar los problemas que nos aquejan, que alguien más, que sea valiente, que no tenga nada que perder o que tenga disposición de perder lo que tiene, levante la voz.

 

Estar en la comodidad del asiento de los señalamientos, es una zona de confort mediocre, disparar dardos con una buena dosis de incertidumbre, es como lanzar una bomba y echarse a correr, sin tener el valor de enfrentar las consecuencias.

 

Estamos ante el resultado de las consecuencias de nuestros actos, esta parálisis de inactividad ciudadana, nos puede costar la paz en la que vivimos, y me refiero al tema democrático, si seguimos negando nuestra historia y le apostamos a ignorar los logros que hemos tenido como país.

 

Es cierto, las autoridades de todos los niveles tenemos que responder a la exigencia ciudadana, las instituciones debemos acércanos a la gente y no estar alejadas de las personas, motivo de nuestra función, pero también las y los ciudadanos deben participar para hacer que dicha exigencia no sea discursiva, sino efectiva.

 

Un tema que fue reiterativo cuando entrevisté a las y los ciudadanos que aspiraban a ser consejeras (os) distritales,  para el proceso electoral en marcha, es que querían participar para ver si era cierto que las elecciones se hacían bien, si eran transparentes, si se respetaba el voto de las y los ciudadanos; querían vivir la elección para ser testigos del actuar de la institución electoral, es decir, participaron por que desconfían de cómo se hacen las elecciones y de las personas que somos parte del órgano electoral; no es un tema nuevo, nuestro sistema electoral esta basado en la desconfianza, y este lastre solo se erradica humanamente.

 

Tenemos que evolucionar como ciudadanía, debemos de perder el miedo a deliberar, a cuestionar, a construir, a tomar decisiones  y aprender a respetar, a reeducarnos unos a otros (as) y decidir qué presente y qué futuro queremos como ciudadanas y ciudadanos.

 

Estamos ante el reto más grande en materia de elecciones, pero también ante la posibilidad de cerrar la puerta,  tenemos que dejar fluir la regularidad democrática y como autoridades proteger y garantizar el derecho a la participación activa de las y los ciudadanos y de las y los actores políticos, elevar el nivel de certeza conociendo todos los actos de la autoridad, rindiendo cuentas y transparentado nuestras decisiones.

 

Si creemos que el votar no va a cambiar en nada nuestras vidas, estamos cerrando una puerta, si no nos gusta el lugar donde vivimos, imaginemos uno mejor y trabajemos para que suceda.

 

En Twitter @luza1975

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