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OPINIÓN

Las derechas (de derecha e izquierda) en México

De la derecha no se puede esperar bienestar para todos, eso es evidente

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Viernes, Febrero 2, 2018

Hasta hace algunas décadas era inconcebible una unión entre los grupos de la derecha, principalmente de el Partido Revolucionario Institucional (PRI) y el Partido Acción Nacional (PAN), quienes lucharon fervientemente contra cualquier intento progresista o comunista que se presentará en el país. Las diferencias ideológicas, lejos de una ubicación en los escaños bicamerales, significaban formas de comprender el mundo, de generar estrategias y tácticas de lucha por el poder y de permanencia en él. Mientras que la derecha ubicaba el mundo de las ideas (religiosas, legales o económicas) como su meta, el comunismo y ciertas ideologías progresistas identificaban al ser humano, concreto, como el único fin y, a éste, nunca como un medio como lo hizo la derecha.

La lucha que extendieron el PRI, como dictadura de partido, así como los distintos grupos católicos que conformaron el PAN, como la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, la Unión Popular, la Unión de Damas Católicas, las Brigadas de Santa Juana de Arco y el Partido Católico Nacional, vieron en el comunismo al mismísimo demonio, al cual debían combatir.

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La disputa no terminó en los recuerdos, sino que en los últimos años se ha hecho presente con la histórica alianza del priismo y el panismo en México. La persecución y lucha encarnizada contra los grupos obreros, estudiantiles, luchadores sociales y grupos armados provocó la Guerra Sucia y el surgimiento de grupos paramilitares en las últimas décadas.

Algunos de los perseguidos históricos conformaron partidos políticos, los cuales, con el paso del tiempo fueron coqueteado con el poder. Tal es el caso del Partido de la Revolución Democrática (PRD), surgido después de la ruptura de personajes priistas con su alma mater política y del fraude electoral al Frente Democrático Nacional. Lo que parecía una opción para 1988 se convirtió en la legitimación de las instituciones electorales que sirvieron a las reformas estructurales neoliberales trabajadas desde el sexenio de Carlos Salinas de Gortari.

Con la llegada del PAN al poder, se hizo patente que el proyecto de nación en México, dictado en el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, era el rumbo de las ideas sobre el de las personas y sus necesidades. La derecha fue ganando terreno, tanto en las propias derechas, pseudocentros e izquierdas cada vez más institucionales y conservadoras.

El PRD en el gobierno de la Ciudad de México y en algunas entidades del país actuaron de la misma forma que lo había hecho el PRI, durante su etapa de Estado de bienestar. Los dimes y diretes de la los tecnócratas neoliberales contra los populistas institucionalizados, no eran más que reclamos de parejas heridas. Sin embargo, la moral política y la ética social siguieron siendo las mismas.

El priismo de Ernesto Zedillo reprimió la huelga estudiantil del Consejo General de Huelga de la Universidad Nacional Autónoma de México, en 2000, con el apoyo de Cuauhtémoc Cárdenas y la jefa de gobierno del Distrito Federal, la ahora secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano de México, Rosario Robles. Por su parte, Enrique Peña Nieto, siendo gobernador del Estado de México, agredió y reprimió a los pobladores de San Salvador Atenco, en 2006, como ya lo había hecho el panista Vicente Fox y el entonces jefe de gobierno perredista, Andrés Manuel López Obrador, cuando los ejidatarios marchaban rumbo al zócalo capitalino. Y no debemos olvidar la atroz guerra contra el narcotráfico comenzada por Felipe Calderón y auspiciada por el PRI y PAN.

De la derecha no se puede esperar bienestar para todos, eso es evidente, sólo es posible generar hambre, pobreza e ignorancia. De la izquierda conservadora e institucional tenemos un registro de usufructo de la pobreza, de dádivas económicas que enaltecen como apoyos sociales, cuando estos son sólo el producto del trabajo de las personas. Pero eso no es todo, esta izquierda conservadora, ligada a la derecha, se ha convertido en un arma letal contra los grupos progresistas. Sólo falta mirar a la Ciudad de México, donde Miguel Ángel Mancera, con el discurso del Estado de derecho (o mejor dicho de derecha) legalizó la represión con los protocolos de seguridad que facultan a los cuerpos policiacos a usar la violencia contra cualquier manifestante; las detenciones arbitrarias y desapariciones forzadas, como en el caso de Marco Antonio Sánchez Flores; criminaliza a la juventud y a las mujeres, como lo hizo con Lesvy Berlín Osorio, y; construye, con pretextos, justificaciones de adicciones y problemas de drogas, asesinatos de periodistas, como Rubén Espinosa Becerril.

Pero esta derechización de la izquierda no es exclusiva de la Ciudad de México o de un solo personaje. En Michoacán, Silvano Aureoles Conejo, reprime a los profesores disidentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), a estudiantes normalistas, a grupos indígenas y, persigue, por consigna, a luchadores sociales como Alejandro Echavarría Zarco.

Ni que decir de Ángel Aguirre durante su gubernatura en Guerrero, donde sistemáticamente reprimió a toda persona o grupo que intentará denunciar o actuar contra las prácticas gubernamentales o de sus aliados los grupos de narcotraficantes. Muestra de ello, están los 43 estudiantes desaparecidos de manera forzada por el gobierno perredista y el ejército federal priista.

Por otra parte, la coalición encabezada por el Movimiento Regeneración Nacional (Morena), el partido cristiano evangélico Encuentro Social (ES) y el Partido del Trabajo (PT) no parece muy de avanzada ante derechos individuales, sexuales y reproductivos. Cuando Andrés Manuel López Obrador era jefe de gobierno en el Distrito Federal, frenó la iniciativa de ley para aprobar la eutanasia y, con el apoyo del cardenal Norberto Rivera, sólo se aprobó la Ley de Voluntad Anticipada, que se traduce en dejar morir a las personas como Dios manda. Asimismo, Encuentro Social es un partido abiertamente antiabortista y que ha expuesto su repulsión ante los matrimonios entre personas del mismo sexo, con lo que se ponen en riesgo los derechos logrados por las mujeres y la comunidad LGBTTTI.

¿Cuál es la diferencia, entonces, entre la derecha priista y panista (y sus satélites como el Partido Verde Ecologista Mexicano) y la izquierda conservadora e institucionalizada? ¿Eso es la coalición México, al Frente? ¿Eso es la coalición Juntos haremos historia, integrado por Morena, Partido del Trabajo y Encuentro Social? Entonces, la única opción electoral en México, ¿es la derecha vestida en sus distintos rostros y colores?

Picaporte

Gracias a Dios, este 5 de febrero, día de San Felipe de Jesús, Norberto Rivera Carrera, protector de sacerdotes pederastas, misógino y amigo de los ricos y poderosos de México, dice adiós a ser cardenal primado de México, tras su renuncia aceptada el pasado 7 de diciembre, por el Papa Francisco. Veremos si Carlos Aguiar Retes, amigo personal del cardenal de Roma, Jorge Mario Bergoglio, logra impulsar un verdadero cambio en la Iglesia Católica en México y dejar atrás el oscurantismo anticristiano de Rivera Carrera. Una candela se prende.

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