Dentro de un mar de ideas dispersas producto de las diversas experiencias por las que he pasado de manera reciente y una vez ya en México, viene a mi mente una reflexión necesaria: ¿Qué tanto somos responsables de lo que estamos viviendo en México?
Cuando regresas a México observas un país multicolor representado en sus diversas formas, figuras, olores y sabores de lo mexicano, que contrastan con los diferentes tonos grisáceos que de pronto observas en otras regiones donde el invierno es muy crudo y en donde a pesar de eso, los hombres y mujeres salen adelante. A pesar de que aquí ha hecho mucho frio, todos los días tenemos un sol cálido y revitalizante por lo menos diez horas al día, lo que necesariamente impacta en tu ánimo y cambia tu perspectiva sobre muchas cosas.
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Somos afortunados de contar con este clima, en esta latitud y altura, pero aún así puedes observar en el horizonte tonos grisáceos que aparecen en el horizonte, nubes oscuras y cercanas que te rodean una vez que pisas México: inseguridad, violencia cotidiana, creciente inflación por el aumento constante de precios, carencia de empleos permanentes y justamente pagados, campañas electorales que son mañosamente públicas aún cuando se afirme que sus destinatarios son los miembros de un partido, autoalabanzas por ciertos logros de gobierno que vistos analíticamente no son más que parte de sus obligaciones como gobernantes, mágicos programas que hablan de inclusión cuando solo atienden a unos cuantos pero que se utilizan de manera muy adecuada en su publicidad, la paridad del dólar que sube y sube y la fragilidad de nuestra nación ante los acuerdos del Tratado del Libre Comercio entre algunos.
Este país maravilloso está lleno de enormes riquezas culturales, históricas y naturales que hemos permitido sean devastadas por unos cuantos mexicanos, que se dicen gobernantes, políticos o empresarios que han vivido y siguen viviendo a costa de nosotros.
¿Todo lo anterior es nuestra responsabilidad? Muchos de mis conocidos, familiares, amigos y colegas, trabajan día a día de manera honesta y responsable desde las primeras horas de la mañana hasta la noche muchas veces injustamente retribuidos, no solo económica sino también moralmente. A veces corren de un trabajo a otro para tener un mejor ingreso que les permita contrarrestar nuestra actual situación económica y, además, cuidan y aman entrañablemente a su familia y a este México nuestro, pero no por eso su realidad es menos desalentadora, muchos de ellos no recibieron sus gratificaciones de fin de año porque los contrataron bajo un esquema que no las incluye, dentro de un sindicato que nunca les apoya y que su opción es seguir así porque si solicitan un aumento o prestaciones justas, pueden ser despedidos.
Bueno, hasta el ahorro es un problema. Aquí las instituciones bancarias nos tienen cautivos porque es a través de ellas como nos pagan, lo que permite que te presionen con préstamos, tarjetas de crédito, préstamo hipotecarios que no son soluciones a tus problemas inmediatos, son más bien una trampa para vivir endeudados. Hasta en los cajeros debes de tener cuidado porque si tecleas mal, tu futuro endeudado está asegurado.
Tal vez si seamos responsables de esta realidad, porque hemos permitido estar aprisionados en una sociedad que se dice democrática, donde unos cuantos deciden y unos cuantos manejan los hilos del poder; donde la reflexión crítica y fundamentada es limitada y a veces hasta perseguida; en donde a pesar de contar con tantos recursos naturales seguimos contaminando y recolectando basura hasta límites inimaginables; donde la justicia es solo un valor muchas veces repetido pero no concretado; porque la corrupción y la impunidad todo lo invade y en donde de pronto, la honestidad y la responsabilidad son mal vistos porque no te sirven para construir un futuro diferente.
Entiendo que esta reflexión inicia llena de nubarrones, pero aún así tengo esperanza, la esperanza de que cada quien en sus espacios trabaje como en hormigueros, para seguir construyendo el ideal de país que merecemos. La pasión por mejorar no puede dejarse morir, hay que revitalizarla día a día, con lo poco o mucho que vayamos logrando, tratando de que esos logros individuales se vayan tornando colectivos.
Este año nos estamos jugando mucho, quizás el futuro de nuestros nietos, algo demasiado valioso para dejarlo así, inerte, sin lucha y sin pasión. Aún con este horizonte hay que caminar erguido, con la frente en alto, buscando ese horizonte prometedor más allá de esos nubarrones y si aún así, sigue existiendo algo de culpa… llegó el momento de sacudirla y seguir adelante.