Diciembre y Enero son festividades que se han caracterizado por el aumento del consumismo, además, son las fechas más propicias para que los niños reciban regalos tanto de sus padres como de familiares y amigos; sin embargo, el hecho de brindarles un obsequio se ha ido transformando en la idea errónea de “cuanto más, mejor”, dado que se piensa que es una de las formas más adecuadas de demostrar nuestro cariño hacia ellos.
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Lo anterior, es un factor causante de lo que se llama actualmente “El síndrome del niño hiperregalado”, el cual de acuerdo con Mas (2015), usualmente consiste en sustituir el tiempo o cariño que no se le brinda a los hijos, con regalos que reemplazan aspectos afectivos; además, esta misma tendencia, suele traer repercusiones en los niños, quienes al recibir tantos obsequios, le terminan restando importancia a lo que se tiene porque no entenderán en lo que consiste el esfuerzo para conseguir algo. Asimismo, estos niños al tener una acumulación excesiva de juguetes, pierden la ilusión y no se dan cuenta que un regalo tiene un valor más emocional que material, por lo que es más probable que se vuelvan caprichosos, egoístas y con poca tolerancia a la frustración. De igual forma, esta misma autora señala que el hecho de proporcionar juguetes a los niños de forma desproporcionada, es pedagógicamente incorrecto, dado que lo que un menor realmente necesita es atención y poder compartir tiempo y juegos con los padres.
A pesar de lo mencionado anteriormente, es importante entender que el hecho de reglar juguetes no es lo que está mal, sino que se intente suplir “faltas” con esto y no se les enseñe a los niños el verdadero valor de las cosas (compartir, esfuerzo, responsabilidad). Es por esto, que es recomendable dar un máximo de cuatro regalos, en los cuales se deben de incluir al menos algo que sea útil, que les favorezca para adquirir aprendizajes y que sea algo que realmente les cause ilusión.
Asimismo, es aconsejable aprovechar el recibir un regalo para guiar a los niños y educarles en aspectos tan importantes como lo son la toma de decisiones, el establecimiento de prioridades (escoger lo que realmente deseen y necesiten), la moderación y el ser agradecidos por tener personas a su alrededor que los aprecian.
Finalmente, más allá del tipo de juguetes que se den, hay que asegurarse de que junto con los regalos se brinde también compañía y tiempo para jugar con él, dado que los momentos en familia son los aspectos que más valoran los niños. Se trata de cambiar el exceso de regalos por momentos que sean más gratificantes, ya que el hecho de obtener la atención de los padres es uno de los obsequios más grandes que un niño pueda recibir.
Referencia:
Mas, M.D (2015), El síndrome del niño hiperregalado: el exceso de juguetes que genera hijos frustrados y faltos de imaginación. Catalunya: UOC.