Zaira Maritza Jiménez Caballero
Cuando se piensa en educación, las primeras imágenes que se vienen a la mente son: una escuela, aulas con pizarrones, alumnos, libros, y por supuesto, docentes. Sin embargo, estas características es sólo la parte superficial de lo que realmente significa, por lo que es necesario reflexionar sobre su significado y la importancia de cada uno de los actores dentro de la educación formal, la cual como docentes es la que nos compete.
Más artículos del autor
En primer lugar, se debe tener claro que la educación la podemos encontrar en todas partes, en nuestro hogar y en el contexto en que nos desenvolvemos (educación informal), pero en el caso de la educación formal podemos encontrar que su tarea es aún más compleja y al mismo tiempo significa un compromiso que se tiene con la sociedad, ya que de ella se busca generar cambios positivos en el actuar del ser humano ante los demás. Sin embargo, en ambos tipos de educación se pretende el mismo objetivo, aunque en distinta magnitud, de desarrollar competencias de vida para generar buenos ciudadanos, como lo menciona Octavi Fullat (1992): “la educación es aquella modificación por la que el hombre es perfeccionado”.
Uno de los responsables de que la educación formal tenga éxito, es el educador, y una de las interrogantes que se plantea al pensar en ellos es ¿qué hay detrás del trabajo de éste? En primer lugar debe de tener claro, como se ha mencionado, el gran compromiso que tiene, no sólo con la sociedad, sino con aquellas personas que tiene en sus manos, ya que ellos son el fruto de su trabajo y por supuesto, de sus ideales para con ellos.
Actualmente, el educar es un gran desafío, pero será gracias a las propuestas educativas reflexionadas que se obtendrán resultados óptimos. Considerando que estas deben contener las finalidades de la educación que menciona Guillén (2011), donde nos dice que “la educación debe ser personalizadora, humanizadora, para la justicia, el servicio y el cambio”; y si las propuestas educativas no tienen estos puntos, entonces se puede mencionar que la educación no está cumpliendo con las necesidades actuales, ya que se requiere precisamente de estos aspectos para poder cumplir con dicho quehacer.
Por lo tanto, el docente debe ser consciente con el trabajo que lleva a cabo durante su práctica, en primer lugar porque suele ser un ejemplo de actuar ante los demás, como lo dice Sarramona (1997), en su concepto de “educatividad”, la cual la define como la “capacidad de influir sobre los demás”. Es así que cada acción implementada en el aula con sus alumnos debe tener congruencia con los principios filosóficos, objetivos y propósitos que se tengan, en este caso en educación básica en México, sería de acuerdo al Plan y Programa 2011.
Pero más allá de seguir un Plan y Programa, es de vital importancia que el educador continuamente reflexione su práctica profesional, considere al educando como punto principal de su tarea y principalmente que estos dos aspectos lo lleven a hacer operante una filosofía al momento de educar, partiendo de esto con la necesidad de tener claro lo que es la filosofía y la vinculación que tiene con el acto de educar.
A partir de lo que menciona Hessen (1981) “la filosofía es una autorreflexión del espíritu sobre su conducta valorativa teórica y práctica”, y Freire “educar es humanizar”, se puede decir que la filosofía es parte fundamental al momento de educar, ya que a partir de esta se ha de reflexionar nuestro trabajo para analizar si se logra el objetivo de humanizar, es decir, de mejorar la existencia del hombre, principalmente dentro de la sociedad.
Para poder lograr lo dicho anteriormente, es importante que se conozca a cada uno de los alumnos que se tenga en una lista, pero no sólo por una nota que lo identifica, sino por quién es y la importancia que éste tiene desde su dignidad ontológica, se menciona esto debido a que se suele olvidar que se está trabajando son seres humanos y sólo se le da valor a lo que en su momento se aprendió, viéndolo a partir de los resultados sumativos de una evaluación.
Al momento de preocuparse por quién es el educando y su pertenencia a un grupo escolar, también se considera el contexto en el que se desempeña, ya que forma parte de las estrategias que el docente decida emplear para lograr sus objetivos, y como lo menciona Sarramonna (1997) “el educador es quien personaliza el contexto social generando así una sociedad educadora”, es decir, al momento de que se educa al alumno, también se logra realizar lo mismo con las personas con las que convive día a día, ya que ellos también aprenden del educador, aunque de manera indirecta, al momento de ver un cambio en el alumno quien los motiva a hacer lo mismo.
La filosofía que rija la tarea de la educación dependerá del hombre que se quiera tener, y como se ha mencionado anteriormente, es de acuerdo a las necesidades de la sociedad. Actualmente se pretende “formar ciudadanos responsables, capaces de atender a las necesidades de todos los aspectos de la actividad humana”, es decir, no sólo se debe enfocarse por los conocimientos que el alumno adquiera, sino también los valores, los cuales, últimamente se han visto desgastados (UNESCO, 1998, p.15).
Lo mencionado en el párrafo anterior es lo que podría denominarse como una “emergencia educativa” (Martínez, 2000), ya que es necesario trabajar con ello para poder lograr que la educación cumpla con su fin. Uno de los puntos clave para poder lograr dicho objetivo ha de ser el tomar en cuenta los cuatro pilares de la educación, llevándolos a cabo de acuerdo a lo que nos menciona Delors (1994, p. 16-17) sobre la educación, donde nos dice que esta “tiene que adaptarse en todo momento a los cambios de la sociedad, sin dejar de transmitir por ello el saber adquirido, los principios y los frutos de la experiencia“.
El primer pilar de la educación que se tiene es el de “aprender a vivir juntos”, en donde se pretende involucrar los valores al momento de convivir con los demás, los cuales también nos ayudarán a resolver conflictos y mantener relaciones pacíficas.
Posteriormente se tiene el “aprender a conocer”, parte en la que interviene el proceso de enseñanza aprendizaje de manera directa, ya que se pretende que el alumno logre un aprendizaje significativo y al mismo tiempo pueda generar su aprendizaje autónomo.
El tercer pilar se denomina “aprender a hacer”, en este se pretende adquirir una competencia que permita hacer frente a numerosas situaciones, ya sea de manera individual, ya sea colaborativa. Este pilar alude a lo que se pretende conseguir con cada uno de los alumnos con base en el aprendizaje, lo cual es que “se adquiera conocimientos y destrezas para desenvolverse con éxito”, tanto dentro como fuera de la institución educativa (Martínez, 2000).
Y por último se tiene el “aprender a ser” en el cual es importante lograr la autonomía sobre uno mismo para lograr ser un pensador crítico (Delors, 1994, p. 17).
En conjunto con el trabajo de los cuatro pilares de la educación, se ha de conseguir generar pensadores críticos, basados en la autorreflexión, en el actuar día con día, siendo este una tarea personal en la que debe trabajar cada docente que de acuerdo con López (2014) “este camino de acción-reflexión-acción como método orientador del ejercicio docente es el camino desde una práctica técnicamente eficiente a una praxis humanizante en las aulas”.
En conclusión, ser docente no sólo significa estar frente a un grupo de personas para explicar un tema, ya que esto va más allá. Ser docente significa guiar, ayudar, conocer, evolucionar y sobre todo ser empático con los demás. De aquí la importancia de tener una filosofía operante en nuestro actuar, ya que esta nos invita a reflexionar, con el objetivo de mejorar, sobre todo cuando se parte de cuestionar nuestro trabajo.
Algunas de las interrogantes que suelen surgir son: ¿cómo sé qué soy un buen docente?, ¿qué espero para mis alumnos?, ¿estoy haciendo las cosas bien?, ¿logro alcanzar las expectativas de mis alumnos? Desde el momento en que se cuestiona y se obtiene las respuestas se busca perfeccionar nuestra labor y con ella el poder lograr el cambio que se requiere actualmente en la sociedad.
A pesar de lo complejo que resulta ser educador, también trae consigo una gran satisfacción profesional y personal al entender que somos parte importante de un cambio y al mismo tiempo, el hecho de aprender de los alumnos, es una gran lección de vida.
Referencias:
Delors, J. (1994) Elegir la unidad: reflexiones sobre el informe: la educación encierra un tesoro de Jacques Delors para la Unesco. Ensayo.
Hessen, J. (1981). Teoría del conocimiento. Madrid: Espasa-Calpe. Colección Austral, nº 107.
López., M. (2014) El maestro hace la práctica. Lado Be: Portal de opinión.
Sarramona, J. (1997). Fundamentos de la educación. Perú: Grupo Editorial CEAC, S.A.
UNESCO. (1998). La educación superior en el siglo XXI: Visión y acción. CONFERENCIA MUNDIAL SOBRE LA EDUCACION SUPERIOR 9 de octubre de 1998.