Mover cielo, mar y tierra, es una frase coloquialmente usada ante una hazaña casi improbable. Sin embargo, el Dr.John Green, rescatista internacional, hizo de lo imposible algo posible, haciendo de su viaje toda una odisea al venir manejando una camioneta y su remolque de herramientas desde Canadá hasta tierras mexicanas, con un solo propósito, ayudar en trabajos de rescate y reconstrucción en las zonas más olvidadas y necesitadas de México a causa de los temblores del 7 y 19 de septiembre.
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Santa Cruz Cuautomatitla, localidad ubicada en el municipio de Tochimilco, Puebla, fue el objetivo principal del rescatista, debido a que mexicanos que residen en Canadá junto con la Asociación Mexicano-Canadiense, solicitaron a los Peace Corps de la ONU, el informe del lugar más dañado y con necesidad de México, esto a través de una aplicación en el celular con la que cuentan para registrar y medir las localidades en el mundo con mayor vulnerabilidad ante una catástrofe. Nuestros compatriotas mexicanos se organizaron y juntaron todo tipo de ayuda, la cual decidieron enviar por recomendación de la ONU con el Dr. John Green y su organización “International Rescue”.
Así comenzó la travesía de John, una semana viajando desde Canadá hasta México, con una camioneta y un remolque lleno de ayuda humanitaria, herramientas de rescate y un TulkCat (vehículo para mover escombro). Ya en la frontera en México, el canadiense narra que tuvo muchos retrasos debido a la burocracia diplomática de nuestro país para dejar entrar la ayuda, ya que coincidió en llegar el 31 de octubre, última fecha para pasar apoyo libre y sin necesidad de pagar algún impuesto.
Aquí es donde entra la unión de voluntades ante la intención de ayudar, ya que para que el Dr. Green pudiera pasar a México, tenía que tener un aval en nuestro país que lo pudiera representar ante cualquier eventualidad, sin duda alguna la labor de la reconocida empresa Ozono Polaris fue crucial, al brindar este apoyo a través de su dueño, don Carlos Albicker, quien inmediatamente al conocer la situación, facilitó al rescatista de todas las condiciones para poder llegar con bien a Puebla. Claro que su viaje tuvo de todo, desde un casi desbarranque, hasta diversos asaltos, pero bien dicen por ahí que la fuerza más poderosa para mover al mundo, es la voluntad, la cual hizo que la ayuda pudiera llegar.
Ya en Puebla, la asociación civil que colaboró con John Green para instalarse y llevar toda la ayuda a su lugar de destino, fue Villa Atl A.C., misma que aprovechó la instalación del rescatista en Santa María Xonacatepec, para brindar talleres de reforestación a los lugartenientes. Sin mayor retraso, la ayuda llegó a Santa Cruz Cuautomatitla, en donde se retiró escombro de diversas estructuras caídas, como su iglesia, la cual quedó muy dañada. Otra labor fue el colaborar en la construcción de algunas casas hechas de bambú, proyecto que patrocinó la organización “30 amigos un techo”. Además, el rescatista también pudo capacitar a la gente de la comunidad en el uso efectivo de herramientas de demolición, las cuales donó junto con 150 cajas llenas de víveres y ropa nueva.
De paso en Puebla, también logró brindar su ayuda a la comunidad de Hueyapan, en donde libró varios trayectos de escombro con su TulkCat, destacando la liberación del camino a un río en donde los habitantes se proveían de agua. Ahí mismo, dejó otras 50 cajas de apoyo, lo cual la gente agradeció con gran afecto.
Pero la ayuda no cesó y su ultima misión en México antes de partir, era el acudir al llamado de rescate de dos personas enterradas en los escombros del temblor en la comunidad de Chivela, Oaxaca, sin embargo, a causa de los grupos de control de la delincuencia en esta zona, se le impidió entrar a realizar su labor, perdonándole la vida e indicando que dejará las cajas de ayuda que traía para donar, en el Centro de Acopio de la IBERO Oaxaca.
El 25 de Noviembre, John Green, “un hombre católico de 53 años”, como se describe así mismo, salió de México con un profundo sentimiento de admiración por la solidaridad de la población mexicana ante la catástrofe del temblor, llevándose consigo amistades, experiencias, pero sobre todo la satisfacción de haber podido ayudar otra causa más de las innumerables a las que ha sido llamado, algunas como Haití, India y Japón, en donde su espíritu de entrega fue con la misma intensidad que en México dejó.
Existen héroes que atraviesan cielo, mar y tierra, solo con una camioneta, voluntad y corazón.
¡Gracias por todo, John!. Enhorabuena…