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OPINIÓN

La importancia de la libertad en la vida cotidiana

El lugar de la conciencia. El remordimiento es estar molestos con nosotros mismos por no obrar bien.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Diciembre 4, 2017

El remordimiento de conciencia no nos permite disfrutar de aquello que hemos obtenido de alguna manera que vaya en contra de uno mismo o de los demás. El remordimiento no sólo es el temor ante el castigo del que nos sabemos merecedores si actuamos en contra de nuestra conciencia, sino el saber de uno mismo que ha obrado en contra de su conciencia por decisión propia. Es ir en contra de sí mismo. Los remordimientos provienen de la libertad, pues uno puede o no actuar en contra de su conciencia y tomar la decisión de hacerlo. Aunque ante el remordimiento muchas veces se apela a la imposibilidad de haber actuado distinto por las circunstancias. Si se toma en serio la libertad, se es responsable.

Ya lo dice el filósofo Fernando Savater en su obra Ética para Amador; “Lo que llamamos remordimiento no es más que el descontento que sentimos con nosotros mismos cuando hemos empleado mal la libertad; es decir, cuando la hemos utilizado en contradicción con lo que de veras queremos como seres humanos. Y ser responsable es saberse auténticamente libre, para bien y para mal”.

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Está por demás mencionar que ser responsable es asumir las consecuencias de nuestros actos. La sociedad actual trata de minimizar la responsabilidad atribuyéndola a las circunstancias, a la sociedad en que vivimos, a la influencia de la televisión, al sistema capitalista, al uso de drogas, considerándose todas estas excusas como irresistibles.

El autoritarismo cree en lo irresistible y para afrontarlo lo prohíbe, como si al prohibir las tentaciones se eliminarán todos los delitos y pecados y van en contra de la libertad. No se le da valor a la voluntad, que es la que realmente nos permite evitar las tentaciones. El autoritarismo teme a la libertad, elimina la responsabilidad y nos convierte en esclavos. Sin embargo, por más prohibiciones que haya, el hombre es libre de elegir y puede ir en contra aún de sí mismo.

Uno es libre de actuar de tal o cual forma pero una vez que actúa se es responsable de tal acción. A nadie se le regala la vida, la decisión de vivir bien que tomarla cada quien, pues nunca ha habido tiempos fáciles, todas las épocas han tenido sus propias dificultades; nadie consigue lo conveniente sin coraje ni esfuerzo. La responsabilidad afronta las propias equivocaciones, sin buscar excusas. Quien es responsable asume su libertad real, propia de un rey porque no hay nadie encima de ella para tomar una decisión. Cada decisión que se va tomando va dejando huella en la persona, lo va inventando, y cada vez que se obra bien es más difícil obrar mal y al contrario, si se obra mal cada vez es más difícil obrar bien. Se va creando el hábito de obrar de una u otra manera.

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