Sí, así, en inglés. Porque más que un conjunto de palabras quiero generar una imagen o un concepto.
¿En qué momento comenzó? No lo sé. Quizá la explicación lógica sea la más exacta. Tal vez la adaptación como recurso de sobrevivencia haya dependido de él: EL PODER. Poder cazar, poder tener descendencia, poder comunicarse, poder guarecerse de los embates del clima, poder trabajar en equipo, poder domesticar especies animales y vegetales, poder construir, etcétera, etcétera. Si es así, estamos transitando por antiguos caminos y en círculos. Estos “poderes” siguen vigentes, sólo algunos se han “modernizado” como poder obtener un empleo, poder obtener un ascenso, poder ganar más dinero, poder tener gente a cargo, poder mandar, poder comprar, poder tener.
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Y hablando sólo de la situación actual de nuestro país, donde, dadas las altas tasas de desempleo, es tan difícil obtener uno o al menor conservarlo. Un lugar donde peleas por un lugar en la universidad y estudias una licenciatura con una duración de cuatro a cinco años para terminar trabajando en cualquier cosa debido a la falta de oportunidades para desarrollarte. Un lugar donde realizar un posgrado será tu condena para estar sobrecalificado y por lo tanto, cerrarte aún más las puertas para el desarrollo profesional. Un país con poca inversión en educación e investigación. Un lugar donde el salario mínimo es realmente mínimo, donde ganar más requiere demostrar compromiso y entrega lo que se traduce en trabajar horas extra sin pago durante varios años. También se trata de un lugar donde se gana poco, por lo tanto, se adquiere poco o de muy baja calidad, ya que si quieres una casa y ganas poco, después de muchos años de esfuerzo te podrás comprar, con una deuda a veinte o treinta años, una minicasa o minidepartamento de cincuenta metros cuadrados a dos o tres horas de tu centro de trabajo.
Aunque, si tienes un poco de recursos, podrás lanzarte al emprendimiento, pero en un país donde existen múltiples trámites o mejor denominados “obstáculos” para iniciar un negocio, será difícil o casi imposible ver los frutos y disfrutarlos. Ya sea que el IMSS o el SAT lleguen y que tu contador no haya realizado un buen trabajo, entonces las multas te obligarán a cerrar. O malos empleados, que no están dispuestos a trabajar con ahínco debido a lo poco que ganan colaborarán para llevarlo a la perdición; e incluso, muchos que ven “natural” robarle al patrón porque en este país siempre se puede y no pasa nada, e incluso lo ven justo porque ellos no tienen y sus patrones sí, envalentonadas por un sistema populista o de amor incondicional al “pobre” basado en la lástima por sus condiciones pero creándolas para mantenerlo... Y si llegan a cobrarte derecho de piso o extorsionarte, definitivamente el negocio se acabó, frente la mirada complaciente de las autoridades, te tocará trabajar para pagar la cuota respectiva. Amén de las habilidades directivas del emprendedor, se trata de toda una odisea.
¿Y qué podemos decir del poder adquirir y poder tener? Bueno, también está complicado. En este lugar donde a todo se le baja la calidad para que las personas que ganan poco lo puedan comprar, adquirir y tener se vuelven asuntos de estatus y señales de éxito, obvio discutibles, pero necesarias para soportar en hombros la difícil situación económica de un país tercermundista que quiere salir en la foto de los ricos y demostrar que también tiene el poder, aunque sea el poder recibir con los brazos abiertos a empresas que contratarán a muchos mexicanos pagándoles el mínimo. Una economía basada en el consumo y el consumismo, que orilla a sus ciudadanos económicamente activos a desear adquirir y tener. Una ilusión parecida a un oasis en el desierto que sólo alienta la esperanza de prosperidad pero que genera más decepción al descubrir la verdad.
Así podríamos desmenuzar uno a uno los problemas de nuestro aquejado y complejo país, pero no es necesario para mostrar el punto de “lack o power” o la falta o carencia de poder y de no poder hacer algo. Actos violentos en aumento, delincuencia organizada a la alza, extorsiones, secuestros, narcomenudeo, asesinatos, desapariciones y violencia de género que no se detienen. Por eso escribí este texto en género masculino y no es por un error gramatical o atendiendo a una economía del lenguaje. Se trata de soslayar el ineludible hecho de que, quienes principalmente y por generaciones fueron educados para validar su existencia por medio del poder han sido los hombres, por lo que ahora son las principales víctimas del sistema socio-económico-cultural de nuestro país, pues quienes padecen “lack of power”, quienes ahora buscan formas alternas de demostrar ese poder que se les exige son ellos. ¿Y cómo hacerlo si la competencia está tan peleada? ¿Si es tan difícil?
Nosotras hemos padecido “lack of power” por más tiempo, pero las peleas de tantas mujeres rinden frutos. La ventaja es que nacemos con ella, con “lack of power” y es más lógico avanzar desde algo que no se tiene o no se tuvo, que encontrar algo que se ha perdido. Quizá por esta razón los hombres están tan enojados. Enojados con ellos mismos, con el mundo, con otros hombres y con nosotras… aunque nada justifica que desquiten todas sus frustraciones en los cuerpos de mujeres, maltratándolas, humillándolas, violándolas, quemándolas, hiriéndolas, desapareciéndolas, arrancándoles alguna parte del cuerpo e incluso la vida.
Debemos apuntar hacia otro camino, uno en el cual el poder no sea símbolo de potencia, virilidad y existencia. Uno en el que, hombres y mujeres, seamos capaces de desarrollar libremente nuestra personalidad sin necesidad de pisotear o lastimar a nadie más. Un mundo nuevo, desconocido. Un mundo ideal.