Ha sido día de los muertos y a tres años de distancia aún no se aclara y menos se hace justicia en el caso Ayotzinapa lo que es muy grave. Desde ese entonces y hasta ahora, los niveles de inseguridad, de corrupción e impunidad siguen creciendo.
Escuché nuevamente una mesa política en la que Sergio Aguayo, Lorenzo Meyer y Denise Dresser, a un mes de distancia de los hechos de Ayotzinapa, comentaban que este caso provocó en realidad un reparto de culpas y disculpas entre los diferentes partidos y los actores políticos.
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Todos los partidos, representados con diversas autoridades, nada han hecho y todo ha sido discursos, nada que permita resolver el caso ni con una “verdad histórica” que se derrumbo rápidamente. El Estado representado por diversos actores políticos, ha sido omiso e irresponsable en este ese caso y en muchos más, que hemos ido conociendo desde esas fechas hasta ahora.
El año siguiente es un año electoral y todos los partidos se están preparando para ello, comentaban que uno de los problemas de fondo es el método de reclutamiento de los candidatos de elección popular, porque pepenan lo que les cae y abundan los oportunistas que han hecho de la política una forma de vida.
Sergio Aguayo comentó: “cuántas cucharadas de corrupción puede uno ingerir sin contaminarse” a lo que Meyer replicó: “la política es una mezcla en donde abunda la corrupción y son pocos los que se salvan de ella”.
Lo anterior, es importante reflexionarlo por la forma en la que se ha hecho política en México desde hace muchos, tantos que pareciera que no hay otra manera que permita mejorar las decisiones que permitan encauzar a nuestro país.
Es cierto que la mayoría de los mexicanos sabemos que existe corrupción, pero la gran pregunta es: ¿Cómo nos deshacemos de ella, o cuando menos, cómo la contrarrestamos? Tarea nada fácil pero tenemos que encontrar la manera de limitarles a los políticos ese instinto depredador. Eliminar la corrupción en este momento no es una opción real, pero si buscar las estrategias adecuadas para empezar a limitarla.
Al no encontrar resistencia en la propia sociedad, nos hacemos todos cómplices de la corrupción: por un corrupto no se vota, con un corrupto no se negocia, con un corrupto no se convive, a un corrupto hay que aplicarle toda la fuerza de la ley, sin miramientos, simulaciones y manipulaciones porque si no es así, de alguna manera estamos involucrados, somos parte de la corrupción.
¿Cómo podemos salir de ella? Aprendiendo a ganar lentamente ciertos espacios, exigir la aplicación de la justicia “conviviendo tal vez con el infierno” ha expresado Lorenzo Meyer.
Fidencio Aguilar, ante el comité de selección del Comité Estatal de Participación Ciudadana del Sistema Estatal Anticorrupción argumentaba que: “Lograr que la sociedad civil, especialmente los jóvenes universitarios, sean aliados de una nueva cultura de combate a la corrupción e impunidad. Con esta sintonización con la sociedad civil estaremos legitimando estas instancias del mencionado Sistema Anticorrupción y generaremos una nueva ética y una nueva cultura de la función pública”.
Y sí, en los jóvenes tenemos la esperanza de que sean los mejores aliados en esta lucha. Ojalá y en esta selección de los mejores perfiles realmente queden los idóneos, porque tenemos que intentar limitar el poder de los políticos y que, ese discurso que tanto pregonan de estar a favor de las causas ciudadanas, sea congruente con sus hechos.