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OPINIÓN

Los docentes ante la violencia

Los entornos que afectan a los espacios educativos. Violencia generada por corrupción e impunidad.

María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Viernes, Octubre 27, 2017

Varios acercamientos a escuelas de educación básica (especialmente secundarias) y de media superior me han inspirado para escribir este artículo, en donde se hace evidente la necesidad de admitir y en su caso actuar, ante una realidad sumamente compleja  que enfrentan los docentes: la violencia en las escuelas.

La inseguridad y en especial la violencia  plantean nuevos retos  para el trabajo de los docentes y para su vida personal, especialmente en ciertas regiones, porque las estrategias de acciones que pudieran considerar están sumamente   limitadas,  además de que existe la ausencia o muy poco apoyo institucional.

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En la revista 158 del IISUE-UNAM, encontré un artículo de Ernesto Treviño Ronzón: “Atravesar el riesgo. Los docentes frente a la violencia en Veracruz”. En él  se abordan  algunas implicaciones que ha traído consigo la violencia delictiva experimentada en la región centro del estado de Veracruz, para los profesores y las comunidades escolares de educación básica en  las que trabajan.

Al leerlo, me vinieron a la mente las situaciones que experimentan muchos maestros también aquí en Puebla, donde los docentes enfrentan  situaciones de inseguridad y riesgo y que aun  ante ese contexto,  actúan tratando de cambiar esa realidad

El estudio sobre  la violencia en y en torno a las  escuelas muestra ya diferentes aproximaciones. Es cierto que el mayor énfasis se ha hecho en el acoso escolar y en las dinámicas de convivencia en las escuelas, pero recientemente se han incorporado discusiones sobre otras modalidades de violencia como las asociadas a las actividades delictivas que rodean a los centros escolares y que impactan en la comunidad escolar.

La violencia puede entenderse como un  tipo de discurso que incluye palabras, oraciones o gestualizaciones; muestra una forma de  entender y producir relaciones y personas en  contextos cargados de significados. Más allá de  las definiciones según algún marco normativo,  es clave establecer cómo las personas la significan, la procesan, la colocan en una red de relaciones y a través de ello, se explican a sí mismos, a otros y guían su actuar frente a sí mismos y  frente a otros (Treviño, 2017).

En esta investigación, se asoman las vivencias de los docentes y del colectivo escolar que se presentan muy complejas,  marcadas por robos, noticias de agresiones y testimonios de  delincuencia en el entorno. Algunas implican  el condicionamiento de la asistencia de los  profesores y estudiantes a las escuelas. 

Los testimonios se leen rápido y  puedes pasarlos sin analizar,  pero detrás de ellos hay un escenario increíblemente complejo. Ese entorno delictivo genera tensión que  deriva de una superposición de hechos: asesinatos, robos con violencia, atestiguamiento de agresiones y también del juego de la “excepcionalidad”, es decir, de la condición de que en  tanto profesores, “quedan libres”.

Ese entorno además, se extiende cronológicamente y adquiere densidad en la subjetividad de cada una de las personas: cómo lo piensan cómo lo perciben, cómo lo sienten y  cómo actúan.

En  las diferentes secciones del artículo que hoy comento,   se pueden leer esas  dinámicas de violencia que se viven en algunas comunidades escolares. En ellas, siempre se hace  referencia al  riesgo,  ya que estas comunidades escolares objeto de estudio, viven bajo un sentimiento que anuncia la probabilidad de consecuencias mayores. Saben también lo que implica arriesgar algunos de los aspectos más valiosos de la educación: el vínculo pedagógico, la relación entre escuela y comunidad o  la posibilidad de pensar en un futuro donde la violencia no sea la ruta o el destino fatal de sus proyectos de vida.

En esta  investigación se muestra cómo los docentes viven de manera cotidiana hechos graves que parecen haber  asumido, pero no a través de una aceptación  resignada ya que  aunque son sujetos del miedo  y de la incertidumbre, también buscan resistir a  los sistemas de poder que se ciñen sobre ellos.

Y así como ellos muchos otros docentes en este país, incluyendo en este Estado, que trabajan en condiciones desfavorables; si bien, este estudio se realizó en una de las regiones más violentas de Veracruz ¿acaso no se han multiplicado a últimas fechas ese tipo de regiones? No cuentan con un apoyo institucional relevante, pero siguen trabajando con la convicción de que es  posible vivir de otra manera.

En el artículo se recomienda  que debe  continuarse la conversación pública sobre la violencia para tratar de combatirla, porque  si bien la violencia está vinculada con problemas como la corrupción y la impunidad, se debe de combatir de manera sistemática ya que  está marcando a toda una generación en nuestro país y es prioritario prevenir que no exista una más sometida a esta imborrable marca.

Es sin duda una tarea colectiva, en donde la educación tiene una función estratégica, porque  hay que prepararse y ofrecer de manera sistémica a los centros educativos el apoyo institucional y ciudadano que se requiere, de otra manera, la escuela y sus maestros, no pueden solos. 

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