Ante la posibilidad de que el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) desaparezca, hemos escuchado un coro de ingenuos optimistas que argumenta que no pasa nada, que México es innovador, que el mundo nos espera con los brazos abiertos, que tenemos una enorme red de tratados comerciales desaprovechados, que la respuesta está en el mercado interno, en fin, una serie de sandeces. El propósito tanto de políticos como de empresarios, unidos a “analistas” que escriben con el corazón y no con la cabeza, es que no cunda el pánico. Tratan de minimizar el asunto por temor a que el peso sufra las consecuencias o que disminuya la inversión extranjera. Es decir, al ocultar la verdad defienden intereses precisos. Mi opinión es dolorosa, como resulta ser la realidad: no hay alternativa al TLCAN.
Varios son los analistas que desde tiempo atrás han argumentado que México ha desarrollado una “adicción” al TLCAN. Es obvio que así ocurriera. Tenemos al lado el mejor mercado del mundo, a lo largo de 3,000 kilómetros de frontera y con un tratado comercial que nos otorga ventajas extraordinarias. Es obvio que la lógica económica nos orienta hacia Norteamérica. Sólo un estúpido intentaría abrir mercados en Macedonia o Kirguistán cuando los mayores consumidores del mundo son nuestros vecinos. Es la dictadura de la cercanía. ¿Para qué ir por el mundo buscando lo que tenemos en casa?
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Contamos con un inmenso superávit con Estados Unidos. En oposición, mantenemos un déficit en los acuerdos comerciales más importantes después del TLCAN, que son los firmados con Japón y la Unión Europea (UE). Algunos supuestos analistas argumentan que hay que acercarnos más a Europa. Terrible error. Un aumento en el comercio con Europa, que ya es deficitario, sólo incrementará nuestros problemas. Es decir, mayor déficit. Lo mismo ocurriría en el caso de Japón. Además, inteligente lector, tome en cuenta que en el mercado de la UE no podríamos derrotar a países como Turquía, muy similares a México tanto en economía como en su oferta de productos. Los turcos están más cerca de la UE que nosotros. Es como si ellos intentaran competir contra México en Norteamérica. La distancia incrementa los costos y éstos son fundamentales cuando compiten economías similares. Lo mismo ocurriría en el caso del mercado japonés. México tendría que enfrentar a tigres y dragones asiáticos que, no sólo son eficientes, sino que cuentan con la geografía a su favor.
Usar la red de tratados comerciales de México para compensar al TLCAN es un argumento más que simple. Piense en nuestros acuerdos. ¿Son los centroamericanos, chilenos, colombianos mejores clientes que los texanos? Coloque un producto mexicano en Israel, país con el que tenemos un acuerdo, y compare el costo de colocarlo en Texas. No hay opción. Cualquier alternativa será mucho peor, tanto por la geografía como por la capacidad de consumo.
Sobre el mercado interno no quiero abundar, pues ya he escrito al respecto en otra colaboración. Lo único que puedo recordarle es que los mexicanos no van a incrementar su capacidad de consumo de la noche a la mañana. Es decir, el poder del consumidor mexicano tiene límites. No se puede incrementar, a menos que se haga artificialmente, con gasto gubernamental y crédito al exceso, lo que nos llevaría a una catástrofe económica.
Así que, lamento decirlo, no le crea a tanto optimista que, o peca de estúpido, o no lo quiere asustar. No hay alternativa al TLCAN. Por supuesto que México no se acabará si el tratado muere, ya que podremos comerciar protegidos bajo las reglas de la Organización Mundial de Comercio. Sin embargo, este escenario nunca será mejor que el que tenemos ahora. Así que encienda sus veladoras y ruegue para que el TLCAN sobreviva a la furia de Trump. En una próxima colaboración le comentaré cómo nos tenemos que bajar los calzones en la negociación para que el tratado sobreviva. De orgullo no se come.