El doctor Enrique Doger ya le puso el cascabel al gato.
Es decir, ya les dijo de frente y con números a los líderes del PRI, lo que les depara el destino si se equivocan.
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Y se los demuestra con peras y manzanas. Son una serie de cuadros estadísticos y un sondeo de opinión, en donde, como buen médico, exhibe la radiografía del tricolor.
Expone con estadísticas y números, fáciles de comprender, que el PRI va en picada en la votación en Puebla. En estado y municipio, es la misma tendencia.
Anticipa objetivamente que la esposa del exgobernqador Moreno Valle, Martha Erika Alonso, hoy en día tiene una preferencia de voto del 17 por ciento, y Doger del 10. Pero la primera tiene un rechazo del 25 por ciento, y él sólo del 19 por ciento.
En las elecciones presidenciales recientes, cita el documento, el PAN ha tenido una votación creciente consistente, pero en la última de 2012, la votación de López Obrador fue impactante con 860 mil sufragios.
Más llamativa es esta cifra frente al largo historial de PRI y PAN.
Es decir, Morena tiene en Puebla (el padrón poblano es el quinto más grande del país) un bastión muy grande, y ello significa un arrastre en cascada para todos los candidatos con la misma marca.
Por todo esto, Doger no riñe con los demás partidos. Afirma que todos son altamente competitivos pero que la historia del voto poblano reciente los coloca en una posición muy superior al PRI.
Por lo tanto, remacha que si su partido se equivoca al postular candidatos, a la gubernatura y alcaldía, va a la derrota. Subraya la importancia estratégica de Puebla capital y toda la zona conurbada: aquí se concentra el más alto número de votantes de todo el estado, de tal manera que quien gane esta demarcación geográfica obtiene la gubernatura.
Y abunda en números: él como presidente municipal electo en 2004 obtuvo 242 mil sufragios, mientras que sus sucesores (algunos con derrotas) alcanzaron apenas: Blanca 224 mil; Montero 201 mil; Marín 166 mil; y Julián y Nácer 158 mil.
Los gobernadores priistas siguen la misma tendencia: Melquiades ganó con el 54 por ciento; Marín bajó a 49 por ciento; López Zavala obtuvo el 40 por ciento; y Blanca el 33.5 por ciento.
Es decir, Doger pone a hablar a las cifras y la narrativa es sumamente negativa para el PRI.
Él resulta el mejor posicionado entre todos los aspirantes priistas, algunos con porcentajes hasta el fondo de la tabla. Pero todo dentro de un paisaje nada halagüeño para el tricolor.
Con todo este material, el delegado del IMSS reitera que a su partido sólo lo salvaría una acertada decisión de su candidato a la gubernatura, una equivocación sería fatal. Pero además, el postulado tendría que hacer una extraordinaria campaña, con el recuento de daños del pasado gobierno, que como combustible es extraordinario.
En su reciente charla con periodistas, el doctor Doger hizo alarde de conocimiento de la historia electoral reciente de Puebla, no con autosuficiencia, sí con destellos de ironía, característica que es parte de su personalidad.
Acaso mostró un flanco de su temperamento que también ha sido una constante y que no le resulta favorable: ante un juicio adverso fácilmente se prende. Exhibe mecha corta.
Cuando esto sucede, a quien él juzga incómodo (periodista o político, de casa o adversario) él le lanza un dardo envenenado. El síndrome de perseguir al mensajero y no enfrentar al mensaje.
Un asunto menor que podría manejar con habilidad retórica, diplomacia o el talento que sin duda tiene, lo exhibe como poco tolerante, refractario a un punto de vista adverso.
Y eso, en un político, un candidato o un gobernante, es altamente perjudicial.
El verbo es arte si está conectado firmemente al cerebro y el individuo es virtuoso.
Recurrir al buen uso de la dialéctica es lo que marca el librito.
DELEGADO DEL PRI.-Apenas recién aterrizado en Puebla, el delegado nacional del PRI, el senador José Olvera Acevedo, tiene muy claro ya el mapa político de Puebla.
Él es una liebre muy escopeteada.
Oriundo de Zacatecas pero con andanzas en otros estados, ha alternado cargos políticos y escenarios adversos y sabe bien el terreno que pisa aquí. Tiene claro que el panorama nacional para su partido es terrible, con el avance Morena que no se puede tapar con un dedo. Así lo admite sin susto ni sobresalto.
Se define en Puebla como un facilitador para sus compañeros y aspirantes a la gubernatura. Tiene claro que la próxima elección del 18 significa no solo el futuro de Puebla sino el suyo propio. Toda su carrera está en juego, y su destino personal como político. Vive de tiempo completo la próxima elección y para él las campañas hace buen rato que empezaron.
Fija como punto clave para ganar la gubernatura un acuerdo serio, maduro y responsable de todos los aspirantes y las fuerzas que representan. Esta fórmula ya la probó en otras partes del país, la tiene muy clara. Sin este paso, la victoria no estará en el horizonte.