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Erich Fromm y la ausencia del yo | Germán Iván Martínez
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Erich Fromm y la ausencia del yo

Germán Iván Martínez

Doctor en Enseñanza Superior por el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos y licenciado en Filosofía por la UAEMéx. Se ha especializado en formación docente y gestión educativa. Actualmente, es subdirector Académico de la Escuela Normal de Tenancingo.

Jueves, Julio 20, 2017

En El miedo a la libertad Erich Fromm puso como tesis central la idea de que el hombre moderno no ha ganado la libertad en un sentido positivo; es decir, en el de la realización de una individualidad vinculada con la expresión de su potencialidad intelectual, emocional y sensitiva. Advertía que vivimos en un medio enajenado y enajenante en el que prevalece una falsa conciencia que nos lleva a vivir despreocupados por una vida que se vuelve cada vez más impersonal y mecanizada.

En Erich Fromm y la naturaleza humana, Ramón Xirau escribe dos textos sobre este filósofo y psicoanalista nacido en Alemania y uno más en coautoría con él, que se publicó originalmente como estudio introductorio del texto The nature of man, aparecido en Nueva York en 1968 bajo el sello editorial Macmillan. En éste afirman que las ideas de “naturaleza humana” o “esencia del hombre” comenzaron a ser cuestionadas por la historia, la antropología y la biología pues suponían una naturaleza fija e inalterable del ser humano. Estas ciencias, al tiempo que echaron por tierra tal supuesto, abrieron asimismo la posibilidad de una postura antagónica: la ausencia de una característica común a los hombres. Para salvar la dificultad, pensadores como Ortega y Gasset sostuvieron que “aunque el hombre no tiene esencia, sí tiene, en cambio, consistencia”. En este sentido, dice Xirau, la libertad pertenece a la esencia del hombre y es uno de sus atributos esenciales; otros son la razón, la capacidad de producción, la formación de organizaciones sociales y la capacidad de crear símbolos.

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En este libro Xirau subraya un punto crucial en el pensamiento frommiano: “frecuentemente no queremos ser libres”; nuevos ídolos nos cosifican, enajenan y anulan nuestra libertad. Fromm la entiende “como forma de vida y de amor a la vida, más que como una teoría”. Xirau asegura que Fromm concibe al hombre como un ser contradictorio y conflictivo que no tiene una naturaleza fija sino una condición ambivalente: persigue una libertad que desea por ser hombre y rehúye por tener miedo. Afirma también que “la persona humana no fue nunca para Erich Fromm un ser abstracto y robotizado, sino un ser vivo, adolorido, pero también capaz de alegría y gozo, de amor intelectual”. En la obra de Fromm, dice Xirau, la libertad, el amor y la “experiencia x” (la experiencia místico religiosa) son centrales. Respecto a la primera, el autor enfatiza que no puede haber libertad de si no hay antes libertad para; esto es, que la elección entre alternativas reales y concretas es condición de todas las libertades (libertad de expresión, de asociación, de prensa, de conciencia, de cátedra, etc.). Por lo que toca al amor, baste decir que Fromm utilizó la palabra biofilia para referirse a un respeto y amor por la vida y lo vivo, frente a un impulso antitético de destrucción y muerte que también subyace en nosotros: la necrofilia. La “experiencia x” implica tomar la vida como problema existencial; también una jerarquía de valores y la experiencia de la trascendencia. Trascender significa “ir más allá de nuestro ensimismado ego, liberarnos de la prisión del egoísmo” y ser nosotros mismos con los demás. En este sentido, Xirau asegura que en Fromm fue esencial el descubrimiento de la existencia de un carácter social que invita a entender al hombre a partir de la dialéctica individuo-sociedad. Esto lo llevó a concebir la libertad como procesos de liberación histórica, autoconciencia y alternativismo. Hoy, frente a la dependencia, el temor, el individualismo y utilitarismo, las tiranías, la pérdida de identidad de nuestra personalidad y el “peligro de que el hombre pueda olvidar su calidad de hombre”, la libertad que tanto defendió Fromm no sólo es revelación de la dignidad humana sino posibilidad de realización auténtica de la persona. Quizá por ello Romano Biancoli, escribió en otro momento que el pensamiento frommiano es una invitación para volver a la filosofía de la práctica, es decir, a la ética. Volver a ella implicaría pensar la vida, justo ahora que el mundo nos orilla a vivir anestesiados, entumecidos moral y afectivamente. Así, frente a una vida donde se manifiesta la ausencia del yo como enajenación y automatización, la ética busca otra, deliberada y razonada que, en palabras de Fromm, privilegie el ser frente al tener.

 

Nota bibliográfica:

 

Erich Fromm y la naturaleza humana.

Ramón Xirau.

Fondo de Cultura Económica,

México, 2013.

 

[Germán Iván Martínrez es doctor en Enseñanza Superior por el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos –hoy Colegio de Morelos-, miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Ha publicado diversos artículos en revistas especializadas y de opinión. Actualmente es subdirector académico de la Escuela Normal de Tenancingo, estado de México].

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