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OPINIÓN

Los desafíos de la educación en un mundo líquido

Necesaria una educación universal y enriquecedora que dure lo que dura la vida.

Germán Iván Martínez

Doctor en Enseñanza Superior por el Centro de Investigación y Docencia en Humanidades del Estado de Morelos y licenciado en Filosofía por la UAEMéx. Se ha especializado en formación docente y gestión educativa. Actualmente, es subdirector Académico de la Escuela Normal de Tenancingo.

Martes, Septiembre 12, 2017

Zygmunt Bauman (1925-2017) será recordado como uno de los sociólogos más influyentes del presente siglo. Sus reflexiones sobre la posmodernidad y particularmente sobre las consecuencias de la globalización en distintos ámbitos, lo vuelven un referente obligado a la hora de efectuar un análisis del contexto sociopolítico contemporáneo. Como catedrático, este importante pensador polaco advirtió a la humanidad, mejor que nadie, sobre los residuos que ha dejado a su paso la construcción del orden, (impulsada por la Modernidad), los restos del progreso económico (promovidos por un capitalismo rapaz) y los despojos de una condición (la globalización) que parece habernos dejado a la deriva.

Como sabemos, Bauman acuñó el concepto de modernidad líquida y, bajo su óptica, lo que antes era consistente hoy es frágil; lo que en otro tiempo era sólido, firme y duradero, hoy es blando, inconsistente y fugaz. Y no sólo pensó en las relaciones humanas, este concepto también es aplicable a los sentimientos y las emociones, el trabajo y la diversión; y desde luego, a la educación y el conocimiento. Para nuestro autor, aún hoy padecemos los desechos de una época incapaz de reconocer sus propios dilemas: impotencia, indecisión, escepticismo, inestabilidad, temor, inseguridad, precariedad, vacilamiento, desarraigo… Todas son sensaciones que afloran ante las tensiones presentes.

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Respecto a la educación, Bauman la concibe como una estrategia factible para que no se erosionen los conocimientos, habilidades, destrezas y valores heredados de una generación a otra; pero también la piensa como vía para aprender y enseñar el arte de vivir. El propio conocimiento, pensaba, debe reconocer la exigencia de revolucionar de forma permanente para aplicarse a una realidad dinámica, cambiante y compleja. Bauman estaba convencido de que un aprendizaje maquinal (que privilegia la memorización y la repetición) no prepara para la vida. Desde su perspectiva, “una enseñanza de calidad necesita propiciar y propagar la apertura de la mente, y no su cerrazón” (p. 31). Sostiene asimismo que, pese a que los sistemas educativos están sujetos ellos mismos al juego del consumismo, tienen un poder de transformación invaluable. Por esta razón, el modo de vida al que hemos sido abocados por una familia permisiva y sobreprotectora, por unos medios masivos de comunicación que mal informan, persuaden, conmueven y manipulan, puede aún cuestionarse si recuperamos el norte que la educación parece haber perdido; y si, al hacerlo,  recobramos el razonamiento, la crítica y el discernimiento para identificar y destruir falacias; y la capacidad de asombro, la duda, el diálogo, la reflexión y el análisis para pensar, con esperanza, que otro ser humano es posible para un mundo también distinto.

Bauman advierte que este mundo sólo puede mejorar gracias a “una educación universal y enriquecedora que dure lo que dura la vida” (p. 48).  Por ello subraya que “la fuente principal de riqueza y de poder, son actualmente el conocimiento, la capacidad de inventiva, la imaginación, la habilidad de pensar y la valentía de pensar de modo diferente” (p. 58). Todas estas cualidades, agrega, deben ser instigadas por las universidades y potenciadas por los académicos.

Sin embrago, de persistir esta ansia por la novedad (que alimenta un consumismo incontrolado) y la avaricia y codicia crecientes (que mantienen una desigualdad creciente en aras del confort, la felicidad y la diversión), el mundo será insostenible. Precisamos una educación que no sólo instruya, sino que eduque; que defienda la cohabitación pacífica entre personas y naciones, y promueva la cooperación permanente y mutuamente beneficiosa entre individuos y culturas distintas.

Fuente:

Bauman, Z. (2017). Sobre la educación en un mundo líquido. Conversaciones con Ricardo Mazzeo. México: Paidós. 

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