La semana pasada se llevó a cabo en Hamburgo, Alemania, la reunión del G20, los países más industrializados y emergentes del mundo, donde se abordaron temas de interés global, como cambio climático, comercio internacional, terrorismo y migración.
Sería la primera cumbre oficial de Donald Trump -la reunión de la OTAN en Italia fue informal-, quien no dejó de causar polémica. La delegación de EEUU fue fuertemente criticada por dejar a la hija del presidente, Ivanka Trump, al frente de la mesa por momentos en los que su padre no se encontraba. Una ciudadana sin experiencia ni estudios relacionados a la política internacional, a quien sólo justifican sus lazos consanguíneos, lo que se considera una falta de respeto a la política y a la diplomacia internacionalista del país más importante en esa cumbre.
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Lo más significativo fueron los encuentros que tuvo el presidente estadounidense con algunos de sus pares, sobre todo con el presidente ruso Vladimir Putin y el ejecutivo mexicano Enrique Peña Nieto; así como el papel que tuvo la anfitriona Ángela Merkel y el recientemente electo Emmanuel Macron considerado un aliado destacado del bloque europeo.
El encuentro esperado era el que se daría por primera vez entre los presidentes de los países más poderosos del mundo, sobre todo después de la sospecha de intervención por parte de los rusos en las elecciones de Estados Unidos, que supuestamente fueron clave para la derrota de Hillary Clinton. El encuentro al parecer no tuvo sobresaltos a pesar de las acciones cometidas por EEUU en Siria, donde Putin es aliado de Al-Assad.
La reunión Trump-Peña se enfocó en los temas comerciales, donde EEUU se mantiene en el dicho de renegociar el TLCAN, pues a decir de Trump, su país es quien lleva la peor parte en ese acuerdo, y sigue empecinado en su discurso proteccionista, amenazando, que de no renegociar y obtener mayores beneficios simplemente cancelará su participación. Fue hasta al final de esta reunión, cuando surgió la pregunta de los reporteros a Trump, sobre la construcción del muro en la frontera con México y si nuestro país lo pagaría, a lo que respondió “absolutamente”, dejando nuevamente en el aire este polémico tema que pone en aprietos a la diplomacia mexicana que busca sacar provecho de estas reuniones, lo cual sólo se logró, según me parece, en la reunión con la delegación francesa. Tal vez faltó de parte de la cancillería de relaciones exteriores de nuestro país, destacar este evento para restarle importancia a las declaraciones de Trump.
Pero el tema central de la cumbre fue sin duda el cambio climático, un asunto de interés global, en el que los países del G20, a excepción de EEUU están dispuestos a participar, Merkel fue muy clara en sus declaraciones “Donde lamentablemente no hay consenso, hay que reflejar el disenso, no ocultarlo”. La necedad de Trump y su defensa de la energía fósil está alejándolo de la comunidad internacional y poniendo a EU como un obstáculo para alcanzar los objetivos de la agenda internacional planteada en esta cumbre, sobre todo por ser, el cambio climático, un tema prioritario para Europa y para muchas organizaciones no gubernamentales estadounidenses y a nivel internacional, defensoras de los derechos humanos y ambientalistas, algo a lo que tendrá que enfrentarse el presidente norteamericano a su regreso a su país, además del tema de la intervención cibernética de Rusia en EU.
Quien está por capitalizar y tomar el liderazgo en este tema, es Francia, que a través de su presidente Emmanuel Macron, organizará una cumbre sobre el cambio climático en París para refrendar el compromiso político y social de esta causa y aprovechar los reflectores para impulsar su agenda en Europa, al lado muy posiblemente de la recién electa Ángela Merkel.
La actitud del gobierno norteamericano está por consolidar el “G19” o lo que en México sería el TCT (Todos vs Trump).