Un día empuja a otro día, y nuevas lunas se apresuran a morir.
Horacio
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Hace unos días dejó este mundo Giovanni Sartori, tenía 93 años de edad. Fue uno de los pocos politólogos y estudiosos de las ciencias sociales de mayor fama del siglo XX por sus conocimientos y reflexiones nuevas, acordes con los cambios que se presentaron durante el siglo pasado y principios del presente.
Fue un intelectual famoso y murió como todos. Hasta ahora no ha habido un ser humano que haya sido inmortal, excepto, Jesucristo que sí resucitó, pero al fin era Dios.
Sartori tuvo influencia en varias generaciones por sus muchos libros que publicó: ¿Qué es la democracia?, en 1993; el Homo Videns, en 1997; La Tierra Explota: Superpoblación y Desarrollo, en 2005; los más recientes, La Democracia en 30 lecciones, de 2008 y el ultimo, La Carrera hacia ningún lugar, de 2016.
La doctrina de Sartori tuvo influencia como la de Platón y la de Aristóteles en la edad antigua, que ciertamente contribuyeron con nuevos conceptos en el conocimiento humano o la de San Agustín y Santo Tomas de Aquino, que influyeron en el mundo con las concepciones del mundo durante la edad media o las teorías de: Leibniz, Kant, Hegel, Marx, Sartre y muchos otros, que revolucionaron los conceptos en los quince siglos anteriores.
Sus teorías fueron siempre novedosas, pero ninguna cambió la organización de las sociedades de su tiempo.
Han sido intelectuales destacadísimos, pero no han podido transformar las estructuras sociales, porque no han ejercido el poder y porque los cambios de épocas dependen fundamentalmente de los procesos de producción.
Es muy claro que para cambiar el mundo es necesario poseer el poder. Carlos Marx expuso sus concepciones y originó con Hegel y Lenin una organización social distinta a la capitalista, pero más no pudieron.
Sartori ha sido un autor influyente. Es estudiado en todas las universidades del mundo occidental e incluso en las instituciones orientales. Estudian sus teorías en las universidades más famosas, incluidas las de las iglesias, y las de la iglesia católica. Los estudiantes de licenciatura, maestrías y doctorados de Ciencias Sociales también se ocupan de profundizar en la doctrina de Sartori. Este ha influido porque con gran puntualidad ha señalado las desviaciones de las sociedades actuales y el dominio de agentes diversos que han rebasado las facultades de los estados.
Quienes estudian maestrías y doctorados de esta rama del conocimiento humano, sí profundizan en sus teorías y doctrinas, pero hasta ahí, nada más, porque no pueden cambiar el mundo aunque sean doctores y aun cuando hayan llegado a ser diputados o senadores, e incluso ministros y secretarios de estado, porque la gran fuerza que hace que la sociedad se organice de una o de otra manera, no son las teorías o las doctrinas de estos hombres de grandes inteligencias.
Son los grandes capitales y el poder los que han definido desde siempre el modo de composición de las sociedades humanas.
Ahora en estos años ciertamente el Homo Videns, esto es, el hombre que ve, influenciado por los grandes medios de comunicación que por sí mismos o al servicio de los grandes capitales dan las directrices de la organización del estado y de las estructuras jurídicas que han de ser la garantía de la preservación de los modos de producción.
Sartori logró subrayar la importancia de esos medios de comunicación, pero no alcanzó a influir en la modificación del desempeño de ellos en función de los intereses de los grupos sociales en desgracia, estos es, de los pobres, de los excluidos, de los millones de desempleados del mundo.
Sartori es conservado en la memoria de muchos, pero no más. Donald Trump seguramente no lo habrá leído y si lo escuchó, entendió que las cosas eran al revés de lo que él afirmaba. Trump está en su propio camino y en sus propias concepciones: cómo obtener la máxima ganancia, cómo lograr más capital, cómo ampliar el mercado, no importando que haya que asesinar multitudes.
Sartori ya no escucha, ya está muerto y sus discípulos seguramente no podrán hacer comprender sus ideas, por eso los que gobiernan hacen lo que la fuerza del poder les obliga.
Hay casos recientes como el de Maduro, Daniel Ortega, Lenin Moreno o el propio Putin. Todos unos y otros se han envuelto en la bandera de la “democracia”, no importa que la ejerciten por la vía de los obsequios de los recursos públicos, con la comparsa de casi todos los medios de comunicación y una buena parte de las redes sociales.
Sartori escribió acerca del Homo Videns y también desenmascaró, en sus teorías, las falsas democracias en las que se ocultan las mayores perversidades de los seres humanos con fines de acumulación de capital, por las buenas o por las malas.
Lo importante es mantener el poder, cueste lo que cueste, porque a través de él casi todo se puede.
En otro artículo hablaré de otro autor contemporáneo, Byung-Chul Han, que ha publicado entre otras obras: La sociedad de la transparencia, En el enjambre y La sociedad del cansancio.
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