Estimado lector la muerte de abejas productoras de miel (Apis mellifera) sigue en todo el mundo, pero se ha acentuado el fenómeno en Norteamérica. Es probable que recuerden las noticas de hace un par de meses de que en México estaban desapareciendo las abejas sin dejar rastro. Recientes estudios en los Estados Unidos de América han reportado un fenómeno similar en abejas que no regresan al panal o que están muy débiles y mueren poco después. La muerte de abejas tiene dos consecuencias económicas y agrícolas, ya que se deja de producir miel, propóleo y cera de abeja, por una parte, y por la otra muchos árboles frutales y vegetales de hoja verde dejan de ser polinizados y por ende se pierde la producción de los mismos.
¿Quién es el responsable que el 44% de las colonias de abejas hayan desaparecido? Todo apunta que es el uso de pesticidas como son los neonicotinoides (denominados neonic) y siendo los principales clotianidina e imidacloprid. Un estudio reciente de la Universidad de Pensilvania muestra que la exposición de los neonic hace más susceptibles a las abejas a enfermedades virales o al patógeno intestinal Nosema. Y en otro estudio en Francia por el Dr. Henry ha mostrado que estos pesticidas alteran la capacidad de navegación y orientación de las abejas, lo que impide el regreso al panal y a partir de esto la desaparición de colmenas.
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Por otra las compañías que producen los pesticidas como Bayer y Syngenta reportan que en estudios en los campos de cultivo no se ha probado que los neonic produzcan daño a las abejas. Lo importante es que los campos sembrados con maíz, algodón, soya y canola son fumigados con estos insecticidas desde la puesta de los granos en lo suelos agrícolas y que esto debe resolverse pronto. Seguramente estudios científicos serios, bien planeados y que involucren distintas regiones ayudarán a que pronto se recuperen los miles de colmenas perdidas y que en nuestra mesa podamos seguir disfrutando de la miel producida por el trabajo de miles de abejas obreras.