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OPINIÓN

Los fraccionamientos cerrados: la vuelta a la ciudad amurallada

Lo intersubjetivo. La co-experiencia. Las casetas de seguridad. Retenes a los trabajadores. Los otro

Francisco José Anaya Rodríguez

Máster en Filosofía. Profesor universitario. Analiza la realidad social y política desde las Humanidades y las Ciencias Sociales. Además de en e-consulta escribe para el portal USMEXCHINA.

Martes, Febrero 21, 2017

El miedo es el primer arquitecto y urbanista de México

Las ciudades se mueven en el horizonte de lo inter-subjetivo, en el ámbito de los fenómenos de la «comunalización», por ello sus características sólo son «comunitariamente comprensibles»(1)[1]. Esto quiere decir que todo habitante de una ciudad es co-habitante. Ser co-habitante implica, por una parte, ser co-experienciante de los espacios al interior del espacio total de la ciudad y, por otra parte, co-productor de dichos espacios.

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Respecto a la co-experiencia podemos decir que todos percibimos algunos aspectos de los espacios que conforman la ciudad mientras que otros nos quedan vedados en el trasfondo de lo urbano. Pongamos por ejemplo un fraccionamiento cerrado. Hay aspectos del espacio y de las dinámicas internas del fraccionamiento que se encuentran vedados a la experiencia de los residentes, en cuanto residentes. El fraccionamiento también se constituye por el interior de las casetas de seguridad, los retenes matutinos y vespertinos a los trabajadores domésticos, las líneas de espera que padecen proveedores y visitantes, etc. Un mismo espacio, modalidades distintas de experimentarlo: residente, servicio doméstico, guardia, visitante, etc. Modalidades fundadas o al menos afectadas por el miedo.

Por otra parte, y como ha señalado Roberto J. Walton, “la intersubjetividad no es sólo la comunidad de seres humanos presentes dentro de un mismo campo perceptivo, sino también un horizonte abierto de ausentes”(2) [2]. Hay miles de Personas que están fuera de nuestro campo de habitación habitual, pero en el mismo horizonte de simultaneidad. Sin embargo, un buen número de objetos en nuestros campos de percepción refieren la co-habitación de los otros-extraños. Volviendo a nuestro ejemplo del fraccionamiento, los muros que lo circundan, las casetas y cámaras de seguridad, nos remiten a otros ausentes, pero considerados como hostiles a la hora de edificar. El miedo hace que el extraño se convierta en sinónimo de hostil y que se edifique bajo ese presupuesto.

El fraccionamiento se erige bajo el paradigma de la ciudad medieval: rodeada por muros, considerando al otro como amenaza. El aumento de los fraccionamientos cerrados en nuestro país nos señala que el miedo es el primer arquitecto y urbanista de México. Con ellos nuestras ciudades se convierten en el espacio común de las des-comunión por el miedo.

 

[1] Roberto J. Walton.: Intencionalidad y Horizontalidad. Colección Fenomenología y Hermenéutica. Editorial Aula. Cali, 2015. Pág. 339.  

[2] Ibid., p. 394.

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