Para cualquier observador externo, es notorio que algo se ha movido, y para bien, en Puebla. Hasta hace muy poco, la Chula Puebla representaba, para el observador ajeno a la entidad, tradición, sabor a provincia, sabor a pasado. Glorioso, pero pasado. Para el observador externo, el político de Puebla se sintetizó en la voz aguardentosa, la expresión de la corrupción diciendo: “Mi Gober Precioso”. Contra ese antecedente, @RafaGobernador luce como estadista.
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Para el observador externo, lugares como Puebla, Querétaro, Guanajuato o Aguascalientes, representan hoy al México que podemos ser. Son esos observadores quienes no ven nada mal que alguien como Rafael Moreno Valle pueda ser candidato, y eventualmente, Presidente.
Además del antecedente, tenemos otros referentes. Junto a los gobernadores de los vecinos del Sur, Veracruz, Guerrero, o Morelos, Moreno Valle recuerda mucho al Fox gobernador, o incluso más.
Hay luces y sombras que mencionar del legado de @RafaGobernador. De las luces, el lector está muy informado. El propio gobernador se ha encargado de hacerlo saber en todo México, destacando sus anuncios en las finales de futbol y futbol americano en todas las cadenas. Pero también los principales medios impresos y electrónicos, que en virtud de ensalzar diariamente la imagen del gobernador, cuentan con sólidas finanzas.
Se incluye la renovación física de vialidades. Hospitales. Atracciones turísticas. Desarrollo de la industria automotriz. Se usen o no, tengan sentido o no. Cuesten lo que cuesten. Se paguen cuando se paguen. Lo pague quien lo pague.
Hoy Rafael Moreno Valle quiere ser Presidente. Junto con él, a la enorme mayoría de los poblanos, hay que decirlo con claridad, le gustaría verlo en la Silla. Si me lo preguntan, es posible que junto al actual Presidente, el aún gobernador luzca como estadista. Ni sus grandes críticos cuestionan el avance en materia de salud o educación. Eso es bastante más de lo que se puede decir a nivel nacional.
Hay sin embargo al menos tres temas grandes en qué pensar, por parte de las sombras. Mencionaremos por áreas. En lo político, seguridad pública y cultura de la legalidad. En lo económico, transparencia y deuda. En lo social, pobreza y desigualdad.
La primera área, es crucial si hablamos de que México es un país en llamas. La ciudad de Puebla es casi una isla de cierta calma en medio de este país. Hay muchas especulaciones cuando se le pregunta a empresarios y a funcionarios a qué se debe este clima. Muchos hablan de un pacto entre criminales para salvaguardar a la ciudad como zona neutral. A nadie se le ocurre pensar que las fuerzas del orden son eficaces.
Cuando uno piensa en las fuerzas del orden, hay corrupción, atraso en la formación de recursos humanos, y rezago tecnológico y administrativo. Una sociedad que no ve como prioridad el respeto a los demás. Baste con que se descompongan los semáforos para que el observador se percate de ello. Pero además se jugó con la ley, como muestra un congreso “plural” a la orden del gobernador. La ley bala y la ley mordaza como prueba de ello. Los presos políticos.
Llama la atención el anuncio de que hubo una guerra frontal contra los tlachicoleros. Policías federales aseguran que el negocio grande en Puebla es justamente, el tráfico de combustible. El crimen organizado rodea la ciudad, y los recientes saqueos muestran que debemos sólo a la Providencia que aún haya comercio libre en la zona metropolitana. El incendio de La Oveja Negra sugiere que el cobro de piso llegó al centro de la ciudad. Y que no hay quien nos proteja.
En materia económica, un grupo de observadores ha enfatizado que hay, al menos, opacidad discrecional en el manejo de las PPS. Lo poco que se sabe indica que hay, al menos, 47 mil millones de pesos de pasivos. Cualquier financiamiento tiene un interés, que por bajo que sea es improbable que llegue a un dígito, anual. De modo que pasivos a 20 años representarían al menos 100 mil millones de pesos a pagar.
Hasta eso que el problema puede que no sea el dinero a pagar. La voz oficial ha dicho “hagan de cuenta que es una renta”. Puede ser. Pero no sabemos cuánto se va a pagar, o cómo se decidió en qué se va a pagar. O si había alternativas.
Pronostico que si Moreno Valle es Presidente, debe estar pensando en un gran puente en el Nevado de Toluca, o ¿qué tal uno que vaya de Tamaulipas a Campeche? ¡No hace falta! Clama el coro griego. Bien. Tampoco hacía falta uno en Cholula. O un puente elevado en la federal a México, sino más carriles. Y ahí los tenemos. Chulos que se ven los puentes. Casi parece Nueva York.
La tercera área es la pobreza y su hermana la desigualdad. Puebla creció en el sexenio por encima del promedio nacional. No demasiado, pero creció. Enrique Cárdenas ha mostrado datos que indican que el costo de construcción con el que se cambió la fisonomía del estado fue elevado. Cualquier teoría de negociación muestra que detentando los contratos es posible bajar sustancialmente el costo. Pero no fue el caso.
Así que si quienes se dedicaron a la construcción con los contactos correctos, hicieron crecer su fortuna personal. O quienes estuvieron cerca del poder. En cambio, el resto quedó igual. De hecho no, porque la pobreza en Puebla creció, y si bien es cierto que la pobreza extrema relativa decreció, creció en el número absoluto de pobres. Como consecuencia, mayor riqueza no generó menor pobreza.
¿Conclusión? Si los resultados alcanzados en Puebla son el antecedente nacional. Con Rafael Moreno Valle como Presidente, México luciría hermoso. Habría más carreteras, puentes, museos. Hospitales. Atracciones turísticas. Desarrollo de la industria automotriz. Se usen o no, tengan sentido o no. Cuesten lo que cuesten. Se paguen cuando se paguen. Lo pague quien lo pague.
No se resolvería el tema de seguridad pública que urge a México. Tampoco habría una mayor distribución de la riqueza. Ni mayor equidad, legalidad, transparencia. Justicia de género. Los más ricos, ganarían más. Es posible que eso sea mucho mejor de lo que tenemos actualmente.