Para quienes se explican los cambios estructurales en las sociedades a través de la teoría del péndulo o de los ciclos, para el caso mexicano fue emblemático el año 2010, ni nueva revolución, ni levantamiento armado apareció, nuevamente el año 2017 justo cuando se cumplen 100 años de promulgada la vigente Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, así como el nacimiento de una nueva entidad, que es la Ciudad de México con su nueva Constitución, se convierte en otro factor que incentiva los “presagios de un próximo estallido social”, la chispa que incendiara la pradera es el gasolinazo anunciado por el gobierno federal.
Enojo, repudio, impotencia, criticas acidas se han vertido contra la decisión tomada desde la elite tricolor gobernante de aumentar el precio de la gasolina, le han seguido bloqueos, plantones, cierre de calles, saqueos y rapiña, en la vorágine aparecen llamamientos a realizar una marcha nacional, manifestaciones locales así como un conjunto de medidas que circulan en las redes sociales. Todo ello tiene un rasgo distintivo, son espontaneas, aisladas, desorganizadas, sin rumbo para encausar el descontento social que se traduzca en acciones de gran movilidad social y diversificación de formas de organización que converjan en un movimiento nacional organizado que trascienda mas allá de la coyuntura, donde la diversidad rasgo distintivo de las sociedades plurales haga posible que lo heterogéneo se vuelva homogéneo consensando demandas centrales de corto plazo viables y un plan de acción de desobediencia civil.
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Ante la crisis de representación de los partidos políticos, corrupción e impunidad imperantes, la descomposición social se expresa como una crisis de valores, socialmente los linchamientos son una de las expresiones de los ciudadanos de hacerse justicia por su propia mano ante la incapacidad de los diferentes niveles de gobierno de garantizar seguridad a la integración física, la vida y patrimonio familiar.
Formas de lucha y de acción política de la sociedad civil organizada en el imaginario colectivo son interminables, estas se han tipificado metodológicamente por su impacto, cobertura, objetivo, protagonistas, para derivar en acciones directas no violentas. La desobediencia civil es en la práctica una autorepresentación ciudadana ante el vacio de verdaderos representantes populares y ante los abusos del poder de gobiernos autoritarios y anti populares, es una práctica deliberada, pacifica, organizada y consciente de ciudadanos libres.
“La desobediencia civil según Habermas (1984) no busca la ruptura o la reorganización del orden constitucional, sino que ésta se presenta cuando existe un quebranto en la democracia, es decir, cuando se trasgreden los principios sobre los que se fundamenta el Estado de Derecho, cuando no funcionan o no existen contrapesos reales en el ejercicio del poder político y cuando la ley se estructura de forma dolosa, de ahí que la desobediencia civil no tiene como propósito cambiar totalmente el orden político, sino que es un medio que utiliza la sociedad civil articulada, para alterar aquellos aspectos de la legislación que obstaculiza el desarrollo de grupos sociales en situación de marginación, vulnerabilidad y afectados o bien, de toda la sociedad”.
En suma la desobediencia civil se convierte en una alternativa de participación y acción política consciente que reclama la obediencia al principio general jurídico-político que da origen a la legitimidad del poder político, siendo este el bien público, el bien para todos los integrantes de la sociedad, su objetivo mediato es que las normas jurídicas o decisiones del poder gubernamental se frenen o fracasen. Es por tanto un derecho legal y legitimo de los ciudadanos, por lo que no puede ser considerado o tipificado como delito y criminalizarse desde las esferas del poder y sus instituciones.
El derecho a la desobediencia civil ante las arbitrariedades del poder político, en contraste, con matices y connotaciones diversas esta el derecho a la resistencia armada, a la rebelión, derecho a la revolución, a la autodefensa, contra la opresión de las tiranías, situaciones donde la fuerza, violencia y beligerancia aparecen como mecanismos para lograr determinados propósitos.
En este contexto un estallido social producto del gasolinazo y sus agregados , me parece muy lejos de la realidad y del México bronco del siglo XX, en el mejor de los casos habrá que tener presente lo que señala el Artículo 39 constitucional que dice literalmente: “La soberanía nacional reside esencial y originariamente en el pueblo. Todo poder público dimana del pueblo y se instituye para beneficio de éste. El pueblo tiene en todo tiempo el inalienable derecho de alterar o modificar la forma de su gobierno”.
En el 2018, las urnas electorales serán las depositarias de la voluntad popular, decidirán premiar o castigar, lo deseable es desde ahora perfilar un horizonte hacia un Estado de Derecho Democrático, con mecanismos efectivos de participación y controles ciudadanos contra los abusos y arbitrariedades del poder público.
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