A lo largo del proceso electoral de Estados Unidos, Hillary Clinton y Donald Trump se han dado con todo. Hemos presenciado una de las campañas más ‘negras’ de que se tenga memoria. Pero lo anterior, unido a los posicionamientos pintorescos del segundo, ha desenfocado el verdadero sentido de lo que está en juego. No faltan los que festinan el declive de la Potencia norteamericana, no sin cierto tufo de revanchismo del pasado. Eso tampoco dimensiona la magnitud del cambio al que asistimos, en el cual no necesariamente desaparecerá su poderío. Pero las cosas ya no volverán a ser como antes. Así llegamos al 8 de noviembre…
Tratando de explicar una de las características de la geopolítica del siglo XXI, Zbigniew Brzezinski afirmó que con Estados Unidos terminaba la era de los imperios nacionales. A su alrededor, habían aparecido nuevos polos y ‘archipiélagos de poder’ que no estaban en condiciones de disputarle su lugar en el escenario global, pero a los cuales no se les podía ignorar. De tal modo que le restaba decidir si se empeñaba en dominar al mundo o pasaba a liderarlo. Otros anunciaron la aparición del ‘poder blando’ en la geoestrategia…
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“El fin de la teoría globalizadora…”
Detrás de la confrontación entre Hillary Clinton y Donald Trump subyace el fin de toda una época. No se trata sólo de la obsolescencia del sistema estadounidense, sino del agotamiento de los presupuesto de la globalización. Bajo el entendido de que una cosa es el ‘mundo global’, asentado en la conectividad internacional, y otra las teorías que buscan configurarlo de una manera o de otra, lo primero sigue vigente pero lo segundo va quedando atrás…
Lo que llamamos ‘teoría de la globalización’ fue una propuesta que buscaba resolver la lucha bipolar de la Guerra Fría a favor del polo Norteamericano y sus aliados, frente al polo soviético y sus satélites. El principal intelectual que la creó fue precisamente Zbigniew Brzezinski, junto con Samuel Huntington. Reinterpretaron algunas tesis tanto de Mackinder como de Haushofer, considerando el estado de postración en que había quedado Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial. De no actuar pronto, el poder mundial quedaría regido por los soviéticos y Europa necesitaba un pivote emergente (Estados Unidos), que inclinase la balanza en sentido contrario. Suponía la llamada ‘Cuenca Trasatlántica’ y una estrategia trilateral, que ha sido rebasada desde finales del siglo XX…
Aunque por lo general asociamos el triunfo de Estados Unidos ante la URSS con Ronald Reagan, fue Brzezinski el verdadero autor estratégico. Uno de los grandes operadores del gobierno en turno fue Norman Podhoretz pero Reagan conservó a Brzezinski como el principal referente y le consultaba las decisiones presidenciales. Brzezinski es, sin duda, una mente brillante. Muchos quieren hablar con él, pero rehúye la socialización excesiva. Denota cierta soledad. Podhoretz es muy distinto. A los dos los conocí a principios de siglo. De entrada, Norman no me impresionó porque tenía cierto aire de recaudador de impuestos (sin ofender). Pueda pasar inadvertido en una sala hasta que lo oyes hablar. Entonces la cosa cambia y se transforma en un gigante intelectual. Su papel con George Bush opacó lo hecho con Reagan desde las sombras…
“8 de noviembre: los rostros de Jano…”
Esa es la era que estamos dejando atrás, en tanto el mundo global se vuelve cada vez más complejo, dúctil y volátil. Los que centran su acción política contra la globalización, no se percatan que luchan contra ‘molinos de viento’. Actualmente estamos decidiendo cómo será finalmente el siglo XXI. En buena medida se vinculó a la sucesión presidencial norteamericana, que llegó a la recta final en medio de una feroz competencia, que incluyó los vaivenes del FBI sobre la reapertura de la investigación en torno a los correos de la señora y un expediente de Bill Clinton, hasta anunciar que mantenía la postura de no llevarla a juicio. Aunque la disputa por el voto popular se cerró en algunos estados, Hillary no perdió la ventaja en el voto del Colegio Electoral. En el extranjero, desconocer esa doble vertiente del sistema electoral norteamericano llevó a varios altibajos tanto políticos como financieros…
Si lo vemos bien, el marco interpretativo de Donald Trump fue una vuelta al pasado. Al que en parte llevó a Estados Unidos al triunfo en la Guerra Fría. Eso fue lo que estuvo presente en sus llamados al otrora país ‘blanco y protestante’. Tanto que hasta el Ku Klux Klan respondió a su favor. Trump logró prender en los electores gracias a asumir la bandera de los afectados por la globalización. Fue la campaña de los resentimientos, del retorno al dominio mundial norteamericano…
Hillary se decantó claramente por la tesis del liderazgo como la formuló Brzezinski. Pero la campaña cayó en una paradoja: Aventajó a su rival sin ser contundente. Ni ella se despegaba, ni él la alcanzaba o rebasaba. La explicación era lógica: ambos cargaban una fuerte tendencia negativa en el electorado. Él más que ella, pero no por mucho. Esta fue la causa de que se cerrase el forcejeo por el voto popular. No se trató de un asunto menor: era la lucha entre una manifestación tardía de los presupuestos de la globalización que va quedando atrás y la era que está arribando. ¿Cuál sería el papel y futuro de Estados Unidos en el siglo XXI? Esa pregunta quedó para los electores norteamericanos en las urnas. Esto fue lo que no entendieron Peña Nieto y Videgaray al cometer el desatino de invitar a Donald Trump, en los términos conocidos…
“Entre el pasado y el futuro…”
¿Brincar hacia el pasado o encaminarse al futuro? Estados Unidos ya no es más la nación anglosajona y protestante de sus fundadores. Trump vendió una ilusión y el desenlace de los vendedores de ilusiones es el naufragio. Hillary llegó a la cita en las urnas en medio de incógnitas, pero avalada por la mayoría de los sondeos. Sólo una reacción de último momento podría cambiar las tendencias y en la víspera, volvió a despegarse de su contrincante…
En el proceso electoral norteamericano, el pensamiento paradigmático de Brzezinski llegó a su final. Inició el tránsito a la nueva geoestrategia del siglo XXI, mientras surgen otras propuestas para moldear al mundo. Las ‘ciudades globales’ es una de ellas, aunque arrancó desde los años noventa. Era global con teoría de la globalización superada. ¿Se imaginaron un escenario más raro? Brzezinski sí lo hizo. En cierta forma, Trump es todo lo contrario de sus tesis recientes y falta aclarar si Hillary responderá en su totalidad al desafío global y, más específicamente, norteamericano…
Para México, lo más delicado es haber llegado a este momento con un Presidente que parece no tener propuesta ante el momento histórico. La sucesión adelantada liquida toda pretensión de recuperar el tiempo perdido. Apostar por Trump y no por Hillary, lo confirmó. Porque Trump no buscaba aliados, sino subordinados, y Hillary no perdonaría fácilmente la afrenta en medio de una campaña donde las mujeres, los jóvenes, los migrantes y las minorías iban a ser decisivos…
Hasta entonces…
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