Inframundo, lugar donde los muertos van después de la vida. Vida ultraterrena del mundo dual, donde la vida y la muerte son una misma, en el flujo y reflujo del ciclo de la naturaleza. Día de Muertos, culto a la muerte en sí misma.
Honrar a los muertos para rendirles culto y hacerlos presente con la imagen de quienes fueron en vida. Ritual para la Muerte, para ella como Dama y Diosa, y a través de ella, a los difuntos, con el máximo respeto, con un altar que lleva, por un lado, lo que tanto les gustó en vida: recuerdos, acompañados de flores, veladoras, incienso, licor, música, aromas, esencias y objetos personales, y por el otro lado, con admiración, temor e incertidumbre, lo que necesitan para transitar al inframundo.
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Día de Muertos, tiempo donde a la Muerte se le recibe con alegría y colorido para honrar a quienes se han ido, a quienes la Muerte se ha llevado… y que ese día regresan del inframundo para tomar la sustancia de lo que con gran amor se les ofrenda. Porque los muertos tienen vida, y sus espíritus tienen necesidad del sustento tanto como los vivos.
Calaveras en todas sus formas, tamaños, colores y sabores: de azúcar, sal y pan. Catrinas coloridas y sonrientes; alegres y seductoras, porque al fin, el mundo dual continúa en su manifestación: la Muerte conquista, y el Día de Muertos, es conquistada.
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