Vivimos en México en el reino de la mentira y la simulación. Desde el poder preponderantemente, pero en el resto de la pirámide también.
Tomemos la hebra suelta de la madeja de estos días, las sanciones al gobernador René Duarte de Veracruz. Durante meses los medios han documentado una montaña de expedientes delictuosos, abusos, trafiques y escándalos de ese sátrapa. Y cuando aún no apaga un escándalo, le brota otro peor.
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El peso de la percepción social lo condena en su estado, los resultados electorales lo sepultan, su nombre y latrocinios son motivo de escarnio.
Frente a eso, el silencio de la presidencia de la república y la cúpula del PRI. Esa actitud fue la esquela anticipada de su derrota. Y muchos meses después, por fin, brota en el tricolor una tímida muestra de sanción. El hacha que busca su cabeza es de seda y terciopelo: será suspendido en sus derechos como priista. Igual sanción para varios miembros de su pandilla.
En su intimidad y con enormes fortunas, estos sujetos sin duda se ríen de los “castigos” que les anuncian.
Risible dictamen. No se requiere ser un agudo analista para juzgar que las muestras de ingenuidad y cinismo de sus correligionarios son una burla para la sociedad en los tiempos actuales.
Practicar “juicios”, dictar “sanciones” y emprender “castigos ejemplares” como los cocinados en días recientes en el comité nacional del PRI son actitudes ridículas y absurdas. Es insultar al sentido común de la sociedad cuando a un delincuente en potencia se le coloca alfombra roja para “su defensa”.
Y no son rumores ni especulaciones, y menos campañas interesadas las que rodean a este espécimen de la fauna nociva. Es la sucesión interminable de escándalos, con denuncias que tienen nombres, cifras y apellidos. Son informes de la Auditoría Superior de la Federación. Y hay víctimas. Y hay huellas impúdicas en cientos de casos de desvíos, negocios y robos descarados.
Frente a esto, la infantil acción, tardía, lenta y falsaria de la cúpula priista no es otra cosa que una escalera cómplice de salvación. Lo he pronosticado y lo reitero: en este sexenio, este gobernador con piel de roedor no pisará la cárcel.
Pero no se trata de este caso en particular. Si en verdad hubiera un mínimo de espíritu justiciero o asomara siquiera el filo de la ley frente a la corrupción, hay una legión de gobernadores y ex gobernadores, del PRI, PAN, PRD y funcionarios de otros niveles, que tienen negros expedientes iguales o peores que los de Duarte el de Veracruz.
Baste decir que dos ex mandatarios de Tamaulipas perseguidos por la justicia estadunidense están prófugos, y respecto de ellos ni el gobierno federal ni su partido mueven un índice para sancionarlos. Pero ahí están Moreira, Padrés, el otro Duarte, Borge, y dos docenas más de señores feudales en funciones que no son tocados ni por el verbo condenatorio de la ley.
Una severa muralla de tolerancia con olor a complicidad, edificada desde el gobierno federal y todas sus estructuras, les garantiza un tránsito ufano al celestial reino del cinismo ad perpetuam.
Si tuviéramos que creer tan sólo una pisca en los discursos peñanietistas de cada semana, bastaría con esperar que acciones severas y contundentes con la ley en la mano sustituyeran a las palabras.
Una decena de acciones consistentes en juicio y cárcel sin miramientos para estos reyezuelos de huarache, dispararía la imagen que hoy repta del presidente en todo el país.
Una intensa campaña, escandalosa y vacía de nuevo Sistema Nacional Anticorrupción satura los medios. Debieran ahorrarse ese nuevo derroche en nombre de esa falacia. Son los hechos más que las palabras lo que da la talla de los hombres. Y también de las instituciones.
Sería suficiente aplicar la ley, con toda severidad, y que rodaran cabezas de una treintena de traficantes del poder con cargo de gobernadores, para ganar muchos puntos en el paupérrimo porcentaje de credibilidad que tiene el gobierno mexicano dentro y fuera del país.
Sueños guajiros.
Reitero, no veremos un gobernador tras las rejas en este sexenio.
Un mundo de palabrería hueca, falsa y cómplice les garantiza gozar de cabal salud.