El informe presidencial ha dado lugar a diversos debates de cómo debería de ser o bien qué se debe de dar a conocer, a partir del año 1997, cuando el Congreso perdió las mayorías de partido y con las transiciones democráticas que se han dado, se ha abierto la posibilidad de que esta situación verdaderamente se pueda transformar en un verdadero ejercicio de rendición de cuentas horizontal y vertical y que pueda contar con los siguientes elementos:
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Bajo estos supuestos existe la posibilidad de establecer un dialogo en el cual se dé verdaderamente cuenta de qué y cómo se tomaron las decisiones y que nosotros, a través de nuestros representantes, tengamos la oportunidad de cuestionar e indagar más al respecto de lo informado.
Sin embargo, lejos de ello, desde hace ya 6 años, este momento se ha convertido en un mero trámite que además no va acompañado de un encuentro del Presidente con los representantes. ¿Nos hemos puesto a pensar que en ningún momento el Presidente comparece o -más importante, da cuentas ante el propio Congreso? Desde el 2008 con la modificación del artículo 68 constitucional, el Presidente solamente se presenta ante el Congreso dos veces en seis años: el día que toma posesión del cargo y el día que entrega el mismo a un nuevo Presidente electo.
Así mismo, en la reforma que se generó en el 2008, se agregó un párrafo muy importante al artículo 68 que establece que el Congreso tiene la facultad de pedir al Presidente que amplíe la información que presenta en el informe y que los secretarios de Estado y titulares de otras entidades, acudan físicamente a comparecer ante el Pleno de alguna de las Cámaras. Esto lo podríamos entender porque son los encargados directos de cada materia y porque forman parte del mismo poder, cuyo principal es el Presidente, y por ello deben de presentarse ante los representantes de la ciudadanía a dar cuentas de lo realizado en el desarrollo del año, esto lo conocemos comúnmente como la glosa del informe; sin embargo, ¿qué pasa con la glosa? ¿Qué sucede con las comparecencias?, ¿Qué sabemos de la información que ahí se comparte o compromete? Y de los cuestionamientos que se hacen, ¿cómo se resuelven?
Para este año se seguirá la misma situación que se ha venido dando, la Cámara de Diputados recibirá, la tarde del jueves, el cuarto informe de gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, al dar inicio del periodo ordinario de sesiones, en una ceremonia que mantiene el formato que se adoptó donde el Ejecutivo en turno sólo envíe el documento por escrito, así como se ha venido dando en años anteriores, el Ejecutivo sólo envía el documento con el secretario de Gobernación, en este caso Miguel Ángel Osorio Chong, que lo entregará al presidente de la mesa directiva, el panista Javier Bolaños Aguilar, quien será designado en la sesión de instalación de la cámara, el miércoles anterior.
La manera en la que se informa cada vez pudiera quedar más en entredicho: que la presentación no abona a la práctica de la rendición de cuentas. El discurso presidencial debe servir para entender la perspectiva del Presidente y de su equipo de trabajo en la administración pública, sobre las dinámicas en las que está inmerso, en la política, con la sociedad, con las instituciones, pero sobre todo para evaluar su desempeño de manera eficaz. Y así mismo, el Congreso debiera ser responsable en su papel de contrapeso. Debe de existir transparencia y acceso a la información en todo este proceso y la ciudadanía tendría que tener más claro cómo el Gobierno Federal se está desempeñando.
[El autor es licenciado en administración de empresas y especialista en administación pública y planeación estratégica]