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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La bondad de envejecer

Envejecer es parte de la vida y de sus enseñanzas. En la madurez humana el espíritu da fruto.

Ricardo Velázquez Cruz

Es abogado notario y actuario egresado BUAP. Diplomado en Análisis Político Escuela Libre de Ciencias Políticas de Puebla. Especialidad en Derecho Agrario UNAM; Maestría en Derecho Constitucional y en Juicio de Amparo UAT. 

Lunes, Agosto 22, 2016

Es incuestionable que la vejez llega escoltada de dificultades y problemas, como se decía desde tiempos antiguos. Es también indudable el deterioro y desgaste físico que algunos de manera errónea se empeñan en llamar proceso involutivo del desarrollo, cuando se ha probado desde el inicio de la fisiología clásica que la vejez es parte y proceso de la propia evolución y que trae consigo las consecuencias elementales del  proceso de degeneración y corrupción, si el trigo no muere no podrá haber más trigo.

Aunque existieran excepciones, un cuerpo que envejece depende del cuidado que se le ha dado, aunque también influyen factores hereditarios y ambientales. Es evidente que por el simple paso del tiempo el organismo ya no será nunca lo que fue, pues la relación entre el cuerpo y el tiempo es irreversible.

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Es por ello, que a partir de cierta edad realizar alguna acción resulta más difícil, sobre todo el trabajo manual resulta en ocasiones casi irrealizable, aunque no resulte del todo cierto respecto a la actividad intelectual y creativa, pues en muchos casos se torna de calidad insuperable, como puede observarse en Goethe, Picasso, Jünger y muchos otros artistas que durante su último periodo de vida mostraban más luz o mayor dificultad en sus obras.

Esto no quiere decir que estas excepciones contradigan las características de la vejez, a las que se suman necesariamente las pérdidas naturales en la vida, como la partida de los hijos, la muerte de familiares y amigos, la pérdida del trabajo y del papel social, entre otros. Es decir, la conjugación del proceso biológico y del universo psicológico se extiende durante la vida de los seres humanos pues, como anuncia un decir,  el hombre no muere por vejez sino por enfermedad.

Algunos estudiosos mencionan que a simple vista parece tarea sencilla referir las pérdidas que ocurren al llegar la vejez, pero podríamos preguntar ¿cuáles son las ganancias?

Sobre esta cuestión se compara al hombre con la fruta, la cual madura muy lentamente, pero después de manera natural se presenta su estado de pudrición o corrupción. También se agrega que en algunos animales del planeta no existe propiamente ese proceso de maduración; pues el gato, el perro y el chimpancé, entre otros, alcanzan la madurez en función exclusiva de su desarrollo sexual y no existe dato concreto sobre el desarrollo ulterior, además de que esto está en relación directa con la preservación de la especie, sin fin diferente alguno.

El valor de la madre naturaleza no requiere, exige ni pretende nada más de los animales; en cambio, entre los hombres las circunstancias son incomparables ya que su formidable complejo mental y su aparto emocional instituyen en ellos una categoría totalmente trascendental, donde la madurez sexual, que alcanza a edad temprana, nada tiene que ver con la emocional pues ésta la refina a lo largo de la vida. En el hombre, las contingencias que conciernen al crecimiento emocional permanecen aún sin actividad sexual, pues en los sentidos del hombre es donde existe un potencial ilimitado de crecimiento, maduración y desarrollo.

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