La televisión tiene tantos efectos negativos como positivos. Entre estos últimos, se encuentra la inmediatez de la noticia y la posibilidad de incidir en la realidad. Sobre dicha incidencia, recordemos, en la década del 60, los reportajes sobre la guerra de Viet Nam (donde se observaban los cadáveres y ataúdes de norteamericanos) que provocaron masivas protestas populares que presionaron para que Estados Unidos se retirara del país asiático. Un viejo principio del periodismo postula que los hechos son sagrados, las interpretaciones múltiples. ¿A qué viene esto? Simplemente se debe a la triste realidad venezolana contemporánea. ¿Hasta dónde llegará Nicolás Maduro? Nadie lo sabe, pues si bien el conocimiento humano tiene sus límites, la estupidez humana no. Las” maduradas” se multiplican y por ello puede decirse que un nuevo día en la Venezuela de hoy hace sentir nostalgia por el día anterior. Va de mal en peor. Las imágenes sobre la avalancha de mujeres y hombres venezolanos entrando en territorio colombiano para hacer compras de supervivencia llamaron fuertemente mi atención y me hacen reflexionar sobre la experiencia del país hermano. ¿Por qué esas compras desesperadas? Presento dos breves reflexiones al paso.
1. En primer lugar, la estatización de la economía (y recientemente la militarización de la economía). El presidente venezolano ha cerrado cientos de industrias y ha dejado muy pocas en manos del gobierno y como claro está la producción está por los suelos no le queda de otra que distribuir la miseria como si eso fuera a solucionar el problema de fondo. Al no saber legislar para regularizar la libre competencia y que haya producción suficiente -y ya después se puede apoyar a grupos vulnerables o menos favorecidos (como sucede en la mayoría de los países del mundo)- se provoca que la mayoría de la población se pase la mayor parte del tiempo haciendo colas y ya han habido asaltos a centros comerciales. Como por la vía civil no se puede resolver el problema ahora se acude a la vía militar. El fracaso está garantizado. El país más rico del mundo (en cuanto a reservas petroleras) se está convirtiendo en el país más hambriento del mundo. Ironía de ironías. Como sucede con todos los dictadores de este tipo, el hecho de querer distribuir la miseria (que todo el mundo tenga una mini bolsita de productos alimenticios para que “nadie” pase hambre) lo que pretende es aparecer como el gran magnánimo, como el autentico defensor del “pueblo” (esta palabra tan mal utilizada siempre me produce escalofríos).
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Luego, el principal responsable de la miseria popular es presentado por sus simpatizantes tanto internos como externos como si fuera un mesías o salvador. Por supuesto, el gobierno disfraza la crítica realidad venezolana. Para él no existe crisis económica, sino guerra económica organizada por la derecha nacional e internacional (no importa que cada vez sean más los derechistas, quienes piden su destitución). Asimismo, no existe escasez de productos, lo que hay es acaparamiento de productos como resultado de las acciones de los antipatriotas empresarios venezolanos que no están de acuerdo con la revolución (otra palabra con una controvertida historia). La agonía económica del régimen es presentado como un período especial (se sabe cuándo empieza pero nunca cuando termina) que será superado más temprano que tarde. Sin embargo, los anteriores eufemismos políticos (y los que vengan) no podrán ocultar la crítica realidad venezolana.
2)- En segundo lugar, la falta de libertades políticas y civiles. O sea no es sólo la falta de libertades políticas que impide la libre circulación de las ideas, sino también la falta de libertades para que se expanda la economía. Comparto la idea de los que piensan que la libertad no resuelve todos los problemas de una sociedad, pero sin autentica libertad todo lo demás no sirve. Luego, el cacareado “SOCIALISMO DEL SIGLO XXI” (Venezuela era el exponente principal) resultó una verdadera farsa. Se intentó crear un tipo de tren “nuevo” pero que marchaba sobre carriles viejos. La estatización de la economía combinada con la falta de las libertades públicas (en esencia, lo mismo que sucedió con el socialismo de la Europa del este del siglo XX) no lleva a buen puerto. Lamentablemente, la “experiencia bolivariana” (pobre Bolívar, cuántas injusticias se cometen en su nombre) es un ejemplo insuperable de cómo no deben hacerse las cosas. Resulta evidente que el mundo requiere de cambios (tanto en su organización política como económica) ya que existe una generalizada insatisfacción mundial. Pero no podemos tomar el tren en la dirección equivocada: que vaya hacia el pasado y no hacia el futuro. Un mundo nuevo requiere ideas nuevas.