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OPINIÓN

Cuando ves televisión y te resistes a creer lo que estás mirando. (De Maduro y sus maduradas)

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Domingo, Julio 17, 2016

La televisión tiene tantos efectos negativos  como positivos.   Entre estos últimos, se encuentra la inmediatez de la noticia y la posibilidad de incidir en la realidad.  Sobre dicha incidencia,  recordemos,  en la década del 60,  los  reportajes sobre la guerra  de Viet Nam (donde se observaban los  cadáveres y ataúdes  de norteamericanos) que provocaron masivas protestas populares que presionaron para que  Estados Unidos se retirara del país asiático.     Un viejo principio del periodismo postula que los hechos son sagrados, las interpretaciones múltiples. ¿A qué viene esto? Simplemente se debe a la  triste realidad venezolana contemporánea.  ¿Hasta dónde llegará Nicolás Maduro? Nadie lo sabe, pues si bien el conocimiento humano tiene sus límites, la estupidez humana no. Las” maduradas” se multiplican  y por ello  puede decirse que un nuevo día en la Venezuela de hoy hace sentir nostalgia por el día anterior.  Va de mal en peor. Las imágenes  sobre la avalancha de mujeres y hombres venezolanos  entrando en territorio colombiano para hacer compras de supervivencia  llamaron  fuertemente mi atención y me hacen reflexionar sobre la experiencia del país hermano. ¿Por qué esas compras desesperadas?  Presento dos breves  reflexiones al paso.

1. En primer lugar,  la estatización de la economía (y  recientemente  la militarización de la economía).  El presidente venezolano ha cerrado cientos de industrias y ha dejado muy pocas  en manos del gobierno y como claro está la producción está por los suelos no le queda de otra  que distribuir la miseria como si eso fuera a solucionar el problema de fondo. Al no saber legislar para regularizar la libre competencia y que haya producción suficiente -y ya después se  puede  apoyar a grupos vulnerables o menos favorecidos (como sucede  en la mayoría de  los países del mundo)- se provoca   que la mayoría de la población se pase la mayor parte del  tiempo haciendo colas y ya han habido asaltos a centros comerciales. Como por la vía civil no se puede resolver el problema ahora se acude a la vía militar.  El fracaso está garantizado.  El país más rico del mundo (en cuanto a reservas petroleras) se está convirtiendo en el país más hambriento del mundo. Ironía de ironías. Como sucede con todos los dictadores de este tipo,  el hecho de querer  distribuir la miseria (que todo el mundo tenga una mini bolsita de productos alimenticios para que “nadie” pase hambre) lo  que pretende es  aparecer  como el gran magnánimo, como el autentico defensor del “pueblo” (esta palabra tan mal utilizada siempre me produce escalofríos).

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Luego, el principal responsable de la miseria popular es presentado por sus simpatizantes tanto internos como externos como si fuera un  mesías o salvador.  Por supuesto, el gobierno disfraza la crítica realidad venezolana. Para él no existe crisis económica, sino guerra económica organizada por la derecha nacional e internacional (no importa que cada vez sean más los derechistas, quienes piden su destitución). Asimismo, no existe escasez de productos, lo que hay es acaparamiento de productos  como resultado de las acciones de los  antipatriotas empresarios venezolanos que no están de acuerdo con la revolución (otra palabra con una controvertida historia).  La agonía  económica del régimen es presentado como un período especial (se sabe cuándo empieza pero nunca cuando termina)  que será superado más temprano que tarde. Sin embargo, los anteriores  eufemismos políticos (y los que vengan) no podrán ocultar la crítica realidad venezolana. 

2)- En segundo lugar, la falta de libertades políticas y civiles. O sea no es sólo la falta de libertades políticas que impide la libre circulación de las ideas, sino también la falta de libertades para que se expanda la economía. Comparto la idea de los que piensan que la libertad no resuelve todos los problemas de una sociedad, pero sin autentica  libertad todo lo demás no sirve. Luego,  el cacareado  “SOCIALISMO DEL SIGLO  XXI”  (Venezuela era el exponente principal)  resultó una verdadera farsa. Se intentó crear un tipo de  tren “nuevo”  pero que marchaba sobre carriles viejos.  La estatización de la economía combinada con la falta de las libertades públicas (en esencia, lo  mismo que sucedió con el socialismo de la Europa del este del siglo XX)  no lleva  a  buen puerto. Lamentablemente, la  “experiencia bolivariana” (pobre Bolívar, cuántas injusticias  se cometen en su nombre) es un ejemplo insuperable de cómo no deben hacerse las cosas. Resulta evidente que el mundo  requiere de cambios (tanto en su organización política como económica) ya que existe una  generalizada insatisfacción mundial. Pero no podemos tomar el tren en la dirección equivocada: que vaya hacia el pasado y no hacia el  futuro. Un mundo nuevo requiere ideas nuevas. 

habaneropoblano@gmail.com

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