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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

La Cábala Educativa

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Guadalupe Barradas Guevara

Doctora en Educación y  Maestra en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana Puebla, y Especialista en la Enseñanza de Educación Moral y Ética por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, docente de licenciatura y postgrado. Ha sido investigadora, en concordancia, de la UIA y la REDUVAL.  Autora y coautora de artículos indexados: “El maestro es un agente moral”; “Calidad educativa: Mito o Realidad”; “Valores Profesionales en la Formación Universitaria”, entre otros.

Miércoles, Junio 22, 2016

Estimados lectores, hemos llegado al artículo número 50 el cual no ha sido ni fácil, así como tampoco un largo periodo de creación. Este número en la Cábala (entendida por el diccionario de la RAE, como la interpretación mística y alegórica del Antiguo Testamento), es representado por la letra “Nun”, el cual, de acuerdo a los masones, hace referencia a las cincuenta preguntas que Job le planteó a Dios acerca de la naturaleza de la Creación y de los cincuenta portales del entendimiento.

Partiendo de lo anterior y dado a la relación del número con la conjetura, la magia e incluso con el ámbito supersticioso de la vida educativa, deberíamos, sin ser irrespetuosos, tratar de ver a la educación desde un plano místico y religioso, por el cual se nos llevara a realizar cincuenta cuestionamientos acerca de la naturaleza del hombre educado y de los cincuenta portales del entendimiento que nos puedan acercar a la trascendencia interior de las personas.

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Siete veces siete hacen referencia a los cuarenta y nueve atributos de nuestro intelecto, a nuestras emociones, nuestro comportamiento y el control de nuestros pensamientos, acercándonos al grado máximo de la trascendencia interior, la cual es difícil de alcanzar.

Aunque, sin tratar de ser pesimista o dar una mirada nostálgica a la educación, tengamos presentes que, como docentes, siempre estamos realizándonos diferentes cuestionamientos que nos permitan vencer los obstáculos que se interpongan en nuestra práctica educativa para formar a nuestros alumnos. Porque, ¿cuántas veces no hemos tenido un sentimiento de impotencia cuando nos tocan alumnos que no quieren estudiar?, ¿cuántas veces no hemos sentido que los esfuerzos realizados no han valido la pena, porque por más que nos esforcemos no podemos contagiar o motivar a los alumnos en su desarrollo integral? Pero sobre todo, ¿cuántas veces no hemos sentido que la educación ha estado fracasando en la construcción de una persona buena, racional, libre, consciente y humana? Sin embargo, este sentimiento de impotencia es el síntoma de una realidad que nos apremia, correspondiendo, en gran medida, a un desarrollo económico, tecnológico y político que conduce a un cambio de valores culturales, lo cual anula o desorienta el objetivo central de la educación. Es decir, mientras las sociedades apuntan a la mejora de la economía y el desarrollo tecnológico, nosotros seguimos repitiendo el mismo discurso desde antes de Cristo: Que el hombre sea bueno.

Partiendo de lo anterior, para los docentes, lo más fácil sería no hacer nada y aceptar que la educación ha tomado un rumbo hacia el Triángulo de las Bermudas del cual es difícil escapar, llevándonos a la pérdida del propio hombre, del propio ser, de uno mismo. Pero, si en lugar de ser pasivos,  indiferentes y apáticos comenzamos a ser como Job y preguntamos a un ser supremo: ¿Sabes por qué soy maestro? ¿Sabes por qué educo? ¿Me puedes decir qué camino tomar o hacia dónde ir? ¿Sabes cómo debo enseñar a mis alumnos? ¿Cómo puedo contagiarlos o asombrarlos?.... hasta llegar a cincuenta preguntas, para que quizás tengamos una respuesta para cada una de ellas o bien una para todas que nos permitan ver la magia del poder educar para transformar la mente y contagiar el corazón de nuestros alumnos.

Para finalizar, el número 50 quizás pueda ser considerado como un número mágico, como un número trascendente que lleva a la elevación del alma hacia la perfección, o simplemente entendido como el número de alumnos que tenemos por grupo y a quienes debemos enseñar. Pero en este caso, caro lector, representan cincuenta reflexiones que hasta el momento no se han, del todo, podido aclarar, porque si de algo estoy segura es, de que entre más estudio más preguntas emergen y por lo tanto, menos respuestas tengo.

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