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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Hernández Haddad en la Universidad Obrera

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Atilio Peralta Merino

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Premio Nacional de Periodismo “Ricardo Flores Magón” en la categoría de Artículo de Fondo. Compañero editorial de Pedro Ángel Palou; y colaborador cercano de José Ángel Conchello y del constitucionalista Elisur Arteaga Nava.

Viernes, Junio 17, 2016

Los directivos de la  Universidad Obrera de México “Vicente Lombardo Toledano”,  organizaron  un ciclo de conferencias  por demás  interesantes   con motivo del  aniversario número ochenta de la referida institución,  corriendo a cargo de don Humberto Hernández Haddad  la encomienda de cerrar el ciclo en cuestión;  ocasión  en la que  expondría, con la elocuencia que le ha caracterizado  a lo largo de su vida pública,  una disertación digna de encomio  relativa  a la grave crisis  institucional de Derechos Humanos que hoy por hoy aqueja a la sociedad mexicana,  exhibiendo por lo demás  el cuadro terrible de déficit institucional que padecemos.

 Llama la atención la curiosa coincidencia de  que  la reflexión en cuestión  hubiese sido expuesta a unas cuantas horas de entrar en vigor el denominado “nuevo sistema de justicia penal”, en el que la oralidad se convertirá en eje central de las cusas criminales seguidas ante los tribunales del país.

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En su carácter de representante de la Organización de las Naciones Unidas, el ex canciller argentino,  Rafael Bielsa, promovería  la entronización de la oralidad en la justicia penal en Guatemala como consecuencia de las “Acuerdos de Paz” con la Guerrilla en el año de 1996,  cuya implementación, por lo demás,  fracasaría estrepitosamente, a grado tal de que la propia ONU  designaría   una comisión especial que afrontara la crisis sistémica de seguridad pública e impunidad institucional padecida en la nación  “Quiché”, comisión presida por el otrora Juez de la Audiencia de Madrid,  Carlos Castresana,  y que  culminaría promoviendo el impeachment  del presidente en funciones por corrupción para  que, finalmente, los comicios  entronizaran  a un “payaso” en la jefatura del estado.

José Becerra Bautista,  prominente procesalista mexicano y abuelo de mi amigo el notario Luis de Angoitia,   refirió  en una de las obras clásicas de la literatura jurídica mexicana: “El proceso civil en México”, el  rotundo fracaso que  a mediados de siglo vivió la oralidad procesal en el estado de Chihuahua promovida en la ocasión, nada más y nada menos,  que  por otro  gran procesalista y figura emblemática del exilio español en México,  tal y como lo habría sido,  Niceto Alcalá Zamora-; no creo, por lo demás,  que sea necesario destacar  que la criminalidad y litigiosidad, expresiones ambas  de grave crisis social al decir del procesalista italiano  Francesco Carnelutti- , no habría alcanzado en la Chihuhua de mediados del siglo  veinte los niveles alarmantes que aquejan  en los días que corren  a  nuestro país en su  totalidad.

Entronizado el sistema de justicia oral en la América del Sur, exigió multiplicar exponencialmente el número de jueces; en consecuencia, no se puede  invocar al mismo tiempo como “sagrada palabra” a la oralidad judicial y a la estabilidad presupuestal al mismo tiempo;  implementar un sistema  garantista en tanto que la legislación referente al crimen organizado ha conformado una legislación penal paralela  regida  por los  principios del  denominado “Derecho Penal del enemigo” esgrimido por el  jurista Günther Jakobs, nos enfrenta asimismo a una contradicción que fácilmente puede desembocar en un “cuello  de botella”  que puede llegar a  resultar  difícil de enfrentar.

En la exposición vertida por  Humberto Hernández Haddad  en la Universidad Obrera de México,  habría explicado de manera por demás cabal y precisa, cómo la espiral de violencia y grave  déficit de institucionalidad que padecemos reconoce como fecha de inicio  el  señero año de 1994, precisamente,  a raíz de los atentados sufridos en aquel momento  y  respecto de los cuales cabe rememorar las palabras de Virgilio en la “Eneida”:  “tiembla mi alma con sólo recordad esos momentos”; preguntémonos  si acaso el sistema judicial que inauguramos abona a  revertir, o por el contrario, a incrementar,   el  temblor que circunda el alma de la nación desde aquellos  ya lejanos días.

albertoperalta1963@gmail.com

 

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