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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Debemos Renovar el Compromiso del Ser Maestro

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Guadalupe Barradas Guevara

Doctora en Educación y  Maestra en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana Puebla, y Especialista en la Enseñanza de Educación Moral y Ética por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, docente de licenciatura y postgrado. Ha sido investigadora, en concordancia, de la UIA y la REDUVAL.  Autora y coautora de artículos indexados: “El maestro es un agente moral”; “Calidad educativa: Mito o Realidad”; “Valores Profesionales en la Formación Universitaria”, entre otros.

Miércoles, Junio 8, 2016

Con un delicado respeto, pero convencida de mi profesión, este artículo pretende ser una invitación para aquellas y aquellos docentes que se dedican a la educación, a que sean fieles a su vocación originaria y a sus convicciones profesionales, conscientes de que en toda práctica educativa lo que verdaderamente importa es no pretender ser un maestro, sino serlo desde lo más profundo de su ser.

Al hablar del docente, por lo general, nos referimos a aquellas personas que se dedican a enseñar, es decir, aquellas que imparten o comparten conocimientos; quienes guían cariñosamente a sus alumnos a un camino de iluminación, de asombro y valor; quienes a través de su compromiso y preparación constante son ejemplos a seguir; son brújulas que orientan a sus estudiantes a través del diálogo, la crítica, el análisis, la comprensión, la imaginación, a descubrir las respuestas o a cuestionar la vida. Aunque esta caracterización parezca un tanto utópica.

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A partir de la anterior caracterización del docente, podemos observar que, si bien no lo son todos, actualmente en México esta figura de respeto, esta persona consagrada hacia los otros, está en proceso de extinción. Como decía Pablo Latapí en un foro de formación y de actualización de docentes en el 2002:

En este México empobrecido en que la sobrevivencia ha llegado a ser la preocupación fundamental de la mayoría de los habitantes, país de intenso trabajo y escasos salarios, de mermadas oportunidades y sombríos augurios, la profesión de maestro tiene muchos rasgos oscuros:

  • el sueldo escaso y lo que ese sueldo significa de bajo reconocimiento social;
  • las condiciones laborales poco estimulantes, tanto en el medio rural como en el urbano marginado: instalaciones y muebles deteriorados, carencia de apoyos didácticos, presión de muchas obligaciones burocráticas y, a veces, una gran soledad;
  • la pobreza de los alumnos que les dificulta aprender, y con frecuencia la indisciplina, rebeldía o altanería de algunos muchachos en el aula;
  • la ignorancia o indiferencia, a veces, de los padres de familia que no los corrigen ni estimulan;
  • y la competencia descorazonadora a la que se enfrenta el docente, al rivalizar con la “tele”, los videos y las bandas de rock para conquistar el interés de los alumnos, en batallas perdidas de antemano.

Al lado oscuro de la profesión habría que añadir la corrupción en el medio magisterial, pues hay reglas de juego poco edificantes, simulaciones a las que hay que resignarse, abusos que callar aunque molesten y poderes nada éticos con los que hay que transigir.

Y si a eso le agregamos la violencia generada por un grupo de sujetos que toman escuelas, suspenden clases, no respetan a sus alumnos, a sus compañeros ni a la profesión que dicen “tener”, porque lo único que les importa es asegurar su salario y no trabajar, considero que estamos hablando de gentes carentes de valores éticos, de inteligencia y compromiso social, ofendiendo de esta forma tanto a la profesión del ser maestro, como a aquellos profesores que realmente quieren enseñar y aprender, porque han entendido que la docencia no es sólo dar clases para cobrar un salario, sino consagrar sus vidas hacia la construcción de un mundo mejor.

Dicho lo anterior y, viendo este lado oscuro que no tiene nada que ver con la docencia y mucho menos con el ser docente, les invito a que renovemos el compromiso de ser maestro, a estar en un lado luminoso y a trascender las pequeñas miserias de la cotidianidad o de la vida política, que en muchas ocasiones es carente de sentido. Debemos recuperar lo esencial, lo que alguna vez, como dice Latapí, nos atrajo como vocación: Rescatemos el amor a los niños, a las niñas, a los jóvenes y acompañémoslos inteligentemente en su proceso de crecimiento, de desarrollo, de construcción hacia la perfección, para que lleguen a ser hombres y mujeres de bien, siempre en busca de una vida y una sociedad mejor.

Finalmente, recordemos que toda práctica educativa se trata de un proceso dialéctico que busca el crecimiento de los alumnos, porque al momento de que ellos crecen, nosotros crecemos como docentes, al propiciar el aprendizaje del otro, aprendemos también nosotros, pero la intencionalidad básica consiste en generar una intervención planificada, sistemática, significativa y comprometida que busque el desarrollo humano integral del otro, porque de no ser así, entonces estaríamos apostando por el verdadero fracaso de la educación.  

Referencias

Latapí Sarre, P. (2002). Foro de formación y actualización de docentes y su relación con la equidad y la calidad de la educación. Conferencia Inaugural. Observatorio Ciudadano de la Educación y Contracorriente A. C. Disponible en: http://www.icshu.net/downloads/oD/Conferencia%20Latap%C3%AD%201a%20sesi%C3%B3n.pdf

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