El artículo que hoy, corresponde a la nueva especie que ha surgido a través del desarrollo tecnológico del uso de los Smartphone o celulares.
Revisando el libro de “El valor de Educar”, Savater, en el Capítulo 5, comienza diciendo:
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Cada época tiene sus terrores. Suelen ser los fantasmas que se merece, pero frecuentemente no representan con clarividencia los peligros que realmente la amenazan (…)
En cierto sentido, el temor parece bien justificado. Los planes de enseñanza general tienden a reforzar los conocimientos científicos o técnicos a los que se supone una utilidad práctica inmediata, es decir una directa aplicación laboral. La innovación permanente, lo recién descubierto o lo que da paso a la tecnología del futuro gozan del mayor prestigio, mientras que la rememoración del pasado o las grandes teorías especulativas suenan un tanto a pérdida de tiempo (1997, p. 50).
¿Y por qué cito lo anterior? Porque es evidente que el desarrollo tecnológico ha creado una nueva especie “humana” que sin importar edad o sexo: raza o religión; estatus económico e incluso profesión, va deambulando como zombis sin mirar a quienes pasan juntos de ellos, sin ver por dónde caminan e incluso sin prestar atención a las personas con las que van; Siendo el nuevo terror de nuestra época.
Como bien sabemos, el lenguaje siempre va detrás de la vida, así como, del desarrollo científico-tecnológico y, por lo tanto es necesario crear nuevas palabras para situaciones nuevas y un escenario novedoso es el uso adictivo del smartphone o teléfono inteligente, el cual se ha convertido en un órgano externo de ciertos seres humanos; es como un cerebro externo, un exocerebro o un exoencéfalo que va adherido a una de las manos del nuevo mutante.
Pero, ¿por qué utilizar el término de “Exocerebro o “Exoencéfalo” ”? Pues, porque el Exo corresponde a un elemento prefijal de origen griego que significa “fuera” y el “cerebro” corresponde a la parte superior y más voluminosa del encéfalo, la cual se ocupa tanto de las funciones cognitivas y emotivas, así como del control de las actividades vitales de las personas. Y, por lo tanto el “Exocerebro o “Exoencéfalo”, sean entendidos como “cerebro externo”, que estos nuevos mutantes utilizan para transitar por toda la ciudad y sin el uso del Smartphone estarían completamente nulificados. Creando por consiguiente la nueva Ciencia de la Exoencefalogía que trataría de dar respuesta a estos nuevos fenómenos.
De igual forma, me atrevo a mencionar que el hombre ha olvidado que la tecnología debe ser utilizada para facilitar su vida y no al revés, los cuales viven para servir a la tecnología, en función de los intereses económicos de las empresas globales.
Si bien es cierto, que los teléfonos celulares fueron creados para que las personas estuvieran en continua comunicación, esto ha fracasado, ya que esta invasión de “exocerebros”, ha propiciado una vida deshumanizada; una vida llena de individualismo; de superficialidad y de desintegración de la vida comunitaria.
¿Cuántos “exocerebros” no vemos deambulando con audífonos para aislarse del mundo real?, e incluso ¿mandando mensajes o whatsapps mientras manejan, provocando accidentes o matando a personas, porque su “exoencéfalo”, rige su voluntad, sus movimientos y sus necesidades vitales? Puesto que, a estos entes los encontramos todos los días, en todas partes, en todos momentos de la vida cotidiana: En lo familiar, lo social, profesional, en la escuela e incluso en lo amoroso, siempre en espera de que éste suene o vibre para poder saber qué hacer, cómo actuar e incluso qué “pensar”. Y, ¿si les quitáramos sus exocerebros, qué harían?, ¿volverían a mirar a los otros?, ¿dialogarían?, ¿se reirían?, ¿serían ellos mismos?
Querido lector, espero que con este artículo no hiera su forma de sentir. Pero, recordemos que en toda cultura, el hombre debe ser educado para vivir en sociedad, en humanidad, desarrollando la inteligencia, las emociones y la racionalidad, porque como bien apunta Savater: “no hay humanidades sin respeto racional, sin preferencia por lo racional, sin fundamentación racional a través de la controversia de lo que debe ser respetado y preferido” (1997, p. 58). Pero si seguimos apostando por la tecnología, y permitimos que nuestros ideales, nuestras emociones y nuestros pensamientos sean controlados por las modas tecnológicas, estamos condenados a perder nuestro ser y sobre todo nuestra capacidad para decidir racionalmente.
Referencia
Savater, F. (1997). El valor de educar. Barcelona, España: Editorial Ariel. S. A.