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OPINIÓN

Al Maestro con Cariño

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Guadalupe Barradas Guevara

Doctora en Educación y  Maestra en Investigación Educativa por la Universidad Iberoamericana Puebla, y Especialista en la Enseñanza de Educación Moral y Ética por la Universidad Complutense de Madrid. Actualmente, docente de licenciatura y postgrado. Ha sido investigadora, en concordancia, de la UIA y la REDUVAL.  Autora y coautora de artículos indexados: “El maestro es un agente moral”; “Calidad educativa: Mito o Realidad”; “Valores Profesionales en la Formación Universitaria”, entre otros.

Miércoles, Mayo 18, 2016

El título que hoy se merece no es acerca de la película “To Sir, with Love”, que en Latinoamérica fue traducida como “Al Maestro con Cariño”, acerca de un Ingeniero en Comunicación llamado Mark Thackeray, quien al no tener trabajo decide aceptar ser docente en una escuela de Londres, la cual estaba integrada por alumnos problemáticos.

Por el contrario, este artículo pretende ser un tipo de alabanza y de reconocimiento para aquellos docentes que hasta ahora han sabido llevar con orgullo y ejemplo su profesión. Maestros con verdadera vocación, entrega y responsabilidad; Maestros facilitadores, guías o provocadores de vivencias reales, de valores, de conocimientos, de esperanzas y de sueños; Maestros que actúan desde un horizonte lleno de significados, desde un encuentro con el otro, desde un mirar hacia el otro, dándose hacia el otro, porque sin el otro, el docente es un ser incompleto, un ser sin significado y por lo tanto un ser sin ideal de vida.

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Ante lo dicho, Mèlich; Palou; Poch y Fons (2002, pp. 62-72) nos describen algunas cualidades de la tarea docente:

  • El afecto y la ternura: una persona que actúa con tacto, entendido éste, como la actitud de interesarse por lo que le importa a sus alumnos. Un perfil de maestro que basa su manera de enseñar en el afecto y el cariño, además de dominar la materia que imparte y las estrategias de enseñanza-aprendizaje.
  • Tener tiempo, no ir con prisas: el tiempo para el otro. El organizar nuestro tiempo en función del otro. Estar disponible para el otro.
  • Profesión y vocación: trabajo y disfruto. Sólo puede educar el que ama y el que cada día se prepara para ser mejor.
  • El silencio acogedor: nadie escucha si no quiere, y nadie puede escuchar por otro. Es el aprender a escuchar, aprender a callar, aprender a mirar, nuevos retos pedagógicos.
  • El compromiso: entre decir y hacer hay poco trecho. Al asumir compromisos los educadores deben ser coherentes con ellos porque de otra forma entonces los alumnos acabarán desorientados.
  • Educar para la discrepancia y la imaginación: la construcción de la utopía. Educar más allá de la simple instrucción para fomentar el desarrollo personal de cada uno de los alumnos.
  • Tener en cuenta al otro más que mandar: poder no es sinónimo de autoridad. El imponer no lleva a nada, el confiar abre posibilidades para que los alumnos capten y valoren y puedan manifestarse responsablemente en el mundo.
  • Aunque estos aspectos no sean todos para educar, porque el acto educativo es complejo, son parte importante y punto de partida para hacerlo. Como se puede observar, la educación es fundamentalmente normativa y está comprometida con unos valores éticos y si el maestro es el que construye el conocimiento en el aula, entonces éste debe ser un verdadero maestro de vocación y de profesión, porque al ser de vocación ama lo que hace y disfruta con ello, y al ser de profesión sabe lo que hace y si no, trata continuamente de estar preparándose para lo inesperado.

    Y porque la docencia es un acto de amor y de fe, como dice Hansen, “un maestro debe ser ante todo, todo corazón, es decir, dedicar corazón y mente a una tarea en lugar de llevarla a cabo mientras se piensa en otra cosa”. Un maestro para educar adecuadamente debe ser una persona madura y educada, debe ser alguien que tenga las siguientes cualidades: franqueza, simplicidad, espontaneidad, inocencia, apertura de miras, generosidad, integridad de objetivos, responsabilidad y seriedad. Esta persona puede actuar en el mundo y no sólo dejarse llevar. Ello implica que, además de pensar y juzgar, también pueda conectar o combinar el pensamiento y el juicio en su conducta real, ofreciendo así, con estos elementos, una sensibilidad moral que lleva al individuo hacia (y no fuera de) la complejidad moral y social de habitar en una comunidad original con otras personas, lo cual ayuda a mantener al profesor adscrito a la dinámica estimulante de la enseñanza y el aprendizaje (Hansen, 2001, pp. 71 y 79).

    Y para finalizar, como un reconocimiento a los verdaderos Maestros, aunque trate de ser un tanto evocativa del conjunto de creencias, convicciones y compromisos que mueven mi ser y sentir docente, sin pretender establecer un modelo de maestro, como tampoco ofrecer una guía para resolver problemas del proceso educativo. Y, aunque lo parezca, no pretendo invitar al sueño de la utopía, sino a la acción diurna. Lo que sigue es una invitación a la reflexión, a una reflexión que por años se ha realizado, y que en la mayor parte de ocasiones nos ha dejado con más preguntas que con respuestas. Por lo que aquí les ofrezco un posible Credo del Ser Maestro:

    • Saber enseñar con afecto y cariño.
    • Vivir la experiencia del encuentro con el “otro” que me enseña y del que aprendo.
    • Ver la luz de la vida y la esperanza en los ojos de mis alumnos y de mis compañeros.
    • Regalar una sonrisa y entender que el humor es un amor sin h.
    • Entender que ser profesor es dejar de ser profesor y aprender de mis alumnos.
    • Descubrir que en la medida que aprendemos, enseñamos; que en la medida que damos, recibimos; que en la medida en que transformamos y cambiamos el medio concreto, nos transformamos y cambiamos nuestro medio interior.
    • Estar abierto a cultivarse en otras áreas del conocimiento y de los valores.
    • No olvidar el entorno social que nos mueve y motiva para luchar.
    • Asumir riesgos y responder a los retos cotidianos con la mejor actitud posible.
    • Ser profesional es ser cada día mejor.
    • Ser artista, ser poeta, ser creador, ser maestro.
    • Ser directores de orquesta para armonizar la vida en sociedad.
    • Ser brújula y luz, para que los alumnos no se pierdan y confundan su camino hundidos en la desesperanza y la oscuridad.
    • Ser invitado en ciertos momentos privilegiados, para entrar en el alma del alumno, y entenderlos mejor.
    • Ser fuerte y afrontar lo desconocido.
    • Ser humilde para poder aprender de nuestros alumnos.
    • Ser capaz de dialogar, comprender, servir, escuchar para dirigir adecuadamente.
    • Ser renovadores de la esperanza.
    • Ser formador de mentes y de almas para dejar huellas de valor.
    • Ser utopía para cambiar al mundo.

    ¡Muchas felicidades, a los verdaderos Maestros!

    Referencias

    Hansen; D. T. (2002). Explorando el corazón moral de la enseñanza. Idea Universitaria. España.

    Mèlich, J.C.; PALOU, J.; POCH, C. y FONS, M. (2002). Responder del otro. Reflexiones y experiencias para educar en valores éticos. Editorial Síntesis. Barcelona.

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