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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Elecciones, círculos y horizontes

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Abril 18, 2016

De círculos y horizontes

“Fue mi maestra Rosario Castellanos la primera a la que oí hablar de esta cuestión. Ella nos remitió a Jean Paul Sartre y éste nos envió de regreso al subdesarrollo. Me explico: el ejercicio de la libertad se tiene que cumplir en un ámbito que ofrezca diversas opciones. Al escoger ésta o aquélla, el ser humano está tratando de cumplir su condición y su destino, pero, ¿qué ocurre cuando todas las opciones que una realidad ofrece están degradadas?, ¿qué ocurre en un universo en el cual, escojas lo que escojas, desembocarás en la frustración?”

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Germán Dehesa. Las opciones degradadas.

(http://norte-monterrey.vlex.com.mx/vid/german-dehesa-opciones-degradadas-78616853 )

El párrafo que escojo como epígrafe de este artículo es de un artículo del inolvidable maestro Dehesa fechado en noviembre de 2004 pero lo cito porque tristemente aplica perfectamente al proceso electoral que en este 2016, doce años después, estamos iniciando en Puebla y en muchos estados del país.

De hecho este texto que leerás hoy podría estarse refiriendo a casi cualquier proceso electoral de los que hemos vivido en el país en las últimas décadas y ojalá que no sea aplicable como el de Dehesa a la situación de la democracia mexicana en doce o más años por delante.

Porque desde hace mucho tiempo los mexicanos vivimos cada elección con la tensión y la frustración que implica este universo de opciones degradadas al que se refiere el periodista y escritor citando al filósofo existencialista francés Jean Paul Sartre. Si nos tomamos en serio el proceso de deliberación para decidir el sentido de nuestro voto, nos encontramos cada vez más con que la libertad está severamente restringida porque no hay diversidad de opciones para elegir, porque todas las supuestas opciones son en el fondo lo mismo, porque escojamos lo que escojamos sabemos que iremos a desembocar en la desilusión y el incumplimiento de las expectativas de mejora social. Estamos atrapados en el universo de las opciones degradadas.

Los analistas, los opinólogos y las corrientes en las redes sociales atribuyen esta situación a la profunda crisis de la partidocracia y de la clase política en general, de manera que expresan con razón su enojo y sus reclamos a los partidos y los políticos incapaces de reaccionar y transformarse más allá de lo cosmético para volver a presentarse como alternativas reales para el cambio estructural que requiere nuestra patria de manera cada vez más urgente.

Sin embargo, esta situación no es exclusivamente responsabilidad de quienes se dedican a la política y de las instituciones que los agrupan. Si concebimos la democracia como un sistema de organización social y política basado en la voluntad popular y en la tensión dialógica entre las mayorías y las minorías que conforman el complejo mosaico que constituye un país, resulta claro que la responsabilidad de la crisis de este sistema es compartida por todos los actores sociales individuales e institucionales.

Si los ciudadanos ejercemos el voto –con responsabilidad, indiferencia y resignación o enojo- u optamos por abstenernos por el desánimo en que vivimos esta crisis democrática o como forma de protesta frente a la situación imperante pero luego nos sentamos sin hacer mayores cosas a nivel de participación cívica a esperar las siguientes elecciones, resulta prácticamente normal que cada proceso electoral volvamos a quedar encerrados en este círculo vicioso de las opciones degradadas.

Entonces vuelven las quejas porque se presentan a competir el partido históricamente hegemónico con un disfraz de renovación, los partidos de oposición que cuando logran conquistar el poder se comportan con la misma ineptitud, corrupción e impunidad que decían combatir, los partidos franquicia que no son más que negocios familiares, sindicales o de grupos que viven de la política en lugar de vivir para la política y recientemente, candidatos independientes que no son realmente independientes sino que buscan por esta nueva vía las candidaturas que sus partidos les negaron o la revancha contra los grupos internos que les arrebataron el control de su partido.

El círculo no se rompe porque no hacemos nada para romperlo y si las cosas siguen igual, es ingenuo esperar que en la siguiente elección van a llegar opciones reales de cambio.

Si queremos realmente que el artículo de Dehesa del 2004 o este que escribo hoy ya no sean vigentes en el futuro, tendríamos que empezar a romper este círculo vicioso del votar y sentarnos a esperar para construir juntos, desde la sociedad civil, los nuevos partidos y las alternativas realmente independientes y ciudadanas que necesita una democracia fuerte y auténtica.

Para lograrlo es necesario ampliar nuestro horizonte político para pensar realmente en el bien común, en la justicia social, en la libertad de pensamiento, creencias y acción, en la solidaridad, la inclusión, la tolerancia y el respeto que deben imperar en nuestra sociedad independientemente de qué partido o de qué grupo político se adjudique la bandera de estos valores fundamentales para la convivencia social.

¿Pensamos nuestro voto en función de lo que abonará realmente al bien común o más bien en términos de lo que va a fortalecer al partido que se presenta como el garante del bien común? ¿Pensamos nuestro voto teniendo como referente la búsqueda de justicia social para nuestra sociedad o pensando en la forma en que gane más votos el partido o el candidato que se autonombra luchador por la justicia social? ¿Pensamos nuestro voto buscando la libertad efectiva para todos los ciudadanos o tratando de beneficiar al partido o al grupo que va a darnos mayor libertad de acción a nosotros y a los nuestros? ¿Pensamos nuestro voto en función de lo que conviene para ir avanzando aunque sea lentamente hacia una sociedad más incluyente, respetuosa y solidaria o más bien defendiendo a los grupos y partidos o políticos que viven de hacer discursos sobre la inclusión, la tolerancia y el respeto?        

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