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Estados Unidos y su ofensiva hacia Latinoamérica | Oscar Barrera Sánchez

Jueves, 21 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Estados Unidos y su ofensiva hacia Latinoamérica

Oscar Barrera Sánchez

Doctor en Ciencias Sociales y Políticas por la UIA. Comunicador y filósofo por la UNAM y teólogo por la UCLG.

Jueves, Marzo 10, 2016

En los últimos días, un escándalo por corrupción se hizo presente en Brasil. Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente de la nación carioca fue detenido para que declarara por presuntos casos de corrupción ligados a la empresa Petrobras. Este hecho, mirado de manera aislado sólo presenta a un exmandatario en líos con la ley. Sin embargo, cuando se observa este acontecimiento en el contexto latinoamericano, el hecho aislado comienza a tener un tinte que trasciende a Brasil. A la par de estos acontecimientos, en uno de los países con mayor potencial económico en los próximos años en el mundo, es evidente una ofensiva desde el exterior contra todos los gobiernos opositores a la nación históricamente hegemónica en el continente americano: Estados Unidos. La nación norteamericana intenta crear inestabilidad política en Brasil, Bolivia, Ecuador, Venezuela y Argentina y, así, culminar con su ataque contra gobiernos de izquierda, adheridos al “nuevo socialismo” y la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (ALBA) y la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

La ofensiva norteamericana de los Estados Unidos contra gobiernos y gobernantes opositores a su sistema político y económico, así como a las intromisiones, intervencionistas e imperialistas hacia su zona de influencia económica, no es nada nueva. Ya no pensemos en el “América para los americanos de la Doctrina Monroe (1823) o el Destino Manifiesto (1845), este último por el cual místicamente el Espíritu Santo designa a los Estados Unidos como en las guías, los hegemones, del continente, sino en la política norteamericana posterior a los años 40 del siglo XX.

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La Segunda Guerra Mundial mostró al mundo el poder de los Estados Unidos, conseguido tras una política internacional hacia las otras naciones americanas de invasión, explotación y dominación. El poderío militar fue su sello hacia el exterior. La economía de guerra de la que dependía le exigía armar conflictos bélicos o intervenir en ellos, con la finalidad de imponerse y mantener activa su economía interna. Tras el uso de las bombas atómicas en territorio japonés en 1945, Estados Unidos se convertía en el guía económico del capitalismo internacional y el freno del socialismo. Muestra de ellos fueron las guerras en Corea y Vietnam.

Sin embargo, el caso Cuba es emblemático para la nación norteamericana, ya que ésta por su posición geoestratégica nunca había sufrido una verdadera amenaza a su territorio y su población. La presencia soviética en Cuba y la instalación de misiles dirigidos hacia el territorio estadounidense incrementó el descontento del gobierno de Estados Unidos hacia el régimen de Fidel Castro. La nación norteamericana comenzó una ola de ofensivas de baja intensidad contra la vida de Castro Ruz, así como un bloque económico y comercial que mino el intercambio de la isla con su mayor consumidor. Norteamérica mostraba su política exterior no sólo en la conquista del liderazgo americano y mundial, sino contra toda posible amenaza a su hegemonía.

El judío-alemán Henry Kissinger fue la cara más evidente de la ofensiva militar, de espionaje y contrainsurgencia ante un comunismo que avanzaba rápidamente por las tierras latinoamericanas. Tan sólo por mencionar algunos ejemplos, podemos enunciar el auspicio del derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende y el patrocinio del dictador Augusto Pinochet, el asentamiento en el Canal de Panamá en 1974, el auspicio del dictador argentino Jorge Rafael Videla en 1976 y el Plan Cóndor que daba autorización a espías de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de vigilar, detener, interrogar, torturar, desaparecer y asesinar a personas contrarias al pensamiento político o ideológico de Estados Unidos. Dicha política de terrorismo de Estado se llevó a cabo en Chile, Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

Las dictaduras y los gobiernos de derecha, conservadores, fueron el instrumento en que los Estados Unidos mantuvo “en paz” a la región latinoamericana. La caída del bloque socialista, comandado por la Unión Soviética, hizo parecer que la estabilidad forzada sólo sería preventiva. La nueva arma del imperio sería la democracia y, como tal, debía emplearse en Latinoamérica. Quien había producido y financiado las dictaduras, ahora tenía la facultad de eliminarlas. Este proceso aconteció durante la final de la década de los 80 y todo el decenio de los 90.

Sin embargo, movimientos de izquierda comienzan a consolidarse en la región y comienza una ola a formar gobiernos con ideologías diferentes a las norteamericanas. Mientras Estados Unidos se cuidaba la espalda de los nuevos bloques geoeconómicos e intentaba impedir que frenarlos con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), resabios de la Teología de la Liberación, organismos socialistas y sindicalistas, grupos guerrilleros y nuevas agrupaciones de izquierda, emergieron gobiernos de izquierda o hacia el socialismo. Hugo Chávez (Venezuela, 1999-2013), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil, 2003-2010), Néstor Kirchner (Argentina, 2003-2007), Evo Morales (Bolivia, 2005-2020), Manuel Zelaya (Honduras, 2006-2009), Rafael Correa (Ecuador, 2006-2017), Cristina Fernández (Argentina, 2007-2015), Fernando Lugo (2008-2012), Dilma Rousseff (2011) y Nicolás Maduro (2013) fueron quienes, con sus gobiernos hacían frente a la hegemonía norteamericana. La respuesta ha sido abrumadora: Chávez, Kirchner y Lugo muertos por cáncer, mismo al que combatió Lula, posiblemente una forma de asesinar, de forma no evidente, a estos jefes de gobierno a través de la CIA. Asimismo, Estados Unidos ha promovido intentos de remoción de estos presidentes, como el perpetuado contra Zelaya, en 2009 y, un año después, el intento con Correa.

Ahora, la nueva ofensiva contra la región es la que empleo la CIA en Medio Oriente y el norte de África: financiar grupos que, enarbolando la bandera de la democracia (nuevamente) atenten contra gobiernos incómodos para el imperio gringo. Lo vivido en los últimos días por Lula da Silva debe ser entendido en este contexto de inestabilidad que provoca Estados Unidos en la región. Muestra de ello es la creciente oposición a los gobiernos de Rousseff, la pérdida de la mayoría en las cámaras de Maduro, al igual que el descalabro a Morales y el regreso de la derecha a Argentina.

De nueva cuenta, la democracia que conocemos no es más que la mejor arma del imperio, el norteamericano.

Picaporte

Las encuestadoras electorales comenzaron los destapes y con ello la calificación y la descalificación políticas: propaganda. No basta con la patria vendida, un neoliberalismo cada vez más salvaje, errores inaceptables de este gobierno, ahora habrá que soportar una nueva ola de lo mismo: dimes y diretes, mentiras, promesas, tortas, gorras y paraguas. Democracias baratas.  

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