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OPINIÓN

Universidades pertinentes en la sociedad del conocimiento

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Febrero 22, 2016

“La noción de sociedad del conocimiento, lejos de indicar la posibilidad de un avance importante y un desarrollo autónomo de las universidades en cuanto instituciones sociales comprometidas con la vida de sus sociedades y articuladas a poderes directos democráticos, señala lo contrario, esto es, tanto la heteronomía universitaria (cuando la universidad produce conocimientos destinados al aumento de informaciones para el capital financiero, sometiéndose a sus necesidades y a su lógica) como la irrelevancia de la actividad universitaria (cuando sus investigaciones son autónomamente definidas o cuando procuran responder a las demandas sociales y políticas de sus sociedades)”.

Carlos Tünerman y Marilena de Souza.  Desafíos de la Universidad en la Sociedad del Conocimiento. Cinco años después de la Conferencia Mundial sobre Educación Superior.

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(http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001344/134422so.pdf )

Un tema puesto que está cada vez más presente en las instituciones de educación superior y en los espacios y redes que las agrupan es el de la pertinencia social de la universidad. ¿Cómo hacer para construir universidades que realmente respondan a los desafíos del mundo actual y generen proyectos y dinámicas para la transformación social?

Me disculpo por la cita tan extensa que uso como epígrafe del artículo de hoy pero considero que es muy relevante –además de seguir siendo tristemente actual a pesar de haberse escrito en el 2003- para entender el círculo vicioso en el que parece estar atrapada la universidad en este tiempo de la humanidad caracterizado por lo que los analistas coinciden en llamar Sociedad del Conocimiento o tal vez con mayor precisión puede denominarse Sociedad de la Información.

Porque como señalan los autores de este documento, en un mundo en el que se ha puesto la libertad económica como valor supremo y se han construido estructuras que posibilitan el libre flujo de mercancías, en una sociedad que parece haber elevado la libertad al nivel de eje rector de todos los discursos, la universidad no es hoy más libre, no es una institución con mayor autonomía.

Por el contrario, las universidades de hoy están convirtiéndose en instituciones cada vez más heterónomas porque como señala este trabajo, las presiones del mercado ponen a las instituciones de educación superior en la disyuntiva de producir conocimiento destinado “…al aumento de informaciones para el capital financiero, sometiéndose a sus necesidades y a su lógica…” o se convierte en una organización totalmente irrelevante si se mantiene en la línea de que sus investigaciones sean autónomamente definidas y su actividad toda se oriente a responder las demandas sociales y políticas de su entorno.

De este modo, el sistema económico dominante en la Sociedad del Conocimiento hace que la universidad sea irrelevante cuando busca ser socialmente pertinente y sea socialmente impertinente cuando responde a lo que los grupos de poder consideran relevante.

¿Cómo salir de esta encrucijada?

La respuesta no parece sencilla pero resulta indispensable que las universidades y las asociaciones de universidades de sigan ocupando de estudiar a profundidad este fenómeno y en encontrar posturas y orientaciones que apunten a la solución de esta situación dilemática.

Desde mi punto de vista, hasta el momento parecen dominar dos formas erróneas de enfrentar esta situación: la de las universidades que se subordinan a la dinámica del sistema y asumen su heteronomía construyendo discursos justificatorios e incorporando ciertos elementos de maquillaje que las hacen aparentar una supuesta pertinencia social que no se encuentra operando en sus estructuras y en su cultura organizacional o bien la de las de las universidades que se encierran en sus fundamentos filosóficos que consideran inamovibles y juzgan desde ellos a la realidad externa de la sociedad de la información a la que consideran una especie de enemigo al que hay que derrotar manteniéndose impermeables, firmes e inamovibles en sus formulaciones fundantes.

Desde mi punto de vista para avanzar hacia su autonomía y poder construirse como institución socialmente pertinente, la universidad necesita comprometerse en la investigación y la comprensión profunda de la Sociedad del Conocimiento para aprovechar sus enormes ventanas de oportunidad y revertir sus también grandes contradicciones y elementos deshumanizantes. A partir de este conocimiento profundo y desprejuiciado la universidad debe transformarse radicalmente para responder a los desafíos de los tiempos.

Esta transformación radical implica no solamente cambios en los modos de organizarse y actuar sino también y muy especialmente, en su manera de concebirse como institución social comprometida con su sociedad y en sus propias definiciones filosóficas que necesitan resignificarse y reformularse para estar a la altura de los tiempos.

Resulta contradictorio pensar que ante una sociedad que ya no responde a los marcos explicativos en los que surgió y se desarrolló la Universidad, esta institución pueda seguirse definiendo y conceptualizando desde los parámetros de una cultura clasicista que es a-histórica y sostiene la existencia de esencias universales y eternas.

Solamente si son capaces de re-definirse y re-conceptualizarse, de reconstruir sus fundamentos, las universidades podrán avanzar hacia el compromiso con la vida concreta de la sociedad a la que se deben y articularse con los poderes directos democráticos que son los impulsores del dinamismo de humanización que hoy se necesita con urgencia.

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