Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Formación de investigadores para el cambio educativo

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Enero 18, 2016

“Hablamos de teoría cuando sabemos todo pero las cosas no funcionan.

Hablamos de práctica cuando las cosas funcionan pero no sabemos por qué.

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Aquí hemos logrado reunir teoría y práctica: nada funciona y nadie sabe por qué”.

Albert Einstein.

No cabe duda que nos encontramos viviendo en una sociedad en la que las cosas no funcionan como deberían funcionar. En el rubro económico tenemos un país que no crece y que sigue teniendo enormes problemas de pobreza y desigualdad. En lo político vivimos en una especie de estancamiento de una transición democrática que empezó hace ya varias décadas pero no termina de consolidarse y en los últimos tiempos parece más bien mostrar signos de regresión. En el terreno de la convivencia social existe un creciente deterioro de la convivencia entre personas y grupos, una fragmentación entre muchos Méxicos cada vez más separados y divididos y la instalación de la violencia como forma de resolver las diferencias.

En el sistema educativo las cosas no parecen ser distintas. Mientras en el nivel de la política educativa nos encontramos empantanados en el debate sobre una reforma educativa que apenas está centrándose en las bases de una estructura laboral que recupera la rectoría del Estado sobre el sistema y establece el mérito docente como criterio de mejora y aún no llega al planteamiento de un nuevo modelo educativo y de las reformas curriculares y de formación docente necesarias para aspirar a una educación de calidad, en la realidad cotidiana de las aulas el aprendizaje y la formación de nuestras nuevas generaciones de ciudadanos siguen teniendo enormes deficiencias.

Pero el problema nacional no solamente tiene que ver –aunque la mayoría parezca estar viendo solamente esta dimensión- con que las cosas no funcionan en la práctica. Existe también un problema teórico –aunque está palabra tenga hoy connotaciones peyorativas- que tiene que ver con que no entendemos por qué las cosas no funcionan y no hemos encontrado nuevos modelos explicativos de los que deriven líneas viables de transformación de esta realidad decadente.

En efecto: las cosas no funcionan porque no sabemos por qué y no hemos encontrado respuestas a las interrogantes sobre cómo podrían funcionar.

Sin embargo en una sociedad dominada por el pragmatismo y el utilitarismo que piensa solamente en lo particular, concreto e inmediato, el gobierno, los empresarios, los líderes sociales, los medios de comunicación y hasta las universidades parecen obsesionadas con la búsqueda de respuestas prácticas a los problemas urgentes sin caer en la cuenta de la importancia de generar nuevos conocimientos, aproximaciones teóricas distintas, métodos innovadores, paradigmas distintos que nos lleven a nuevas preguntas que orienten procesos de construcción de alternativas de explicación para los problemas de la realidad que puedan a mediano y largo plazo ser la base para el diseño de modelos, políticas públicas y programas concretos que respondan de manera más pertinente a las necesidades sociales.

Porque si seguimos buscando las soluciones desde los mismos esquemas mentales y con los criterios de siempre será imposible resolver de manera eficiente y pertinente los problemas actuales que ya no responden a las realidades y conocimientos del pasado.

Si continuamos encerrados en nuestros marcos conceptuales, aferrados a nuestras visiones y certezas, caeremos fácilmente en el riesgo de ser poseídos por las ideas que poseemos y encerrarnos en discusiones como las que seguimos presenciando día a día en el debate público en las que predomina el calor de las pasiones y las ideologías y está prácticamente ausente la luz de la inteligencia y la verdadera criticidad.

La salida de largo aliento para este laberinto en el que las cosas no funcionan porque no sabemos por qué, se encuentra en la apuesta y la estrategia que priorice la formación de investigadores de alto nivel en todos los campos, aunque la miopía economicista no vea en esto una rentabilidad inmediata.

En el campo educativo es evidente –y el tristemente pobre nivel de debate que se dio en varios espacios del XIII Congreso Nacional de Investigación Educativa en noviembre pasado es una prueba palpable- que el país requiere redoblar esfuerzos en la formación de investigadores educativos serios, sistemáticos y objetivos si aspira a construir un verdadero cambio en la formación de las nuevas generaciones.

Por ello resulta para mí un gran signo de esperanza participar en los seminarios de evaluación de avances de investigación de dos doctorados en Educación de universidades nacionales y de Puebla el viernes pasado y el día de hoy.

Aunque estos esfuerzos no sean tan visibles mediáticamente, constatar el trabajo sistemático, consistente y sólido de dos colectivos de académicos de altísimo nivel en la formación de nuevos investigadores que generen conocimiento sobre el por qué las cosas no funcionan –y por qué algunas sí funcionan y funcionan bien- en nuestro sistema educativo para incidir en la formulación de políticas educativas pertinentes, en la gestión eficaz de instituciones educativas, en la formación docente de calidad y en la transformación de procesos de enseñanza-aprendizaje en todos los niveles educativos es una buena noticia en un contexto nacional que no parece muy alentador.

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