Me parece que hay coincidencia razonable en no regatear el éxito en la recaptura del Chapo Guzmán. El acierto de los cuerpos de seguridad ahora, es directamente proporcional a la condena por la fuga. Eso no debiera discutirse.
Claro que el presidente y su cercano equipo llevaron a extremos festivos el hecho. Pero, admitamos que se vale. El mérito, la medalla de oro, ahí queda. El trofeo está nuevamente tras las rejas.
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Ahora, veamos las cosas con objetividad y naturalidad.
Visto el rompecabezas completo, con la pieza que faltaba, convengamos que estamos otra vez como al principio, como antes de la fuga. Sencillamente, se ha corregido una falla monumental. Hubo complicidades, hay gente en la cárcel y las sanciones deben ir a fondo, máxime ahora que el ideólogo, corruptor y beneficiario ya está preso. Debiera “cantar” y contar todo lo que hace falta saber de la famosa fuga.
Esta parte es una deuda pendiente de la PGR y el gobierno a la opinión pública.
Pero cuando decimos que estamos otra vez como al principio, es porque la revisión del paisaje de antes –de la fuga-, es el mismo de ahora. Están intactas dos poderosas columnas que sostienen el edificio majestuosos de la impunidad mexicana: las autoridades corruptas de los penales, y el patrimonio ramificado multimillonario con el que los narcos lavan sus fortunas.
El escritor Gabriel Zaid publicó un documentado artículo en el que expone, entre otras cosas: El 11 de agosto de 2008, la Secretaría de Seguridad Pública declaró que en las cárceles mexicanas hay dos fugas por semana.
-“¿De qué sirve el combate al crimen –dice Zaid, después de documentar fugas masivas de prisiones de todo el país- si, después que se captura a un delincuente, se fuga y hay que perseguirlo de nuevo?”
“Los penales de alta seguridad son la mismísima inseguridad. Hay tráfico de drogas y armas, asesinatos, motines, golpizas, extorsiones, violaciones y despojos.(…) las cárceles son un factor criminógeno que multiplica la violencia...”
Eso en cuanto a la primera parte. En relación con la segunda, bastaría recordar un detalle, que en su momento fue escandaloso en los Estados Unidos, aunque minimizado por muchos medios mexicanos: las autoridades estadunidenses revelaron un largo documento con nombres de lavadores y prestanombres del Chapo y otros cárteles, incluyendo empresas, razones sociales, giros de las mismas, “negocios-fachada”, socios y sociedades y domicilios de todos ellos en el país.
Fue un auténtico directorio y mapa de la huella del dinero del narco. Comprendía ciudades y estados de gran parte del país; la nomenklatura puesta al día de las redes de operadores y los “empresarios” de cuello blanco.
Eran como las puntas de un gigantesco iceberg. A partir de ello, si en el país hubiera justicia y estado de derecho, se podía seguir una nervadura enorme con peces de todos los calibres, potenciales candidatos para llenar penales enteros.
¿Las consecuencias de todo esto?. Ninguna. La podredumbre tiene innegables amarres en todas las esferas del poder. Ahí se anudan y encadenan los intereses del narco, los privados y los de los poderes públicos. Las fronteras entre estos son indivisibles.
Es de todos sabido que, con el Chapo en prisión, antes de todas sus fugas y después de las mismas, su imperio permaneció intocado. Así sigue ahora y nada asegura que esto cambiará.
El “orden” en las prisiones mexicanas está igual. Son fuentes reproductoras de riqueza, tráfico de todo y delincuencia. Así estaban antes de y después de las fugas del famoso delincuente. Y así están ahora.
Otro botón, tan sólo uno: la notabilísima eficiencia de las fuerzas de seguridad mexicanas para recapturar al Chapo, está ausente en la aprehensión de dos exgobernadores de Tamaulipas, socios de poderosos narcos, perseguidos por la justicia estadunidense –prácticamente prófugos de la ley-, y en el país se pasean como reyes, con una gruesa coraza de protección del poder gubernamental, al grado de presentarse como invitados de honor en el último informe del gobernador de ese estado…!!!
Con elementos informativos como estos, es posible ver con una mejor perspectiva la recaptura del Chapo. Es un hecho cierto, en efecto, y en torno al mismo se levanta una polvareda potencializada artificialmente para ganar imagen y, eventualmente votos.
El país, fatalmente, sigue igual, antes de la fuga y después de la recaptura.