Finalmente se discutió y resolvió en la Primera Sala de la Suprema Corte de Justicia de la Nación el proyecto presentado por el ministro Arturo Zaldívar Lelo de Larrea, referente a la queja de cuatro personas físicas en contra de resoluciones administrativas y judiciales que les prohibían consumir marihuana con fines lúdicos.
Hace dos artículos –posterior a la fecha en que se informó que el proyecto de Zaldívar sería discutido el 28 de octubre (que luego sería aplazado), expuse mis consideraciones al respecto, las cuales apuntan de manera favorable a la legalización del consumo de la marihuana y otras drogas, de sus procesos de producción y de algunos procesos comerciales de las mismas. Sin embargo, esta conclusión es general y no considera los posibles contextos en los que esta discusión pueda presentarse.
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En primer lugar, vale la pena volver a señalar: la marihuana no se ha legalizado. La resolución fue favorable únicamente para los cuatro quejosos. Para que sea jurisprudencia, se necesitan otras cuatro resoluciones en el mismo sentido (favorables).
Como segundo punto, sintetizo lo que escribí en aquel artículo. Uno de los espacios que de acuerdo a la teoría de Arthur Kaufmann (1997) están fuera del Derecho es la conciencia. Es cierto, hay lugares en los que ésta jurídicamente está regulada; sin embargo, ello no es sinónimo de que sea posible su valoración jurídica. En ese texto cité también un artículo de Miguel Carbonell que se sustenta en aportaciones de John Stuart Mill, quien sostiene que mientras las decisiones de los individuos no afecten (dañen) a terceros, no debe ser prohibido tal o cual comportamiento o determinada conducta. En ambos casos, el consumo de marihuana encuadra.
Un tercer aspecto de relevancia es la postura oficial del gobierno mexicano. En primer lugar, la reafirmación del presidente Enrique Peña Nieto en el sentido de encontrarnos frente a una resolución y no ante la legalización del consumo con fines lúdicos o recreativos de la marihuana; en segundo lugar, la disposición mostrada por parte del gobierno a través del secretario de gobernación para debatir sobre este tema. Es ésta la postura que me interesa, la del gobierno. Por una cuestión: el ejercicio republicano. Ojalá que el llamado gubernamental que hizo Miguel Ángel Osorio Chong, resulte en una práctica tal como se comprometió a hacerla: seria.
No obstante, por otro lado, importantes personajes como Eduardo Buscaglia, han mostrado escepticismo y cautela al mostrar algún beneplácito por la decisión de los ministros. Este investigador, autor de un libro que recomiendo titulado “Vacíos de poder en México”, sostiene que la legalización del consumo y también de la comercialización, tiene efectos favorables en países donde los sistemas de justicia (administración e impartición) no están infectados por la corrupción, donde las policías cumplen concretamente con su finalidad y sus funciones –sobra decir: que no estén corrompidas- y, en general, donde los Estados “son fuertes”, en sus palabras. Esto es lo sustancial: que el Estado pueda afrontar la legalización de las drogas, lo que inevitablemente pasa por la erradicación de la corrupción y de la impunidad y por la instauración de un sistema de justicia que funcione correctamente. Las opiniones a favor o en contra son accesorias. Si nos quedamos esperando a que “la sociedad esté preparada” nos vamos a pasar mirando el transcurrir del tiempo y la evolución de los fenómenos sociales. Si el Estado puede ofrecer y garantizar el libre desarrollo personal, la paz, la seguridad jurídica, pública y patrimonial (Isaac Katz tiene interesantes artículos al respecto), la adecuada impartición y administración de justicia, en síntesis, un Estado de Derecho, los postulados de Kaufmann y Stuart pueden practicarse.
Twitter: @JAbrahamRojas