Al principio, en el contexto de la Guerra Fría, arrancaron dos interpretaciones sobre el futuro del mundo que partían de enfoques muy distintos. Una, provenía de los grandes estrategas geopolíticos que forcejeaban por la configuración global. Era la interpretación vinculada al poder. La otra, brotó de profesores que sólo de manera coyuntural guardaban alguna relación con él. Era la visión universitaria. La primera, apostaba por el triunfo inevitable de uno de los dos polos ideológicos en disputa, la izquierda o la derecha, siendo simplistas. La segunda, enfatizaba la confrontación entre el autoritarismo y la tendencia participativa. La oleada tecnológica en las comunicaciones anunciaba el surgimiento de las sociedades complejas y era fácil anticipar que el autoritarismo terminaría aliándose con la entonces naciente tecnocracia…
“La oleada ciudadana…”
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El siglo XX llevó la impronta de un fuerte cuestionamiento al totalitarismo. Uno a uno se fueron desplomando: fascismo, nazismo, estalinismo, maoísmo, en fin. Parecía el feliz cumplimiento del enfoque geopolítico. Francis Fukuyama se apresuró a izar la bandera del triunfo, para luego tener que arriarla con rubor. En la última década del siglo XX se consolidó la participación en un movimiento ciudadano cada vez más fuerte. Hoy el polo de las derechas es cuestionado y poco quedó de aquella añeja izquierda. Cuba se ha visto forzada a un cambio que no termina de cuajar, iniciado desde la era de Fidel cuando le presentaron una propuesta de transición que obviamente rechazó. Raúl fue más receptivo. Quizá en el fondo sabía que no se podría contener mucho tiempo la marea ciudadana que tocaba a las puertas de la isla. En la cúpula del poder se registran contrapunteos: mientras Raúl dice que se irá, siguen las detenciones irregulares…
En Venezuela, el chavismo ha naufragado. Como en Cuba, es evidente que la delicada situación es responsabilidad de los desatinos del poder y no del anhelo ciudadano de una vida mejor y más digna. Poco falta para que Maduro culpe a sus opositores de cualquier indigestión. De cara a las elecciones, las encuestas apuntan a una derrota de los chavistas, pero no será un día de campo. Otra vez las contradicciones: Maduro dice que respetará los resultados, pero se busca manipular y atemorizar a los electores. La ‘Pequeña Venecia’ libra una de sus batallas más memorables y difíciles. Leopoldo López fue condenado de manera vil y cobarde, y desgraciadamente hay muchos como él en prisión por estar en desacuerdo…
El populismo transita del otoño al invierno. En breve, los aliados del chavismo pasarán por el rasero ciudadano y el horizonte es sombrío. Los estertores populistas ponen en riesgo a los vecinos, entre ellos a Colombia. Las decisiones de Maduro han dado margen a la narcoguerrilla, que tiene conexiones con México. Estoy a favor del diálogo pero no de ciertos condicionamientos. Han puesto como precio espacios en el Legislativo. ¿Perdón? En una democracia el derecho a sentarse en una curul se gana en las urnas, no en una negociación a espaldas de la ciudadanía…
“El otro autoritarismo…”
Así como algunos autoritarismos se arrojaron en brazos del populismo para sobrevivir, otros fueron en pos de la tecnocracia. Es el caso de México: salió del populismo y se tornó tecnocrático. Está en una encrucijada: los aspirantes a la silla presidencial oscilan entre el populismo, el autoritarismo y la participación ciudadana. Las encuestas nos revelan que los electores no han decidido si apoyar una opción independiente o darle su confianza a los partidos, sobre todo si la carta a jugar fuese de carácter ciudadano. El gobierno de Peña Nieto intenta una vez más recuperarse ante la opinión pública. Los lances anteriores han fracasado…
El hartazgo ciudadano está desbordado. En América, Europa y en otras latitudes, las izquierdas y derechas se han desdibujado. Ocurrió lo que la geopolítica no contempló: Se creyó que un polo se impondría al otro pero ha surgido el referente ciudadano. La lucha bipolar suponía que el criterio de validación de una ideología se asentaba en ella misma, de tal modo que el triunfo de una era el fracaso de la otra. Por la vía ciudadana estamos llegando a un solución digna para todos: el éxito será de aquellos que abracen las causas ciudadanas; el fracaso, de los que se aferren al pasado. Honestidad y transparencia, rendición de cuentas, combate a la delincuencia y a la impunidad. Nada que ver con la dicotomía La ciudadanía cuestiona a todos por igual…
“La grande Argentina…”
Una de dos: o izquierdas y derechas van a desaparecer como categorías políticas, cosa que a nadie debe preocupar, o su contenido tendrá que ver con la forma de entender y responder a las expectativas ciudadanas. En México, en Venezuela, Argentina y España, igual que en otros países, está en juego la gobernabilidad y la gobernanza. Pronto será la segunda vuelta argentina y las encuestas dan ventaja a Macri. La estrategia del miedo enfrenta un escenario globalizado e inédito. Puede unificar ante un enemigo real o imaginario, pero de fallar conduce a dividir en tu contra. La apertura de Macri a todo aquel que desee sumarse, ha sido acertada. La andanada de ofertas de Scioli confirma lo adverso de la situación. Cristina provocó rupturas al interior del Justicialismo que en lo particular no eran riesgosas, pero sí en un eje de alianzas opositoras. Peronistas que fueron dejados de lado o combatidos, van a favor del cambio. Se había creído que el peronismo estaba agotado, pero derivando hacia el camino ciudadano podrían lograr su viabilidad en el siglo XXI. “Todos somos ciudadanos”, debería ser el lema…
Macri está a punto de encabezar una gran alianza expresada en las urnas. Debe prestar atención a cómo sellar el pacto final para conservar los aliados y el consenso general. De ganar, generará muchas expectativas que luego habrá que cumplir. Es innegable que enclaves justicialistas no están conformes con lo hecho por el gobierno en turno y por ahí podría unificar a las dos argentinas. No debe derrotarlo la victoria…
“España: el pacto ciudadano…”
De aquí a fin de año, España vivirá su etapa más complicada estando en riesgo la unidad. El separatismo plantea un dilema: aceptar la ruptura o usar la fuerza. Pero es equívoco. Existe otra alternativa a considerar. Hay que hacer un pacto entre los partidos y fuerzas favorables a la unidad en dos vertientes, para aislar el asunto del separatismo de las generales que se avecinan. Mas y sus aliados aprovechan la coyuntura centrífuga y centrípeta a la vez. La unidad española es un imán pero la competencia por el poder confronta a los que deben estar unidos ante los intentos de fracturas…
Que me perdonen los simpatizante de Mas, pero se me dificulta pensar en una democracia fuera del marco constitucional. Lo que pretende amenaza a la unidad y a la democracia a la vez. Alguien podría decirme que la mayoría de las independencias se han logrado rompiendo el orden establecido y tendrían razón, excepto en un punto: se trata de casos donde no había democracia y España sí es democrática. O se sigue lo establecido, producto de la transición, o se modifica democráticamente la Constitución. Los separatistas rechazan ambas opciones y no debemos olvidar que las rupturas así planteadas podrían convertirse en el camino a un futuro autoritario…
Ese pacto que aísle los problemas debe ser bajo la impronta ciudadana que reprueba a partidos y gobernantes sin distinción. Sería el reencuentro con la ciudadanía. Hay más: deberá expresarse en Cataluña y no desde el ‘centro’ nacional. De tal modo que implique otro dilema para Mas: o respetas el marco constitucional y la democracia, o te vas. Los catalanes que creen en la unidad de España tienen que expresarse a través de sus legisladores locales para considerar a un nuevo presidente de la Generalitat…
Ante las rupturas no basta la unidad: hay que ser generosos. El criterio de unificación debe ser harmónico, porque España es una realidad polifónica. Un pacto fincado en una alianza transciudadana podría conducir a la renovación de la unidad española…
Hasta entonces…
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