En este aciago año del “Señor” de 2015, conmemoramos los 400 años de la edición de la segunda parte del Quijote, misma que corriera por cuenta de don Juan Cuesta; y, por lo demás, el próximo 23 de abril conmemoremos cuatro siglos del fallecimiento de Miguel de Cervantes Saavedra, la máxima figura de la literatura en lengua castellana, efemérides que, al parecer, habrían pasado desapercibidas casi por completo, tanto para nuestras autoridades como para el mundillo intelectual de nuestros días.
Hace diez años, al cumplirse el aniversario equivalente con motivo de la edición de la primera parte del “Ingenioso Hidalgo” se llevaron a cabo un sinnúmero de actividades conmemorativas, entre otras, la televisión transmitiría una formidable producción que correría a cargo de la “Televisión Española (TVE) con la actuación estelar del finado Fernando Fernán Gómez; no siendo esa por cierto, la primero ocasión en la que Fernán Gómez daría vida al personaje cervantino por antonomasia.
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Décadas atrás, coprotagonizaría con Mario Moreno, la cinta producida es España por Roberto Gavaldón: “Don Quijote cabalga de nuevo”, siendo digno de llamar la atención como el gran ícono cultural que fue "Cantinflas", ensambla a la perfección con el espíritu fársico, depauperado y picaresco que se plasma en los relatos de las aventuras de esa “flor y espejo de la nadante caballería” que fuera el Quijote; realización cinematográfica en la que, por cierto, tanto Carlos Blanco como Gavaldón, habrían hecho un gran alarde, incluso en las licencias a las que se habrían permitido recurrir, de su pleno conocimiento de la obra cervantina y en sí de toda la literatura del denominado " siglo de oro " español.
Al decir de los que realmente saben, la composición idiomática que Miguel de Cervantes plasmara en “El Quijote”, habría servido de pauta a Carlos Andrés Bello para fijar el canon de la gramática castellana, y que, acaso, en su época no habría revestido la corrección de lenguaje como hoy podemos apreciarla, y que, si acaso, Bello hubiese seguido otro como modelo a Garcilaso de la Vega o algún otro escritor hoy apreciaríamos el lenguaje del “Quijote” con el dejo de arcaísmos con el que apreciamos las coplas de Jorge Manrique, ¿quién podría afirmarlo? Después de todo: “ Nuestras vidas son los ríos que van a dar a la mar que es el morir” y nada sabemos ya en nuestros días de lo que se ficireon los infantes de Aragón, ni de tanta invención, como en su oportunidad trujeron.
En otra de las aristas a dilucidarse de la obra Cervantina con motivo de la efemérides en cuestión, dicen los estudiosos que, en la “Galatea”, Cervantes habría desplegado el gran legado neoplatónico del Kabalismo sefardita según se plasmara en el libro del Zohar, o el “resplandor”, cuya autoría es atribuida a Moisés León conocido con el mote emblemático de “el León Hebrero"; Don Marcelino Menéndez y Pelayo, por su parte, se abocaría a destacar de manera particularísima la existencia de edición sefardita de “El Quijote” de Pedro Pineda, a la que se alude en la cinta de Roman Polanski protagonizada por Jony Deep: “Las Nueve puertas”; en lo personal, dicho sea de paso, guardo a propósito la enorme duda acerca de si la “Historia de los heterodoxos españoles” fue en realidad una obra de denuncia de don Marcelino o acaso más bien una apología encubierta, lo cierto es que, en no pocas ocasiones, se ha llegado a especular acerca de si acaso la historia del “Hidalgo manchego”, no habría en realidad sido una mera vulgarización del saber kabalístico.