¡Al verdadero PAN lo hicieron a un lado y hasta le rompieron el hocico! exclamó un militante que decepcionado me dijo "El canibalismo se apoderó del partido".
Su única certeza es que Ricardo Anaya asumirá las riendas de un partido confrontado y dominado por los intereses de la cúpula panista y de sus promotores, quienes colaboraron con el tropiezo de Javier Corral (aunque sobra decir que el senador ni siquiera había logrado integrar a sus representantes de casilla tres días antes de la contienda interna).
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En el pasado los panistas lloraban juntos las derrotas y pugnaban unidos por un cambio político que le brindara a los ciudadanos la esperanza de tener mejores gobernantes, basados en principios y valores del bien ser.
Durante años sus métodos de elección legitimaron a sus candidatos pero generaron resententimientos bajo la premisa lógica de que a nadie le gusta perder, fue entonces que prefirieron simular democracia y cambiaron las reglas.
Acción Nacional replicó en breve tiempo acciones contrarias a la sana competencia; hoy, las afiliaciones masivas y las compra de votos han desprestigiado la marca. Salvo algunas excepciones varios personajes traicionaron sus creencias y adoptaron conductas que distan mucho de la ética política.
Las coaliciones permitieron al panismo modificar los escenarios políticos de las entidades donde no había alternancia, sin embargo esas alianzas a conveniencia han defraudado a quienes consideraron la posibilidad de conseguir gobiernos más abiertos y plurales.
Los pactos incumplidos y el interno de exterminar a la corriente tradicional han provocado agravios imperdonables que se reflejaron también en los resultados del 7 de junio con panistas que no solo dejaron de votar sino prefirieron apoyar a los adversarios.
De cara a los procesos electorales 2016 y 2018, el PAN enfrentará la disyuntiva de qué candidatos postular a la gubernatura y principalmente a su abanderado presidencial. Anaya ha señalado que llega sin "dueños" pero suena difícil de creer cuando solo ha tenido atenciones hacia un solo lado.
Por eso creo que las posibilidades de que el PAN llegue fortalecido a la contienda constitucional podrían ser cada vez menores si la reconciliación no es auténtica y la dirigencia nacional intenta forzar el proceso interno en vez de que fluya con plena libertad.
Tal vez aprovechen la coyuntura que representan los magros resultados de la administración de Peña Nieto a pesar de que fueron los primeros en alinearse al Pacto por México y sus principales activos no se han cansado de aplaudir las acciones federales.
Si el PAN no aprende de sus errores y aplaza el regreso a sus orígenes seguirá siendo un club de amigos tolerante a la corrupción que reparte el poder a su antojo.
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