Todo se concretó apenas en mayo, cuando Alberto Jiménez Merino retomó sus giras por el interior del estado con otro estilo de caminar y un semblante diferente.
No era para menos.
Más artículos del autor
Había escuchado las palabras soñadas por muchos sexenios: tú eres mi gallo.
Y las escuchó por fin de aquél personaje mítico que era capaz de ayudarlo a consolidar su anhelo acariciado desde que era un niño.
Mario Marín le había dicho que sí.
Que sí lo apoyaría para que se convirtiera en el próximo candidato a la "mini gubernatura".
No sólo eso, sino que reforzó su autoestima tantas veces vapuleada por los avatares últimos de un PRI incierto y, a veces, desahuciado... le dijo que era el hombre que el partido necesitaba en estos momentos de resurgimiento, que era el perfil ideal para unir a todos los grupos y liderazgo que habían optado jugar por separado sus propias posibilidades ante el Cen, así cómo recuperar las confianzas en un mañana de una militancia desbalagada que optó por unirse al mesianismo de Moreno Valle y había preferido la traición que la muerte por inanición.
Sólo Alberto Jiménez Merino podía recuperar Casa Puebla.
Eso le dijo Marín.
Y Merino le creyó.
Porque Alberto sabe lo que ha trabajado, cómo se ha esforzado, cómo ha mantenido la calma ante la injusticia y cuánto le ha costado mantenerse leal ante la causa de su partido.
Se lo ha ganado.
No ha pedido nada por lo cual no haya pagado el precio con antelación.
Como nadie ha esperado, se ha conformado, ha tragado sapos... era el momento de ir por lo suyo.
Ya lo esta haciendo.
Por eso Alberto Jiménez Merino lleva otro andar.
Y en sus giras, juntas y comidas privadas ya no lo oculta: voy por la gubernatura... dice con una franca sonrisa en sus labios con sabor a logro.
Por lo eso, Alberto ya se anotó en la lista de suspirantes.
El problema... porque lo hay... es uno... se lo comento en la siguiente entrega.
losconjurados76@hotmail.com