El resultado de la encuesta efectuada por el diario Reforma, entre el 23 y 29 de julio, con la finalidad de conocer los índices de aprobación y desaprobación con que cuenta Enrique Peña Nieto en su desempeño como Presidente de la República, advierte que su nivel de aceptación se desplomó drásticamente.
Esta medición revela que entre abril de 2013 y julio de 2015, la aprobación del trabajo presidencial se desplomó 16%, pasando de 50 a 34%. En cuanto al nivel de desaprobación, éste se incrementó 213%, al pasar de 30 a 64%.
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Partiendo de una escala de 0 a l0, las personas entrevistadas valoraron el trabajo realizado por Peña Nieto con una calificación reprobatoria de 4 puntos 7 décimos. Lo cual significó una disminución 1.6, respecto a la baja calificación obtenida en abril de 2013.
Este descenso adquiere características de mayor severidad en el sondeo realizado entre una masa de líderes de opinión. En abril de 2013 el nivel de aceptación de Peña Nieto, en este segmento poblacional, era del 78% y en julio de 2015 disminuyó estrepitosamente al 15%. Es decir, en el lapso de 23 meses, el índice de aprobación del desempeño del Presidente de la República se derrumbó 63 puntos porcentuales.
La desaprobación de los líderes de opinión encuestados es más severa que la de los ciudadanos común y corrientes. En el mismo período se incrementó exponencialmente al pasar de 20% a 84%. O sea, la desaprobación de Peña Nieto creció exorbitantemente entre los líderes de opinión encuestados 420%.
Este grupo poblacional calificó con 3.3 la actuación gubernamental de Peña Nieto. Calificación que descendió en 3 puntos 8 decimos, respecto a la evaluación de 2013.
En materia de educación, salud, combate a la pobreza, empleo, seguridad pública, política exterior, política interior, economía nacional y corrupción, los ciudadanos comunes que participaron en la encuesta calificaron a la baja los niveles de aprobación de la actuación del Presidente de la República y al alza los indicadores de desaprobación. En el mismo sentido, se manifestaron los líderes de opinión entrevistados. Con la salvedad que fueron más enérgicos al evaluar la forma de gobernar de Enrique Peña Nieto.
Por si el resultado de esa evaluación ciudadana no fuera suficiente para poner en entredicho el trabajo realizado por el titular del Ejecutivo Federal durante la primera mitad de su período gubernamental, el 63% de los encuestados dudan que los viajes oficiales del presidente generen algún beneficio para el país. Viajes donde Peña Nieto ha hecho alarde de su falta de sensibilidad social y política, al derrochar cuantiosos fondos públicos a la vista de millones de mexicanos que carecen de lo elemental para la cotidiana subsistencia de ellos y sus familias.
Es evidente que en la calificación negativa de que fue objeto el Presidente de la República por parte de la sociedad, influyeron determinantemente los actos de corrupción que envuelven a Peña Nieto.
Entre estos actos de corrupción, sobresale la turbia licitación del fallido tren de alta velocidad México-Querétaro. La sospechosa asignación directa de los trabajos de remodelación del hangar presidencial y el asunto de las casas, compradas en condiciones financieras de dudosa honorabilidad comercial y al margen de evidentes conflictos de interés por personas cercanas al Presidente de la República como su esposa Angélica Rivera y el secretario de Hacienda Luis Videgaray. Siendo uno de los personajes estelares en los tres eventos antes referidos, uno de los empresarios de la construcción predilectos de Peña Nieto. El propietario del Grupo Higa, señor Juan Armando Hinojosa Cantú.
En la evaluación presidencial, también influyó el descomunal e infrenable gasto de la Presidencia de la República, que sólo en el primer semestre de este año, alcanzó la cifra de mil 938 millones de pesos. Erogación que representa un incremento de 20.5% en relación al mismo período del año anterior.
De igual forma, debió incidir en la reprobación del trabajo presidencial, los efectos negativos ocasionados en la opinión pública por la excesiva exposición mediática de la figura de Peña Nieto y la intolerable frivolidad de su esposa.
Todos estos son elementos que marcaron y mancharon indeleblemente diversos tramos de los 32 meses que han transcurrido del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto. Por eso, su nivel de aprobación descendió severamente en proporción inversa al crecimiento de su rechazo y reprobación pública.
Pero, encerrado herméticamente en su cápsula de vanidad e engreimiento, el presidente Peña Nieto ni se inmuta ni se acongoja. Supone que su gobierno es fuerte, que está haciendo bien las cosas y que navega viento en popa. Y no en medio de tormentas políticas y nubarrones financieros.
Peña no es político realista. Infla todos los eventos gubernamentales que considera pueden reportarle alguna ventaja política.
La raquítica victoria que obtuvo el PRI en las elecciones del 7 de junio, con vistas a la próxima integración de la LXIII Legislatura, Peña Nieto la vio como la madre de todas sus victorias.
En la ciudad de Bruselas, declaró a la prensa belga que se sentía con un ánimo muy renovado porque el resultado de las elecciones representa para él un respaldo de los mexicanos para su gobierno. Lo que el presidente Peña no dijo a los medios informativos de Bélgica, que de los 83 millones 563 mil 190 de personas registradas en el listado nominal de electores, únicamente el 13.93% del electorado votó por el PRI. ¡Con que poca votación se renueva el decaído ánimo del presidente y con qué escasa votación sirve para que se sienta respaldado por los mexicanos!
Esta peculiar forma de auto lavarse el cerebro no es novedad en Peña Nieto. Cuando fue declarado presidente electo señaló que de conformidad con la decisión mayoritaria de la ciudadanía tendrá la elevada responsabilidad de conducir el gobierno de la República. Con infundado optimismo, el ahora presidente constitucional de México, trató de hacer creer que el 18.25% de 79 millones 492 mil 286 electores, que votaron por él, constituyó la decisión mayoritaria de la ciudadanía que lo convirtió en jefe del poder Ejecutivo Federal.
Mientras el presidente continúe suponiendo alegremente que cuenta con el apoyo de sus gobernados, su índice de aprobación ciudadana disminuye. Sin embargo, aún está a tiempo de rectificar los errores cometidos y reencauzar el desempeño de su quehacer gubernamental. ¿Tendrá capacidad para corregir el camino andado?