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OPINIÓN

Formación de Conciencia Social

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José Enrique Ortiz Rosas

Licenciado en Administración de Empresas, con estudios en Administración Pública y Planeación Estratégica. Experiencia laboral en Gobierno, Iniciativa Privada y Organismos Empresariales.

Martes, Julio 28, 2015

Los humanos construimos nuestra conciencia social en un proceso continuo.
Cotidianamente recibimos información múltiple y el sentimiento concomitante que produce tal información indignación, decepción, indiferencia, simpatía, euforia, alegría, etc.; obviamente la misma sufre un proceso selectivo, prevaleciendo las de nuestros intereses particulares y las de carácter general.

Así, retenemos gran cantidad de información/sentimientos, en estado latente, expectantes, es decir, expectativas que quieren ser satisfechas, como una necesidad de descarga energética de los sentimientos que tenemos como persona. La información puede perderse o diluirse, pero el sentimiento no. Pensemos cuando formamos un concepto cualesquiera: éste es una construcción temporal, de igual forma que la conformación de la conciencia colectiva; cuando debemos explicitar un concepto, olvidamos los detalles informativos que lo generaron, recordando el filtro intelectual/sentimental operado que lo sustenta.

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Cuán difícil nos resulta rememorar cuando se nos exige precisión sobre nuestra formulación conceptual y los hechos que lo eligieron, also así cuando recordamos lo agradable que nos resultó una película o un partido de fútbol, reteniendo prioritariamente el sentimiento placentero, que el detalle del evento. Este estará en nuestra memoria pero necesita ser rastreado/activado, es decir, que el sentimiento acumulado generalmente predomina sobre la información advirtiese una sensación de alivio al descargar las mismas.

Contrariamente, cuando el proceder no es el esperado, frustrándose la satisfacción de las esperanzas latentes, la misma se acumula en nuestra conciencia. Ante la ausencia de reacción pública manifiesta ante tales desencantos, no equivale a la dilución de tales conductas objetables, igualmente se cargan emotivamente. Tal proceso es extensivo tanto para aquellas que no son resaltadas positivamente, o lo son fugazmente, no pasan al olvido, quedan en nuestra mente individual/colectiva, el tiempo imprecisará la información provista, pero los sentimientos frustrantes o positivos se acumulan a los precedentes y así sucesivamente.

Los hombres en general tenemos dos características comunes: ser morales y transaccionales, es decir, necesitamos justificar conceptualmente nuestros actos, cualquiera sea su nivel, y a nivel de colegas, pareja, descendientes, familiares, amistad, etc., y a su vez generar nuestras opciones para darles solución positiva.

Los anhelos de justicia y la lucha contra su falta, como los logros positivos de los humanos, se han desarrollado con los procesos descriptos, y así será en el presente y futuro de nosotros y de la sociedad como tal; la resignación que se nos pretende de repente imponer, que uno asume la situaciones negativas del grado que se requiera y no nos quedamos sin hacer nada, al día de hoy se está quitando esta percepción y al contrario de lo que pudiera pensarse es al día de hoy el lubricante que agita internamente nuestra conciencia social que se dispara en el momento oportuno. Las mejores armas para disparar con que contamos los no poderosos es actuar solidaria y con ideas.

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